Mis lugares no existen

El Pasado, Atiquizaya, El Salvador.

Mis lugares favoritos ya no existen, pues el lugar que fue ya no es y nunca será lo que fue, aunque no lo hayan movido del globo terráqueo. Estos pedazos de tierra a lo mejor siguen irrigados por las vidas de otros que, a su vez, prometen cosas que no son. Viven mis recuerdos con esos que la tierra recoge, y yo aunque los viera no me veo allí, ya no; no existe mi Pasado con mi Presente, y otros relatos de divorcio.

No hay lugar favorito como ese hueco en la caja torácica, mi jaula thoracique, que protege a tus pulmones de la contaminación de las ideas, y a tu corazón de la promesa de dolor. En esta cavidad, protegida por chocolate oscuro con sabor a fresas, almacena esos sitios que no compartes, que apenas vives, que nadie nunca te quitará y a lo que nunca regresarás. La nostalgia acalambra a algunos que no conocen la sensación sentimental de llenar ese hueco chocolatoso latoso que le ocultas a la vida real.


La piscina de azulejo azul queda en el patio trasero de una casa, dentro de una colonia, en una capital, de un país. Es una piscina capitalina: modesta, pacha; mojigata y discreta. ¡Las cosas que ha visto, esta piscina...! Sirve para calentar las noches frías, despertar piernas dormidas, y quitar calores. De día o de noche, es mi aliada. Tiene razón siempre. Nunca le hago caso. Me cuesta, pero las cosas que valen la pena nunca son fáciles. Desapareció todo salvo el sentimiento del sol abrazándome hasta convencerme de que Ven, metámonos a tu piscina. 

La esquina superior derecha era mi monopolio. Pasé años soñando despierta con dormir en toda la cama, entera, y nunca en la misma posición. ¿Cómo no aprovechar mi metro y medio de largo (piernas y caderas y torso mediocre, con mis pies flaco talla 37? El reino de mis almohadas y las infinitas posibilidades. ¿Cuándo me di cuenta de mi afición por La Esquina/Mi esquina? ¿Cómo renuncié? ¿Qué vueltas tiene que dar la vida para terminar en la esquina superior izquierda? Debo construir un nuevo reino de almohadas coloridas.

Debo encontrar la robusta construcción de cemento y mar, la casa de una Semana Santa. No volvieron ni los días soleados con surplus familiar, ni tampoco esa casa con su techo/terraza inmenso. De encontrar la dirección exacta, me asomaría al portón viejo de madera. Buscaré en la expresión del guardián es estado de cuentas de las personas que alguna vez estuvimos allí juntas. Jugamos en la grama, llenos de arena; miramos al cielo estrellado, muertos del miedo. Creí que iba a morir en ese sitio que no existe, de tanto ver las palmeras menearse al son del perro que no dejaba de ladrar. Quiero volver y quitarme el miedo, y bailar con las palmeras en mis sábanas llenas de cloro de la piscina. 

Las sábanas llenas de cloro y la habitación bañada en el atardecer del Tamarindo se fueron en el mismo hoyo negro de la edad adulta. Allí, a esa hora, en ese momento de la semana, en ese hotel de playa, fui ignorante y feliz, e ignorante de mi felicidad. Me inventé las reglas de billar, jugué y gané; indicador de que supere el trauma de la gran apología animada Pinocchio. Todavía sé a qué saben las gaseosas de piña, coloradísimas además de dulcísimas (pero el azúcar no se siente cuando le bajás la temperatura hasta donde te alcance el hielo en el mar, ¿verdad?) Comí camarones sin saber qué eran, pero allí estaban los ojotes negros del camarón-langosta. Modelé mi calzoneta con neón noventero, el mar atrás. Perdí la cuenta de cuantas veces me escapé a morir. Perdí el aliento y lo recuperé. Se me hinchaba la panza después de ir y venir de la piscina al mar, del mar a la mesa. Una ducha rigurosa me quitó el olor a mar, pero no el color. Mi piel estaba viva y mi cara, inflamada. Juro que soy más cachetona cuando visito estos lugares que no existen, ese solo que abraza y ama.


El vacío lleno. 



Patricia Trigueros

Películas familiares



familiar:
2. adj. Conocido previamenteSu cara me es muy familiar.


