Rescuerdos agostinos

cosas



agosto se pronuncia igual dentro y fuera de San Salvador, pero no significa lo mismo

no recuerdo cuando fue que me enteré de que existían las vacaciones de agosto

no recuerdo qué pasaba, que fuera propio de dichas fiestas agostinas, antes de mi vida posadolescente

recuerdo cumpleaños familiares que nos juntaban a todos en una casa en La Flor Blanca, pequeñas personas y adultos rodeando a los adultos cumpleañeros

y los cumpleaños de amigos-familia, también

hay más agostos con amigos-familia que sin

(pero aquí no hay atardeceres del trópico)

ni cuartos de 10$ que dan alergia, pero otorgan acceso a una piscina fría que quita el calor casi tanto como una buena dosis de privacidad

eso es imposible cuando te vas a nicaragua con 13 personas

recuerdo paseos, pero no solo en agosto

recuerdo llevarme una maleta a la San Luis, porque decidí pasar aquellas vacaciones en la casa de accesoabuelos que no son míos

y también recuerdo el calor de agosto en la palma, el clima costeño persiguiéndonos hasta las montañas y acomodándose en las piernas, dentro de los jeans

dormir en el piso o no, da igual

y el calor de agosto en los bares del tunco, abrazándonos a todos; y allí estaba una bebé con nosotros

(yo me aseguraré de que ella se acuerde de que, cuando tenía un año, ella iba a bares en el tunco)

recuerdo tan bien el calor de agosto en el tunco que ahora ya no voy al tunco en agosto

este mes contiene tantas excusas y planes acumulados

quiero quedarme en este mes y no recibir a mercurio retrógrado

comenzar en agosto es mejor que terminar en agosto

pues, pero a veces es mejor terminar que comenzar

pero, a ver, ¿en qué estaba?

en los viajes en carro

las otras baratas

las conversaciones de lejos

los sueños portátiles

los bailes comunales

no tengo a nadie cerca que tenga recuerdos de las vacaciones de agosto

agenda
Patricia Trigueros

Pensamientos subterráneos

Fulton St, NY

Ala, diabla.
En Nómada.gt sacaron un volado, de esos infografiquillos que hace la gente, y salía la palabra chula.
(Odio la palabra chula casi tanto como odio el recuerdo de esos labios que tanto amaban decir la palabra chula.)
Leyendo Nómada.gt viajé a Guate por un segundo, entre la primera y la segunda taza de café.
Ese viaje me llevó al recuerdo de apoyarme en la barra mientras nos quejábamos, en grupo, de los problemas que no aparecen en la pantalla grande –ni en la de Hollywood, ni en la pequeña pantalla grande del cine independiente.
El subway huele a sudor acondicionado (cf. hace frío por el aire acondicionado, pero sudan los cuerpos que caminan hacia el subway; no, no la cadena de emparedados: el transporte público subterráneo no afectado por las quejas de la opinión público) y el olor a gas que incipientemente me invade me huele a que Ay, Dios mío, espero no haber dejado la estufa prendida.
Cada vez que salgo de casa, me persigue el olor a conciencia sucia que insiste, con su voz aguda, que algo he hecho mal.
¿Habré dejado todo con llave?
¿Se irán a robar lo poco que tengo?
(Perder lo poco que tienes podría costarte mucho.)
De nuevo, voy en la dirección equivocada.
De nuevo, debo bajarme.
Por una vez que quería pagar los viajes en subway al contado, me gasté 20 dólares en una ida, ¡por la….!
Voy a comprarme la tarjeta ilimitada y la usaré veces incontables. ¡Mil viajes en un día! De allí para adelante, todo es ganancia….
Pero solo la usé una vez, en dirección contraria.
Ala, puta.
De todas formas no debería de regresar jamás a Night of Joy, puesto que allí dejé botados mis lentes que desaparecieron (1) y, luego, le sonreí a la bartender cuando me regaló un trago, mas no le dejé propina (2). En ambos casos, las palabritas que se iluminan en la pantalla dicen ERROR.
Lorimer St coge entonces una connotación de uy, que no me vean la cara, por favor.
De todas formas, estoy a dieta…
Después de este combo de alitas picantes en Fulton St., en Bed-Stuy.
“Quédate con tus recuerdos de Bed-Stuy, me vale.”
…¿Cómo?
No, no puedo ponerme audífonos, porque si no no escucho cuando el conductor anuncia que estoy en el tren equivocado.
Por eso, escucho las conversaciones que suceden a mi alrededor.
Por eso, pongo atención cuando un hombro abre sus piernas y se apropia de tres asientos de un solo.
Por eso, estoy especialmente consciente de la chera que se está quedando dormida en mi hombro.
Habiendo sido culpable del crimen de ocupar el espacio personal del vecino múltiples veces, no la culpo.
Esto es karma por la vez que empierné a un sueco sin querer y, queriendo limpiar mi nido en lo que él estaba en el baño, regué Coca-Light en su asiento, humedeciendo negativamente el resto de su viaje transatlántico. Ayúdenme, aeromozas, me cagué en mi vecino.


