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Septiembre retrógrado

Septiembre azul y retrógrado


Mercurio ya no está en retrógrado, pero me duele el pecho con estrés y gripe. Ya no es el universo, es culpa mía. Me voy a tomar una mi pastilla homeopática Nervoheel y hoy en la noche tengo cita con Netflix y té.


“¡Es por mercurio! Mercurio retrógrado, te lo juro.” - Alguien sabio en Capital sv


No sé qué significa mercurio retrógrado, pero sé qué se siente.


Se siente como llegar y perder la paciencia porque te dicen 2:30, pero querían decir 3:15 y no, no importa que hayan sido de 7 a 15 kilómetros y 40 minutos desperdiciados. Me regañaron a mí porque esperé 40 minutos.


Se siente como que finalmente estás perdiendo la cordura en un centro comercial, lo que tanto has temido. Me di cuenta que perdí el ticket, y lo busqué en el súper y en el café; y pagué mi ticket perdido, fui con una bolsa de mis compras del súper, y perdí mi bolsa con cosas del súper y encontré el ticket viejo. No estaba en ningún lado la bolsa del súper.


Se siente como tener en promedio 2 o 3 migrañas a la semana, y entregarse al pico del insomnio de las 3 AM que te saca de la cama.


Se siente como una incapacidad de absorber información, poner Ruby Sparks y quedarse dormida, por 5 noches seguidas, hasta terminar de verla.


Se siente como que es imposible coincidir y que tenemos que hacer una lista de lo que tenemos que contarnos, porque nunca logramos vernos; hasta que ya, al fin, después del tráfico.


Se siente a que no estamos hablando de lo mismo, porque las cosas no están claras y nadie usa las mismas palabras para hablar de un mismo concepto.


Se siente como perder una reservación, llegar a un hostal y no poder entrar porque hay una montaña de lodo y, además, un charco “¿y hoy cómo le hacemos?”.


Mercurio retrógrado se siente como que nunca va a acabar.





Patricia Trigueros

Finaldeagostoiniciodeseptiembre

#volcanonews
mi hashtag favorito


Tuve que cambiar mi calendario hace una semana, porque estos meses largas, que no andan con pajas: son 31 día promiscuos que se meten los unos con los otros y no ha terminado agosto cuando ya es septiembre. No ha empezado septiembre, cuando ya está diciembre encima, ¡hola! (Mi calendario es de volcanes, pero esa es otra historia.) Y reconozco en septiembre particularidades de las cuales otros meses son exemptos, pero no sé exactamente que es septiembre, ¿cómo describirlo? ¿qué pasa en septiembre? Quizás si condenso este jueves 1, del mes 9, todos los septiembres que le anteceden, podemos perfilar más y definir qué ondas con septiembre, ¿sí? Sí, septiembre ambivalente que es el principio del fin –y me tiene a tres meses de un punto y final– pero también es el inicio, y hoy o ayer se abren las puertas de los colegios con otro calendario, que se cierran durante el verano imaginario. En septiembre se reinicia y se desciende, por todos lados del mundo. En septiembre, por allí por los 20’s, me he desesperado porque qué cuesta volver a la realidad;llegar a un apartamento y encontrar una nota de él y un desvergue tuyo, salir a la lluvia e inscribir materias. Nadie responde, todos que se mueran, este pueblo es una… Y regresar, poco a poco, acostumbremonos y, de repente, ya es manía estar despierta desde temprano y metiéndole a lo que te pidan en el trabajo y a lo que vos querés, también; en tu tiempo, podés dominar a septiembre. Podes dominar la seducción de las donas y el 2x1 de Mr. Donut, porque ya llevas varios septiembres y a penas es el segundo con tu condición del azúcar. ¿Me desmayo o cedo? Podés dominar impresiones también, y escribir que hay mujeres en El Salvador del mundo. Septiembre que empieza con un taller de narrativa que dura dos años, porque no podemos cortar esa cordón, y seguimos: crecemos, desde septiembre 2014, con un taller que duró un mes que se multiplicó. Ese mismo mes se cerró un círculo, se abrió otro y pasaron varios septiembres sin que se borren las risas de unos septiembres anteriores. Y empiezan correos de talleres y cosas: la FIL de Guadalajara hace tanta bulla en noviembre-diciembre que se escucha desde aquí, desde septiembre, ¡más que en junio o julio! Pero en julio ya hacen cosquillas de turismo literario… Y me llevan ideas cuando veo a una pareja junta, que tan bien se ven juntos y que tanto parecen quererse, y choco en octubre con la realidad: son amigos, no son novios. ¿Entonces ese ideal no existe? Siempre que me restauran la fe en el amor, se me cae. (Aunque supuestamente si a lo que te inscribes es genuinamente lo que querés que sea, no es un error fallar) Pero pasa: hay historias de amor en septiembre y hay rupturas, también: trabajos que terminan, películas que no están en cartelera, y rupturas que traen nuevos proyectos, siempre es ambivalente septiembre, ¿o no? Están las cosas ya empezadas que te persiguen, y las cosas nuevas. No es una cola que arrastras hasta diciembre, es una trenza, que se alimenta de la dualidad de los dos polos de septiembre. (Tranquila, yo puedo.) Tenemos muchos compromisos, pero no sin la libertad de explayarnos en la indulgencia los martes antes de despertar al lado de la responsabilidad el miércoles. También tenemos la libertad de bailar en un muelle de madera, masajear el abdomen con risas y filosofía, hacer desaparecer por completo el Ron Flor de Caña No-sé-cuántos-años, porque el 15 es feriado. Podemos divagar, en septiembre, en planes de posturas preferidas, aterrizándolos en el tiempo que se estira y nos lleva hasta octubre; y estoy segura, segurísima, que siempre hay música nueva en septiembre que viene a coquetear y a jugar con la música vieja, que más te gusta.

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Patricia Trigueros