Texto de ayer, hoy:

Hoy es sábado, pero se siente como domingo. Se me habían olvidado los viernes, ¿quién diría? Y desperté privada de sueño y lejos del bienestar zen etc, eso que profesa Goop y permea en todos los Gwyneth-relatos.  Las calles de San Salvador llenas, el tráfico colapsado, nivel “¡Qué barbaridad!”. Ah, chís, si es sábado al medio día. Yo juraba que iba a ser un domingo-sin-nadie-en-la-calle, un domingo con cosquilleos de
quedémonos-viendo-una-peli.

Hay domingos como para ver algo nuevo, nada que ver, extranjero y extraño. Y hay domingos de películas familiares, conocidas.

Pero ese sábado dominguero, tenía muchas ganas de ver una película estilo E.T. the extraterrestrial (1982). Hay días en los que simplemente me dan (muchas) ganas de volver a sentir la emoción de que E.T. está metido de entre las muñecas, o ver cómo se emborracha en la casa por negligencia terrícola. Regresar a los props de esa época, a los Reese's Pieces; qué cabrón este Steven Spielberg y su fórmula perfecta con humor, product placements y también drama. Uno ríe y llora con la historia de un extraterrestre mágico, cuya voz es de la actriz nominada (o galardonada, no sé) Debra Winger (Terms of Endearment (1983), Forget Paris (1995)). Aprendí este dato curioso leyendo la enciclopedia digital de cine Cinemania 96.

Highlight: E.T. sale a por dulces y salvación una tarde de Halloween gringo y, cuando se le atraviesa un cipote vestido de Yoda, nuestro héroe epónimo pela cables* y empieza a gritar “Home! Home! Home!”.

*pelar cables: regionalismo sinónimo de alocarse.

¿Adónde estabas tú cuando salió Jurassic Park?

Otras veces, quiero regresar al Jurassic Park (1993). Hablo de the real Jurassic Park, no los gremlins raros, sous forme de secuelas y remakes, que salieron después. Hablo del amor implícito entre Sam Neill y Laura Dern, el conflicto moderno de un hombre que no quiere niños pero se ve obligado a cuidar de dos niños (sin padres responsables) en una isla de dinosaurios (¿?), en donde (cf Seinfeld) es el villano. Este último presenta obvios característicos de hijo celoso y subestimado, pero dejando al lado su psyche... Men, ¡qué buena película! La musiquita me da escalofríos aún hoy y me transporta a estas escenas clave como la de la cocina, la de la cabra y a estar viéndola sin VHS con mi mamá gritando "¡La Mosca!" cada vez que salía Jeff Goldblum en escena.

Highlight: El rol subestimado de Samuel L. Jackson que vive fumando frente al ordenador diciendo "Hold on to your butts."

Creo que me caería muy bien ver The Goonies. Yo quería ser uno de ellos. Nunca ha habido tan perfecta combinación de realidad y fantasía, con personajes encantadores y de los mejores chistes de traducción en la historia del cine. Mis goonies, aún los quiero con todo y el drama que conlleva ser niños y estrellas de cine. Quiero decir que todo son highlights: la búsqueda del tesoro de Guille el Tuerto (One eyed willie) la dinámica terrorífica de The Fratellis, las historias de Chunk y su amistad con Sloth ("Heyy you guyyyss!")... todo es chivo. Gracias Chris Columbus y Spielberg por esta pequeña joya y el personaje estrella Rosalita, la empleada.

Y otra que era buena era Father of the Bride. Pasa de ser buen a  tanto verla, todos juntos, en la sala familiar o el cuarto de mis papás. Buenísimo el aturdimiento de la familia, la planificación de la boda por Martín Short... exportación de modelos culturales gringos. Los tres actos de la peli son muy divertidos, y la ternura atraviesa toda la película.

Highlight: mi papá lo pronunciaba "fazer of the brais", bien chivo.

En esta misma categoría de películas familiares, está The First Wives Club. No fue hace mucho que la vi en un sofá negro, por primera vez en la vida adulta o en mucho tiempo, con un amigo serbocroata. Él creció en Belgrado y yo en Centroamérica, pero a ambos nos llegaba ver The First Wives Club con nuestra mamá. Y de allí, en una conversación reciente, en la discutimos si yo era la Elise (Goldie Hawn) aunque francamente todas amamos a la Brenda (Bette Middler), descubrimos que nos vemos reflejadas en esas divorciadas. ¿Es la edad, o el haber crecido con ellas? La quiero ver de nuevo ahorita y montar una reinterpretación de "You don't own me". Te amo, Diane Keaton.