Y si tengo tiempo, viajo menos en el subway y camino más.
Camino desde Prospect Avenue hasta Nostrand/Pacific St un domingo, saliendo de The Brooklyn Brainery. Camino hasta la 125, con tal de encontrar corbatas. O me atravieso la ciudad desde la calle 100 hasta la 42, porque ¿por qué no? Me atravieso todo Williamsburg, hasta llegar al muelle de India St en Greenpoint. Me hago media hora adicional por tres avenidas y 6 calles, con tal de coger un tren que no implique tener que cambiar.


Pero cuando no sé dónde estoy, y ya son las 12… O ya es tarde, y ya pagué el taller…Pues mejor le pido a una app que me maneje, quizás. O solo me hago 2 horas en el tren, no sé.


Cold feet en el metro

Películas no-familiares


familiar

  • consanguíneo, emparentado, pariente, ascendiente, descendiente, colateral
  • usual, acostumbrado, común, habitual, consabido, conocido, ordinario
    • Antónimos: raro, extraño
  • hogareño, casero, sencillo, llano, doméstico
    • Antónimos: mundano
  • conocido, local
    • Antónimos: extranjero


Es cierto que hay días de días. Hay días en los que nos sentimos bien, hay días en los que nos sentimos mal. (Hablo por mí y mi emociones, nosotros hoy no sentimos bien.)


Hay días en los que no, no puedo ni con algo tan sencillo como ponerme un par de jeans.


Así mismo, hay días que ni a la fuerza me entra cine arte japonés, mientras que  hay días en los que sí –y experimento entonces esta sensación (familiar y extraña) de sentarme en la cama a ver El Imperio de los sentidos (1976)–. Hay días en los que solo quiero una película que me es familiar, que me haga sentir como que es la primera vez que la veo (pero a la vez me sorprenda porque ya no me río igual en Coming to America (1988).


Hay días en los que todo fluye y solo sucede, y me encuentro viendo películas extranjeras y extrañas, sin mayor preámbulo.


En cuanto menos sé qué está pasando, más soy capaz de hacerlo.


Lo mejor es no tener ni idea de qué es lo que vas a ver, sin sugestión alguna, iluminada dentro de la ignorancia, y solo decir sí.


Me quedo, luego, con estas buenas opciones para mi actividad favorita, en uno de mis lugares favoritos: cine en la camaaunque esporádicamente no hayan sucedido en mi cama.




El poster de esta película me guiñó el ojo cuando, en una visita a México D.F., entré al cine de Reforma 222 a ver Birdman (2104), película que aunque amé fui incapaz de cachar al 100% y valorarla por su afición por Godard, EN FIN, pasemos a lo siguiente, ¿en qué estaba? Ah, bueno: el caso es que justo estaban dando Relatos Salvajes. Mi cita para Birdman fue quien señaló lo que ocurría, y él fue a verla y me lo contó todo, sin decirme nada: al parecer es buenísima, y son como cuentos, ¿no? La terminé viendo en una esquina de Cinépolis en San Salvador y la he vuelto a vivir a través de conversaciones de Hey, está esta película argentina en Netflix, y preguntas como ¿cuál es el que te gusta más? “El” siendo el pronombre para referir(nos) a uno de estos relato de venganza, cargado de emociones, contando en cortometrajes hilado porque, pues, al final las situaciones varían pero no la motivación es un poco la misma. Mi favorito es el último relato, el colmo de lo incómodo. Las historias y los personajes pueden parecer lejanos y extranjeros, pero el estilo y el formato está hasta en el último libro que leí (La frontera de Cristal, Carlos Fuentes) y en episodios de Black Mirror como el que vi ayer.


