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Confesiones y cosas


aw, lil' bird
Odio los lunes, pero esto no es ningún secreto. Los martes, casi los odio. Me caen mal.

Y odio al mes de enero, que es un lunes largo, algo que tampoco es secreto.

Los días que odio y que me caen mal me acuerdan directamente a las cosas que odio y me caen mal. No es cuestión de ser positiva o negativa, no incide mi humor (no mucho) en cosas objetivamente tediosas como una noticia terrible, que lleva a otra noticia terrible, y el clima afectado por noticias que afectan.

Pero esta es una lista de las cosas que no me caen mal, que existen para contrarrestar las cosas que odio, que me caen mal.

La mayoría requiere de tiempo de sobra y algún gramo de frivolidad, que obliga al cerebro a hacer el mínimo de esfuerzo… Pero todas obran como efecto terapéutico, de alguna manera.
Como levantarse de la cama y encender un cigarro en la intemperie cuando no podés dormir.

Amo que se haya acabado enero, y que sea febrero.

Marcar cosas en mi calendario, llenar mi agenda.

Aplicar filtros a fotitos tomadas con el celular, subir y bajar el contraste; arreglar la temperatura y de vez en cuando subirle a la luz/recuperar sobras. Amo jugar con VSCO.

Y juego también con Pinterest. Juego a ver fotos y fotos, y almacenarlas en grupos de fotos; y a veces siento que la energía y la plata que se me iba en revistas, la invierto en Pinterest. Y bajo y subo, y creo que es necesario de vez en cuando para mi sanidad mental.

Pongo una película y escribo en mi diario. Páginas y páginas, o unos cuantos párrafos. Es una buena válvula de escape para sueños confusos de estrés real, por ejemplo.

Oscilo entre ver películas y no ver películas. En compañía, voy al cine y veo películas y veo series. Pero sola, veo películas que ya he visto, porque soy mala para animarme a ver películas nuevas. Acudo a mis DVD’s, en mi cuarto sin Internet.

Ah, y existen mis rituales de belleza, mis noches de spa de bajo presupuesto. Una noche en bata.

Antes me ponía rulos en el cabello, pero hoy ya no tengo pelo.

Y saco cosas del clóset regularmente; mi compulsión de tratar de vivir con menos.

Boto papeles, saco basura. Cada que registro mi escritorio, mis gavetas, mis cuadernos, siempre hay desorden que trato de ordenar.

Enciendo incensio, enciendo una vela. (Espanta los mosquitos y me engaño a que así me concentro mejor.)

Busco cómo extender los momentos de leer en cama con café, cualquier día de la semana. Abro un libro y digo “esto lo voy a leer en una hora”. Con suerte, llego a la página 9.

Poner un podcast en lo que manejás, eso también ayuda.

Creo que todo lo que buscan estos momentos son el sentimiento de fuck off, que nadie te joda, que nada exista.
hatin'


Patricia Trigueros

Un buen día para enfermarse

palabras de antes, hoy

Relato de un martes.

Los martes son un buen día para enfermarte. Nadie nunca ha dicho que “¡qué martes tan fantástico es hoy!”, no.

De tal modo, empezás la semana con un lunes no tan lunes como los lunes de depresión rutinaria estilo el mes de enero, pero –¡ojo!– aún puede venir la gripe asquerosa que te acecha desde la infancia a estropearte la semana.

Qué hacer si te pega una gripe fea un martes como hoy

(Lo recomendado es:)

Desaparecer de la faz de la tierra y no atender a nadie por ninguna vía de comunicación o espacio.

Mantenerse en cuarentena. Los espacios laborales entienden que podés enfermar a tu vecino, que tu enfermedad es una realidad y, la verdad, va a salir caro si te morís.

Gritar en agonía, por una vez que tenés el pretexto.

Descansar y mantenerse en reposo.

Dormir con alguien, para que el virus abandone tu cuerpo y se mude al cuerpo de tu compañero de cama.

Recibir visitas exhaustiva de tu ser querido con té y sorbete.

Qué hago yo cuando me pega una gripe fea como el martes pasado

(Lo no recomendado es:)

Asisto a todo evento que yo juzgue indispensable.

Asistir a todo evento profesional y curtirme debajo del aire acondicionado porque yo aguanto, y no quiero quedar mal. Y estornudo en el prójimo y riego la amenaza del virus. Soy una amenaza.

No expresar la agonía hasta que es demasiado tarde.

Ir a yoga dos veces en un día si posible (para compensar por las cervezas y los cigarros de los días sin yoga).

Dormir sola y soñar con cargar la culpa de no haber leído Crimen y castigo de Dostoievsky, y entender al fin el porqué del fracaso de mi vida.

Reducir el contacto con el ser querido a comunicación digital por cuestiones de logística.

Qué debo hacer si estoy muriendo de gripe

Entro no tan tarde a casa, pero suficientemente tarde como para no tener que lidear con tráfico, y con suficientes síntomas como para hacer el trayecto sin tráfico algo igual de tedioso. Tengo fiebre, tiemblo, tengo mocos y tengo frío y, a la vez, siento que mi carro es un sauna de microbios. Pienso en escribir algo poético que comparen, en forma de metonimia, a las heridas emocionales de terceros con microbios, porque las personas somos contagiosas. Rompo el silencio únicamente para expresar agonía y quejarme sin consuelo. Me resigno a tomar medicinas y consigo fe, que normalmente no existe, que me hace pensar Vaya, hoy sí. Voy a dormir por primera vez en tres días, y voy a resistir las ganas de fumar. Dos tostadas con aguacate es lo más cercano al sorbete que anhelo. El primer paso, después de parquearme en 15 torpes movimiento, es quitarme la cárcel que es mi brasier. Zapatos y jeans-prisión, ¡fuera! En pijamita y abrazada de una taza (la más grande posible) llena de té Sleepy Time, antes de las 9PM. Pongo Netflix por segunda vez en un mes y la elegida es The Big Short y su banda sonora rapera, por tercera vez en un año. Me voy a dormir en cualquier momento.

the face of death



Patricia Trigueros