Highlight: ¿Qué ondas, Sarah Jessica Parker? Levemente odiosa de manera permanente, es más cerota de lo normal como la segunda esposa de Morty; perfecta en su papel. Mi conflicto preferido: Morty y Brenda, divinos.

Haré mención honorífica a Mrs. Doubtfire, pero acepto que es un poco enfermizo todo el vacil. Ebert lo puso de manera elegante: no es realista, no es viable. Pero tiene sus cositas que vale la pena...

Y abajo: una representación de cómo luzco físicamente los días en lo que me caería bien una peli así como familiar.
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Patricia Trigueros

Sandeces y cagadas

Cagándolas desde 1987

No sé cómo funciona mi cerebro que hace que yo opere de manera a siempre hacer torpezas. Y como sé que pierdo cosas, y que cuando tenía 6 años salí de una tienda con solo un zapato (y nadie se explica qué hice el otro), trato de ponerle mucho cuidado a todo. Aún así, siempre las cago. Quiero recopilar mis sandeces, para ver si me sirve el recordatorio de cosas que no, men, no hay que hacer.

_1_

Mi batería de mi primera compu, Black Beast, se chingó después de un episodio traumático con ron y juguito de colores. Le compré una batería larga duración, que fue difícil de conseguir. Me metí a bodegas y rastrié proveedores para poder darle más vida  Black Beast, mi HP con Windows-Algo que tanto amé.

Dejé la batería en el avión, porque se la quité, pendejié y me bajé sin ella.

_2_
Dejé una billetera (fea) en una sala de cine en el ‘98.

_3_
Perdí un estuche lleno de lapiceros finos, de colores, para escribir cartas a migas amigas; como en el 2000. Adiós, diversión preadolescentes.

_4_
Dejé mis llaves adentro de mi apartamento, justo el día que mi compañero de piso se iba de viaje.

_5_
Hace no mucho perdí un montón de dólares que tenía que entregar.

_6_
En mi pasantía #1, en París, me pagaban mi transporte. Costaba 62 €, por ahí, la tarjeta Navigo. Va, vine y la compré y la usé un día, y la perdí. Tuve que comprar la misma tarjeta, 2 veces. No me reembolsaron 120 €, lo que me costó la torpeza.

_7_
Perdí mi tren en Lyon, en noviembre de 2006. Me quedé sin tener dónde ir, usé el teléfono público para avisarle a mi amiga que vivía lejísimo que llegaría esa noche.

_8_
Me quedé en Las Chinamas varada una vez en 2004, porque mi pasaporte estaba vencido. Esperé como cuatro horas y un policía me invitó a comer bistec encebollado al lado del puente. Ese fue el highlight.

_9_
Cuando me dejó un avión en Miami, por culpa de Air France, el verdadero sufrimiento era haberme puesto un pantalón apretado y andar con la misma camisa antes blanca y ahora gris, sucia, y con una gran resaca de las 6 horas de beber New Castle Brown Ale de la noche anterior.

_10_
Un día pasé 7 horas esperando un avión en Los Angeles, sudando en el área de fumadores, y no logré subirme al avión porque estaba sobrevendido. #RecuerdosdeLAX

_11_
Llegué al aeropuerto una vez, a agarrar un vuelo transatlántico, sin mi pasaporte con VISA americana.

Ese día había hecho todo bien
empaqué dos semanas antes
dejé mis pasaporte dónde no los perdería
me subí al taxi a las 4 AM
no tomé nada
estaba completamente sobria

El sueño americano.


_12_
Una vez anduve en París, a saber por qué, sin acceso a más efectivo que un montón de monedas. Comí carne por primera vez en 6 meses, me dio demencia y me fui a solas a buscar la línea 11 hacia Porte de Lilas, pero no me alcanzaban monedas. Fue el episodio de “Give me coins, give me coins” de mi vida.

_13_
Me regué café encima de una blusa blanca de lino una vez en 2010, justo antes de yo dar una presentación en Grupo Agrisal, de un producto editorial. Traté de disimular el look calle con un suéter azul rey.

_14_
Me quedé a dormir en un motel en Guadalajara, pero yo no sabía que era un Motel. “Debiste haberlo sabido! Se llama Hotel Astur, ¿sí ves? Ass Tour.”

_15_
Pasé como 12 horas en New Orleans una vez, comí en Cochon Butcher y después fui... a un bar de sushi y jazz, a una discoteca con clues, a un antro con soul y techno... 

En algún momento me acordé de que dejé mi tarjeta –débito, Banco Promerica, sin más que mi firma, pero con toda mi plata– tirada en el Cochon Butcher.