2046 (2004) de Wong Kar-wai, Hong Kong


Yo llegué tarde a la fiesta de este director chino y vi 2046 sin haber visto nada de él. Para mí, él era sólo sílabas extrañas hasta que vi esta película rarísima. La volví a ver hace poco, porque llevaba días con ganas de esas escenas coloridas ajenas a mí geografía y a mi realidad.


Aún no sé de qué se trata, pero es lo máximo. Siguiendo la tradición de L’année dernière à Marienbad (1961), uno se la pasa haciéndose preguntas.




¿Por qué ver una película Rumana?
La respuesta es: Porque ¿por qué no?
Se descargó en tiempo récord, y las reseñas decían que era buenísima. Y así fue como, desde mi sofá y con ayuda de un cable HDMI, me eché el rollo de un tipo pobre, que vive comiendo mierda porque todo es carísimo y a la gente no le alcanza la plata. Cuando conoce a una modelo guapa, todo se pone peor, pues  esta tipa tiene gustos muy caros. ¿Qué hace? Todo cambia cuando conoce a un escritor que vive de escribir guiones para mendigos: la agencia artística  Filantropica que asegura que el que no tiene con qué comer, recaude plata de quienes tienen para regalar. Las historias son buenísimas, el tratamiento cómico y el final, devastador.


Toni Erdmann (2016) de Maren Ade, Alemania


Fue hasta que llegué a Film Forum que me di cuenta que estaba por ver una película alemana. Fue hasta que la terminé de ver que me di cuenta de que no, no es exactamente una comedia.


Es preciosa, visualmente y en cuanto a contenido. Llega a ser tan rara y extraña que nos saca risas, pero viene de la personalidad intrínseca de la historia de un tipo cuya hija necesita más ayuda que él. Es dulce, encantadora, y muy interesante. La quiero volver a ver, desde mi cama, un domingo como hoy.



Estas películas están juntas porque las vi en el avión. Un transatlántico parece mejor lugar como ningún otro para ver películas extrañas y extranjeras. ¿Cuándo más voy a tener un menú interactivo de cosas en otros idiomas? Escogí entonces la historia japonesa de una mujer que lucha contra todos los sistemas de burocracia, hasta el final, y reivindica sus libertades de maneras sutiles pero determinantes. (Y hay un par de personajes y una subtrama que me confundió, pero a veces uno le pierde el hilo a los subtítulos; o es que soy tonta y no le pasa a todos, no sé.) En cuanto a I, Daniel Blake, lo más importante es que lloré y lloré.  Tengo una debilidad por el tema de injusticias, desigualdades, y realidades subjetivas; además de que Daniel es un hombre muy lindo y dulce.
La lista


¡No te lo Pongas!: Mountain Paty

¡No te lo Pongas!: Mountain Paty o lo que pasa cuando Paty va a las montañas


Prueba 1: Volcán de Santa Ana, 2014
No es ningún secreto, esto de mis fashion dont's que yo llamo ¡No te lo pongas! No es de extrañarse que cuando se trata de ir a un espacio montañoso, simplemente no logro –para nada– un look de Mountain Chic. 
Prueba 2: Earth Lodge, Guatemala, 2016
Parece que las condiciones climáticas me empujan hacia un nuevo nivel de feísimo. Acudo casi automáticamente a elementos que no van bien juntos y que no pertenecen en la vida pública. Mi cuerpo se encoge y se vuelve prisionero de mi mal gusto. 

Coquetear en esta pinta es una tarea muy difícil.

Prueba 3: Volcán de Izalco, El Salvador, 2016
Es imposible que yo me prepare para una caminata de 11 horas y, a la vez, me vea cool. Es indispensable que yo me proteja del sol y a la vez ocupe ropa que me de motricidad. ¿Cómo hacer para no verme tan a la deriva de la moda?


Prueba 4: Hotel Acrópolis, Grecia, 2017
Mis instintos siempre tienden hacia la comodidad, lo flojo, y lo no halagador. Las montañas me dan ganas de irme preparada para obstáculos, y el clima me dice que me lo ponga todo de un solo. No me favorece para nada.
Prueba 5: Algún lugar del Lago de Atitlán, 2014
Creo que parte de la razón por la que me atrevo a usar estos elementos, ricos en color y flojos, es porque estoy segura que se ven bien cuando alguien más los usa. El problema, evidentemente, soy yo.

Prueba 6: Desierto de Atacama, Chile, 2015
Algunas chicas logran verse bien en sus atuendos montañistas. Al igual que las ninfas, esas criaturas mitológicas, existen mujeres que se compenetran muy bien con el ambiente y parecen mimetizarse. YO, en cambio, siempre me veo fuera de lugar.

Prueba 7: La Cabaña del Terror, El Salvador, 2015
Y aveces el problema se concentra en una mala decisión. Una visera morada de 1999 basta como para arruinar todo tu atuendo.

Prueba 8: Cerro El Toco, Chile, 2015
Y aunque doy fe que existen las ninfas modernas, pues las he visto con mis propios ojos, estoy segura que a mí no me confunden con una ninfa del Altiplano o del Bosque, o de las tierras volcánicas. Es más: físicamente siempre soy la del cuerpo más débil y más propensa al mal de altura.
Prueba 9: No sé, Chile, 2015
Experimentar con accesorios para el cabello no cambia el hecho de que padeces de migraña y que esa camiseta claramente es de polyester y es un faux-pas que no le pasa a una verdadera Ninfa Altiplánica o Montañista de Corazón.

Prueba 10: Gasolinera, El Salvador, 2015
Aún así, siempre que hay excursión a las montañas, me emociona la oportunidad de salir de la ciudad. ¿Qué me pongo?

Algún día lograré un mejor balance entre la practicada y la estética.

Silencio en NOLA


Hay mucho ruido en New Orleans. Desde la calle en la que nos bajamos y por todas las vueltas que dimos, que pasamos saludando al famoso Mississippi y atravesándonos tiendas llenas de la voz de Janis Joplin con ecos de jazz y blues; boutiques de chile y condimentos.“Tenés que comer beignets” y demás, sí; mucho ruido por todo el French Quarter en el centro de New Orleans, Louisiana. Es la ciudad portuaria en forma de media de luna que, debajo del nivel del mar, eleva con su vapor la herencia de varias culturas y sabores. Me llevé de allí una salsa picante de denominación racista, una diadema de crochet que me hace pensar en "Me and my Bobby McGee", y varias historias.

Pasé 16 horas en New Orleans. Café du monde, crawfish, gumbo, y muffulettas son palabras de la cocina sureña que abrazan nuestros oídos mientras tomamos sorbos de Hurricane, un trago local que hace ver mal al Long Island Ice Tea. Yo lo tomé sin querer: creí que era limonada rosada. En Pat O' Brien's escuchamos blues y piano, y me hice amiga de una gente mientras me tomaba mi fuerte dosis de Coke Zero. Habíamos probado lagarto y crawfish, cerveza artesanal e incluso llevábamos pralines en la maleta, para llevar a casa. El día había muerto, pero la noche de bar hopping in New Orleans no podía empezar sin cenar, sin “aquí vamos a comer, este restaurante es buenísimo”.

A cuadras del ruido, en la calle Tchoupitoulas –¿chupi-qué?–  entramos al Cochon Butcher. El nombre y el counter, desde el cual ojeás las carnes y la cocina, lo indican: estás en una  una carnicería/sandwichería. El menú, en el que te pierdes porque todo se ve completo, sazonado, y se extiende hasta los postres franceses… es una pista de que aquí hay algo más.  “Muffuletta” leíamos, ¿pero cómo es que se dice? “Muffaletta”, “Mufflafeta”… ¿por qué tanto muffuletta? No sabemos cómo pronunciar muffuletta, no sabemos a qué sabe lo que parece ser un sándwich siciliano con capas y capas de sabor, pero si estamos en New Orleans y no lo hemos probado…

¿Compartimos un muffuletta?