_16_
El día de mi última mudanza (01.06.17), no me servían las llaves, estaba afuera del edificio sin poder entrar, y sin cigarros. Fui a comprar y, ah ve, solo está mi tarjeta de débito. Mi NIT, mi DUI, mi tarjeta de crédito, mi efectivo, mi justificación financiera, mi tarjeta de cliente frecuente de Viva Espresso, mis LifeMiles, las fotos tamaño pasaporte añejas de mis seres queridos... 

Había olvidado TODO dentro del mecanismo casi obsoleto de la libreta de ahorros (sin lo cual hacer transacciones en el Banco Agrícola es aún hoy imposible), en el counter de una tienda tipo Dollar City donde compré vasos de 1 dólar.

Ups.

_17_
Perdí mi tren de París a Aix-en-Provence este pasado 13 de abril.
Tuve que pagar mil euros para reponerlo, y llegar dos horas tarde a Aix-en-Provence TGV, sin nadie que me recogiera. Tendría que coger el busito y llegar tarde a mi EVJF.

Me la pasé divino en Tren #2.

10 minuto antes de que el tren llegara a Aix-en-Provence TGV, cerré la compu y la guardé; me levanté y fui a por mi maleta. Estaba lista.
Me bajé, halando mi maletilla de ruedas y mi bolsón con la compu, y ah, hola de nuevo, Aix-en-Provence… ¿adónde cojo el busito?

¿con qué pago el busito?

Ah…

No andaba mi cartera. La dejé en el tren, y el tren se fue a Marsella y llegó sin mi cartera.

Cada regada provoca una catarata de todas las veces que he hecho alguna de estas, o de otro tipo, de estupideces.
Recuperamdo la cartera extraviada, el 14 de abril en Marseille.



Viejos hábitos


¡Qué manías!


En septiembre de 2009 me desperté con mi saco y cartera puestas, sin acordarme de cómo había llegado (los flashbacks de subirme a un taxi, estos llegaron después) a mi cama, y saqué mi Motorola rosado de la bolsa de la chaqueta/blazer y encontré una respuesta a un drunk text message que había mandado. El mensaje decía algo así como Yo también te extraño; al menos la respuesta no había sido silencio rotundo; bueno, las cosas podrían ser peor. Qué borrachera, pensé yo; los viejos hábitos tardan en morir, me dije. Parecía que eran costumbres viejas, de Paty 2006, agarrar y ponerme a jugar con el celular y escribirle a un tipo y a veces borrar los mensajes, ya mandados, como para quedarme en negación; mejor, ¿no?

Lo de mucho tomar se me quitó, por fuerzas de la naturaleza más que por fuerza voluntad… Y aún tomaba cuando, de repente un día (tipo martes o jueves, de enero o febrero, de 2011…) me di cuenta que eso de llamar o escribir(le) borracha ya se me había quitado.

Todavía acostumbro a hablar por teléfono. De preferencia con un cigarro y que sean llamadas de la categoría “¿Podés hablar? Pongámonos al día.” *

Y no se me ha quitado la manía de escribir mi nombre en la portadilla de cada uno de los libros que leo. Antes, agregaba a la marca de propiedad un índice temporal: Paty CE2, Paty Trigueros 2de A, Patricia Trigueros Tle ES. Me gradué del colegio –creo que por allí fue que abandoné la costumbre de escribir mi nombre y situación académica.

Hoy los libros dicen Patricia Trigueros.**

Y, hablando del colegio, desde 2004 o 2006, salgo de mi casa con una taza de cerámica llena de café. Pierdo los termos que compro; nunca me sobra el tiempo de tomarme el café tranquila y siempre tomo café. Siempre que tomo café, me mancho de café. Años de experiencia tomando café de manera portátil improvisada. Tengo una biblioteca imaginaria de cosas que he perdido.

Aún pierdo cosas.

Me corto el pelo a cada rato. Usualmente me quejo de que no me crece.

Llego tarde a lugares. Adelanto mis relojes, preveo llegar temprano; quizás así logro llegar a tiempo.

Cambio de planes.

No hago planes.

Pongo incienso en mi oficina. No es zen: es anti-mosquitos.

Hago playlists raras. Antes era sous-forme de CD’s, en los que quemaba mi mezcla de mp3’s.

Me quedo dormida viendo películas. Qué delicia. Desde chiquita practico la acción canalla de autoengaño, eso de decirse “No voy a dormirme, solo voy a cerrar los ojos.” Ni sirve cuando son películas extranjeras. Para ver 8 ½ tenés que estar ojo al cristo, leyendo subtítulos.