Nos llevamos el número de nuestra orden y nos sentamos en la barra, porque las demás mesas –altas y elegantes,  en medio del ambiente movido y moderno– estaban llenas. Estábamos frente a una variedad de licores y vinos que hacían agua el paladar. Le Cochon Butcher, nos dimos cuenta, es más que un deli: es un refugio perfecto. Extrae de la ciudad caótica el gusto por los tragos a voluntad y el ir y venir de los mercados de comida. Cochon Butcher, un sandwich shop y wine bar, con carnes curadas y el estilo que solo puede provenir de querer wine and dine sin que sea caro, sin que sea calle.
Un homenaje a las viejas carnicerías, y un gusto por tragos preparados.
Toda una pared con licores; ¡esto está como para ir de compras! Licorera y carnes frías, digo... 
Quéciudadtanbebedora

Nos trajeron la comida.
  
Un pan redondo con semillas de ajonjolí, relleno de jamones y carnes, quesos; y un tapenade de aceitunas, el mejor spread para acompañar carnes frías italianas. ¿Cómo empezamos a comer esto? Además, un encurtido con zanahoria y coliflor condimentados. Los colores de la mortadela, el capicola y el salami se confunden con el emmental y el provolone.  Los pepinillos agripicantes son lo que yo no sabía que quería. Cada mordida, cada bocado, nos convencía de que no hay mejor combinación de sabores. Nada en mi lengua podía superar el efecto de esas marinadas, con la pimienta negra del salami, con ese nivel de crujiente del pan que se aguada con los sabores. 
Es el mejor que comimos.

esta foto no tiene nada que ver con el texto, pero me dio hueva buscar otra

Mis lugares no existen

El Pasado, Atiquizaya, El Salvador.


Mis lugares favoritos ya no existen, pues el lugar que fue ya no es y nunca será lo que fue, aunque no lo hayan movido del globo terráqueo. Estos pedazos de tierra a lo mejor siguen irrigados por las vidas de otros que, a su vez, prometen cosas que no son. Viven mis recuerdos con esos que la tierra recoge, y yo aunque los viera no me veo allí, ya no; no existe mi Pasado con mi Presente, y otros relatos de divorcio.

No hay lugar favorito como ese hueco en la caja torácica, mi jaula thoracique, que protege a tus pulmones de la contaminación de las ideas, y a tu corazón de la promesa de dolor. En esta cavidad, protegida por chocolate oscuro con sabor a fresas, almacena esos sitios que no compartes, que apenas vives, que nadie nunca te quitará y a lo que nunca regresarás. La nostalgia acalambra a algunos que no conocen la sensación sentimental de llenar ese hueco chocolatoso latoso que le ocultas a la vida real.


La piscina de azulejo azul queda en el patio trasero de una casa, dentro de una colonia, en una capital, de un país. Es una piscina capitalina: modesta, pacha; mojigata y discreta. ¡Las cosas que ha visto, esta piscina...! Sirve para calentar las noches frías, despertar piernas dormidas, y quitar calores. De día o de noche, es mi aliada. Tiene razón siempre. Nunca le hago caso. Me cuesta, pero las cosas que valen la pena nunca son fáciles. Desapareció todo salvo el sentimiento del sol abrazándome hasta convencerme de que Ven, metámonos a tu piscina. 

La esquina superior derecha era mi monopolio. Pasé años soñando despierta con dormir en toda la cama, entera, y nunca en la misma posición. ¿Cómo no aprovechar mi metro y medio de largo (piernas y caderas y torso mediocre, con mis pies flaco talla 37? El reino de mis almohadas y las infinitas posibilidades. ¿Cuándo me di cuenta de mi afición por La Esquina/Mi esquina? ¿Cómo renuncié? ¿Qué vueltas tiene que dar la vida para terminar en la esquina superior izquierda? Debo construir un nuevo reino de almohadas coloridas.

Debo encontrar la robusta construcción de cemento y mar, la casa de una Semana Santa. No volvieron ni los días soleados con surplus familiar, ni tampoco esa casa con su techo/terraza inmenso. De encontrar la dirección exacta, me asomaría al portón viejo de madera. Buscaré en la expresión del guardián es estado de cuentas de las personas que alguna vez estuvimos allí juntas. Jugamos en la grama, llenos de arena; miramos al cielo estrellado, muertos del miedo. Creí que iba a morir en ese sitio que no existe, de tanto ver las palmeras menearse al son del perro que no dejaba de ladrar. Quiero volver y quitarme el miedo, y bailar con las palmeras en mis sábanas llenas de cloro de la piscina. 

Mi ex-cama, a la cual no volveré. Ojo: esto no tiene nada que ver con mi status/identidad de ex-novia, ex-estudiante, ex-amante, ex-alumna, ex-roommate, ex-todo – algo que *alguien* tan elocuentemente publicó en su status de Facebook, en época pre-Twitter y pos-Michael Jackson.. El caso es que mi ex-cama no volverá, y la extraño. De manera abstracta aún conservo ese lugar dónde puede leer, morir, dormir, beber, amar, sufrir, y ver películas, y escribir. Las camas son importantísimas, sobre todo si eres de aquellos que sufren.

Materialmente, la he perdido y no la recuperaré. Era mí lugar preferido y codiciado por muchos y muchas. "Hacer una siesta en tu cama es como dormir en las nubes por un momento."

Tres colchones tirados en el piso, tamaño twin; un edredón-colcha tamaño king. En una esquina. La dibujé y le escribí un texto, un día en el que me sentía devastada. Meterme a esa cama me hubiera curado el corazón roto (que yo misma rompí.)

Las sábanas llenas de cloro y la habitación bañada en el atardecer del Tamarindo se fueron en el mismo hoyo negro de la edad adulta. Allí, a esa hora, en ese momento de la semana, en ese hotel de playa, fui ignorante y feliz, e ignorante de mi felicidad. Me inventé las reglas de billar, jugué y gané; indicador de que supere el trauma de la gran apología animada Pinocchio. Todavía sé a qué saben las gaseosas de piña, coloradísimas además de dulcísimas (pero el azúcar no se siente cuando le bajás la temperatura hasta donde te alcance el hielo en el mar, ¿verdad?) Comí camarones sin saber qué eran, pero allí estaban los ojotes negros del camarón-langosta. Modelé mi calzoneta con neón noventero, el mar atrás. Perdí la cuenta de cuantas veces me escapé a morir. Perdí el aliento y lo recuperé. Se me hinchaba la panza después de ir y venir de la piscina al mar, del mar a la mesa. Una ducha rigurosa me quitó el olor a mar, pero no el color. Mi piel estaba viva y mi cara, inflamada. Juro que soy más cachetona cuando visito estos lugares que no existen, ese solo que abraza y ama.



El vacío lleno. 



Patricia Trigueros

Películas familiares



familiar:
2. adj. Conocido previamenteSu cara me es muy familiar.


Texto de ayer, hoy:

Hoy es sábado, pero se siente como domingo. Se me habían olvidado los viernes, ¿quién diría? Y desperté privada de sueño y lejos del bienestar zen etc, eso que profesa Goop y permea en todos los Gwyneth-relatos.  Las calles de San Salvador llenas, el tráfico colapsado, nivel “¡Qué barbaridad!”. Ah, chís, si es sábado al medio día. Yo juraba que iba a ser un domingo-sin-nadie-en-la-calle, un domingo con cosquilleos de
quedémonos-viendo-una-peli.

Hay domingos como para ver algo nuevo, nada que ver, extranjero y extraño. Y hay domingos de películas familiares, conocidas.