Me harto fruta, me salto comidas, duermo la esquina derecha de la cama, mando postales por correo, me siento a desayunar de vez en cuando un café con croissant y leo un periódico imaginario, le doy save a artículos que se me olvida leer, a veces dejo el freno de mano puesto…


Son hábitos que no sé cómo se cultivan, pero allí están. Cada quien con sus manías.

*(Claro que la categoría “Son las 4:00 y acabo de cortar”, también son de esas llamadas que sientan muy bien en el estómago)*
**Mantengo la costumbre de subrayar (o manchar, de manera no muy elegante) las partes que me gustan.

Antes me echaba en el piso de museos. Ahora ya no.

Un muñeco de papel vol. 2

Rendez-vous en Benito

Fantoche Vol. 2

Dijimos que llegaríamos a montar a las 3 PM el viernes 31 de marzo. Odio que los días tengan 31 días y que caigan un viernes, así; y eran las 3:30 y no habíamos llegado.

Lo logramos, juntar y distribuir la muestra modesta de trabajo en conjunto.

El primero de abril había que estar allí a las 6.


San Salvador Nuit Blanche 2017, 01.04.17
Benito
Boulevard del Hipódromo #631, Colonia San Benito
Colonia San Benito, San Salvador, El Salvador

A las 5 llegué a montar los textos.

Expo-Remate Fantoche vol. 2

Fantoche es un muñeco de papel, creado por el conjunto de varios pedazos de papel. Es animado en esta muestra colectiva, que reúne la obra de jóvenes artistas, cada uno con sus propuestas diferentes. Todos los pedazos se unen para crear un todo, con varios lenguajes.

Las transiciones se expresan de muchas formas, y ese es un territorio emocional común a todos. En esta edición, Carlos Violante, Rodrigo Dada, Efraín Caravantes y Ulises Vaquerano representan vertientes de la realidad subjetividad en edades o etapas transitorias; junto a textos de Patricia Trigueros, ilustraciones con la el otro lenguaje.

Los textos son, pues, experimentos. Fueron 7.

Los textos

Experimento 1
Capullos, Rodrigo Dada

Nunca es lo que parece

Los centros comerciales se llenan los fines de semana, en general, y todo el mes de diciembre, en particular. Se llenan de ruido, de pies que se arrastran; de afanes y ansiedades compartidos y, maldita sea, hay que salir con todo, ¿y si nos quedamos huyendo del tráfico? Erramos de una tienda a otra esa tarde, y en mi recuerdo las voces y los pies que se arrastran son el murmullo de una máquina. A lo que estamos acostumbrado, ¡cómo nos duerme!

Nos codeamos un par de veces, en el sentido literal; perdóname, pero es que hay mucha gente… pero, ¿qué te estaba diciendo?

Era aquello, y sobé un abrigo que nadie usa y que no me queda, y seguí el comentario alineado por sus ideas y las mías, la crítica literaria de la dialéctica de relaciones. Usemos ejemplos, y hagámonos para atrás; como que no es con nosotros. Es más bonito creer que somos exentos de todo riesgo que representa salir de nuestro refugio. ¿Quién no prefiere un refugio a un hueco? Y sobé el satín de pantalones que no compré.

I’ll end up on a ditch on the side of the road, I kick the people I’m close to

Danos un año, y veamos. Al menos entendemos que lo que funciona, pues, a lo mejor… No sé, digo, las cosas nunca son lo que parecen. Y el murmullo del trajín navideño trapea los pisos de los centros comerciales, y nosotros nos cogemos de la mano para huir.


Experimento 2
La Bestia, Ulises Vaquerano

Temporada 13, Episodio 2

la mente opera y lamenta
camina en dos planos, un laberinto
con canales que no se tocan; susurro
y callo.

(cuento las espinas para no tragármelas,
los agujeros para no caerme
– disfruto tanto la brisa entra,
el viento que penetra una sala;
los remolinos se sienten como
mi casa.)

casi nadie entiende
como la mente opera y lamenta,
o hay voces más fuertes; al final del día
me desnudo

pero mudo piel y me despluman
las cicatrices, y dejo caer
las paredes que nos separan, a mí
y a mis dos cabezas.