Pero ese sábado dominguero, tenía muchas ganas de ver una película estilo E.T. the extraterrestrial (1982). Hay días en los que simplemente me dan (muchas) ganas de volver a sentir la emoción de que E.T. está metido de entre las muñecas, o ver cómo se emborracha en la casa por negligencia terrícola. Regresar a los props de esa época, a los Reese's Pieces; qué cabrón este Steven Spielberg y su fórmula perfecta con humor, product placements y también drama. Uno ríe y llora con la historia de un extraterrestre mágico, cuya voz es de la actriz nominada (o galardonada, no sé) Debra Winger (Terms of Endearment (1983), Forget Paris (1995)). Aprendí este dato curioso leyendo la enciclopedia digital de cine Cinemania 96.

Highlight: E.T. sale a por dulces y salvación una tarde de Halloween gringo y, cuando se le atraviesa un cipote vestido de Yoda, nuestro héroe epónimo pela cables* y empieza a gritar “Home! Home! Home!”.

*pelar cables: regionalismo sinónimo de alocarse.

¿Adónde estabas tú cuando salió Jurassic Park?

Otras veces, quiero regresar al Jurassic Park (1993). Hablo de the real Jurassic Park, no los gremlins raros, sous forme de secuelas y remakes, que salieron después. Hablo del amor implícito entre Sam Neill y Laura Dern, el conflicto moderno de un hombre que no quiere niños pero se ve obligado a cuidar de dos niños (sin padres responsables) en una isla de dinosaurios (¿?), en donde (cf Seinfeld) es el villano. Este último presenta obvios característicos de hijo celoso y subestimado, pero dejando al lado su psyche... Men, ¡qué buena película! La musiquita me da escalofríos aún hoy y me transporta a estas escenas clave como la de la cocina, la de la cabra y a estar viéndola sin VHS con mi mamá gritando "¡La Mosca!" cada vez que salía Jeff Goldblum en escena.

Highlight: El rol subestimado de Samuel L. Jackson que vive fumando frente al ordenador diciendo "Hold on to your butts."

Creo que me caería muy bien ver The Goonies. Yo quería ser uno de ellos. Nunca ha habido tan perfecta combinación de realidad y fantasía, con personajes encantadores y de los mejores chistes de traducción en la historia del cine. Mis goonies, aún los quiero con todo y el drama que conlleva ser niños y estrellas de cine. Quiero decir que todo son highlights: la búsqueda del tesoro de Guille el Tuerto (One eyed willie) la dinámica terrorífica de The Fratellis, las historias de Chunk y su amistad con Sloth ("Heyy you guyyyss!")... todo es chivo. Gracias Chris Columbus y Spielberg por esta pequeña joya y el personaje estrella Rosalita, la empleada.

Y otra que era buena era Father of the Bride. Pasa de ser buen a  tanto verla, todos juntos, en la sala familiar o el cuarto de mis papás. Buenísimo el aturdimiento de la familia, la planificación de la boda por Martín Short... exportación de modelos culturales gringos. Los tres actos de la peli son muy divertidos, y la ternura atraviesa toda la película.

Highlight: mi papá lo pronunciaba "fazer of the brais", bien chivo.

En esta misma categoría de películas familiares, está The First Wives Club. No fue hace mucho que la vi en un sofá negro, por primera vez en la vida adulta o en mucho tiempo, con un amigo serbocroata. Él creció en Belgrado y yo en Centroamérica, pero a ambos nos llegaba ver The First Wives Club con nuestra mamá. Y de allí, en una conversación reciente, en la discutimos si yo era la Elise (Goldie Hawn) aunque francamente todas amamos a la Brenda (Bette Middler), descubrimos que nos vemos reflejadas en esas divorciadas. ¿Es la edad, o el haber crecido con ellas? La quiero ver de nuevo ahorita y montar una reinterpretación de "You don't own me". Te amo, Diane Keaton.

Highlight: ¿Qué ondas, Sarah Jessica Parker? Levemente odiosa de manera permanente, es más cerota de lo normal como la segunda esposa de Morty; perfecta en su papel. Mi conflicto preferido: Morty y Brenda, divinos.

Haré mención honorífica a Mrs. Doubtfire, pero acepto que es un poco enfermizo todo el vacil. Ebert lo puso de manera elegante: no es realista, no es viable. Pero tiene sus cositas que vale la pena...

Y abajo: una representación de cómo luzco físicamente los días en lo que me caería bien una peli así como familiar.
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Patricia Trigueros