Experimento 3
Papel Moneda, Ulises Vaquerano

el sabor se nos queda

hay un vapor que pega,
y algo nos
quiere decir el velo gris
y la humazón

todos sabemos que no es
neblina –
porque aunque nos duerma,
no tranquiliza.

es brava, y nos pega;
cuidado y te pega,
la vida
aquí
no es así.

callamos lo que nadie
escucharía,
y olvidamos
el paso lento de las colas
el peso del súper
la levedad de la montaña de bolsas
las ampollas
ya no me reconozco, no
en ellos.
la consciencia olvida
el camino
del carro a la casa,
del camino al trabajo.

Experimento 4
Manual de Instrucciones, Efraín Caravantes

Desaparecer

cómo desaparecer por completo

Cuando desaparezco por completo, no es evidente. Lo evidente es, más bien, que nadie
se da cuenta. No hago falta, no me veo.

cómo desaparecer por completo

Siempre he dicho que no te puedo extrañar cuando estoy en momentos
en los que no perteneces.

Mi pertenencia, mi apropiación; momentos y personas mías
desaparecen
cuando desaparezco por completo.

cómo desaparecer por completo

No te dejes engañar, que ni siquiera tus recuerdos
duran para siempre.

cómo desaparecer por completo

Todo se pierde en un reflejo, la confrontación a la que
te empuja la soledad.

cómo desaparecer por completo

Eso sí, te cuento, de cómo se comporta el tiempo:
se extiende
en el infinito sin las paredes,
no hay piso, porque no caminas; se abre mi cabeza
y sus pedazos.

cómo desaparecer por completo

Me queda todo lo que he grabado, cuando desaparezco por completo y se pierde todo;
y me entrego a los cuerpos y restos de mis impresiones. Nada sobrevive,
no en su totalidad. No lo logro con
jaquecas.

cómo desaparecer por completo

Uno cabos que no existen, en la privacidad de esta manera
de desaparecer por completo.

Ponle llave y esconde todo, examina todos tus poros, grita y estírate
cuando puedas desaparecer.

Experimento 5
Manual de Instrucciones,
Efraín Caravantes


Alimentos para mejorar la circulación

No sé cuantos somos
nosotros, la minoría;
los que padecemos de la circulación.
No sé si existe tal cosa
como la hipocondría.

A veces padezco de amnesia.

O recuerdo todo
o no me acuerdo de nada;
no hay in between.

PUES…

Pero esto de los brazos apagados
el hormigueo peligroso –
creo que ya sé de donde viene.

No sé si somos muchos
los que dicen ala, puta
no puedo
más

No sé si somos muchos
los que tienen muchos calambres
en el pie, la muñeca, la nuca, el empeine;
los dedos, el vientre, la nalga
y la tráquea; pero sé
que lo que me quieren decir
los nudos en la espalda.


No sé si son muchas
no sé cuántos somos
pero sé que hay cosas
que tenemos que arrancar.
Sé que tenemos

Experimento 6
Paseo subconsciente, Carlos Violante

Las personas que fueron los rostros


Me cuento las canas y colecciono
el dolor de cada risa
con mi piel seca que almacena
la tensión que me gané
preparando la cama en la que no duermo
y se aleja mi reflejo
con cada capa de los años
lejos de quien conociste
(y tú y yo ya no hablamos,
no es vigente la promesa de abrazos)
se me olvida que no solo yo envejezco
que a la mar no le importa
y que todo lo arrastra
porque en cada rostro que conozco
alcanzo a ver el mismo horizonte
(allí están claramente,
permanecen y llueven) los recuerdos
que no cambian
los años que han pasado
ya no los veo
la memoria viva crece y quita
elimina tus entradas
veo la vida que olvidas
y extraigo el consuelo
de valorar mi descanso.

Experimento 7
Jardín personal, Carlos Violante

¿Qué hora es?

Fue la nariz tapada o la tos la que la sacó de la cama. Y no fue el día siguiente, sino que hasta una semana después. Todavía le picaba la mano que no cicatrizaba, pero ya nadie está para eso de pasar quitándose la cáscara.  Un par de días, la columna anclada; el imán grueso de todo lo que has hecho, se dijo. El espacio de indulgencia seguro cura lo que sea que te haya sacado de donde querías estar.

Bajo ninguna circunstancia había que volver a salir a la ciudad.
El aislamiento resalta esas manchas de sol, y agrava la voz, mientras que la vida social la agudiza.

No, no pasa nada. Solo me perdí un rato.

Cada fibra se entreteje y, si las dejamos, salen sus voces.

La obra (parte de)

Efraín

Violante

Dada

Ulises







Patricia Trigueros