Nostalgia o casada con Bordeaux

Mis cuatro años en Bordeaux, por ratos, se pueden resumir en las cosas que me hacen falta. La nostalgia viene de la palabra Nostos, que en griego significa regresar a casa. Alguna de mis profesoras queridas, de esas de mis materias preferidas que tuvieran que ver con redacción o lenguaje o algo por el estilo, me habrá dicho alguna vez "Nostos, nostalgie, el regreso imposible, el dolor del imposible regreso". Pero a mí la nostalgia no me duele, me "llena", me enriquece el recorrido de detalles que tuve y tengo, y allí están. Habrán casos menos dolorosos que otros, debo admitirlo. Pero adonde hay dolor hay cambio, hay mejoría, hay más; por eso aprecio esos momentos, también; o no sé, pero ahí voy...
Place de la Bourse, Bordeaux
Extraño la madera vieja de los edificios del siglo 18, o de cuando sean... Más allá del look general de viejo, impuesto por las ruinas del siglo 15 y 16, y las estructuras en el centro de Bordeaux que llegaban hasta 7 pisos... La Grosse Cloche, las iglesias, el camino de Santiago de Compostela... Era vivir la vieja arquitectura, escucharla al abrir y cerrar puertas y ventanas, sentirla en el frío o el calor que penetraba la madera débil, escuchar a los carros y a los mercaderes, pues el sonido de tu barrio traspasa las edificaciones de madera imposibles de calentar en invierno. Estoy segura que todo era amplificado desde mi apartamento de Mme. Marzat, sobre el Cours de la Marne, calle de alto tráfico (todo tipo de tráfico).
Y, hablando de mi barrio, extraño mi panadería y mis panaderos. Así como hay gente que se adueña de sus marcas y se refiere a ellas como suyas, yo me apropio de pequeños negocios y de sus componentes humanos. Mi panadería, Le Fournil des Capucins que mencionan en Lonely Planet, tenía los mejores quiches del mundo (hechos con pâte feuilleté), y la mejor baguette... ¡y nunca cerraba! Llegué a regatear, una madrugada: "¿Cuánto me da por estos 65 centavos que tengo? - Media baguette, cuesta 45... - Pero, ¿y ese pan con chocolate? - Cuesta 85 centavos. - ¿y si le doy 65?".... Fracasé en el intento, y eso que funciona tan bien afuera de Francia, notablemente en mercados de artesanías, según lo que puede narrar mi experiencia. Y mis panaderos: uno era bien buena gente, y el otro era un poco Nazi y pesado. Pero allí estaban, dándome pan a cualquier hora.
Yo no canto, pero canté.


Mi bar: ponían música que a mí me gustaba -- Led Zeppelin, The Kinks, The Doors, The Beatles, Neil Young, The Monkees (como en la época de mi mamá), etc -- mientras los otros pubs ponían Black Eyes Peas... Servían New Castle Brown Ale mientras que en el pub The Houses of Parliament o The Cock and Bull se les acababa.... Era pequeño, y sucio; íntimo y perfecto. Y mi bartender era escocés, y era buena onda. Le regalé un shot glass de Fernando Llort, Premio Nacional de Cultura 2013, traído expresamente desde uno de esos mercados de artesanías de los que hablaba anteriormente. Se llamaba Dick Turpin's, y entramos probando algo nuevo, como cuando canté Young Love de The Mystery Jets en El Connemara... pero eso es otra historia. Hey, new experience. (¿y porqué tanto pub inglés en una ciudad de Sur-Oeste de Francia? Siempre doy una respuesta no-informada, basada puramente en conocimiento superficial: el territorio de Burdeos (Bordeaux), y Aquitania, fueron parte del Reino Unido, por cuestiones matrimoniales, por mucho tiempo; provocó una guerra que duró mucho tiempo también, y un flujo de ingleses, que son acogidos por los pubs.)


Extraño mi cama, la de los últimos dos años: tres colchones uno encima del otro contra la pared, un cubrecama espeso contra cualquier catástrofe natural, y extraño desde allí poder ver un sin fin de películas, pues a la altura perfecta colocaba mi computadora encima de una especie de caja, cine en la cama más cómoda que existe. Hay un texto que escribí, publicado en Cowbird, The Clouds.
Place du Palais 
Extraño las salidas esporádicas a París, una ciudad que fue mi amante al que siempre regresé informalmente pero adonde nunca viví (hasta que me fui mes y medio a trabajar allí). Y en esas idas, podía llegar y sorprenderte si cumplías años y no sabías que yo iba a llegar ese finde, ¿verdad, Mari? Aunque tuve otras salidas esporádicas, y en un tiempo me enamoré de Madrid, sólo con París mantuve mi relación adúltera, poniéndole los cuernos a Bordeaux hasta que Bordeaux y yo nos divorciamos terminantemente en el 2010. Me vine de vacaciones, y volví a recoger mis cosas y a firmar el divorcio (divorcio con el arrendamiento del apartamento, divorcio con la compañía celular, con el gimnasio y su contrato imposible de romper, etc...). Y la(s) despedidas, por supuesto. Al igual que la nostalgia, las despedidas pueden ser más alegres que tristes; hechas para conmemorar, festejar, intercambiar cosas que no decís en otros momentos, y reír más que llorar.

Me hace falta caminar, en especial los días en los que caminaba un montón, pasando a apartamentos varios, descubriendo librerías, escribiendo en cafés. Sobre todo en los días lindos que aunque fríos son despejados y tranquilos. Quizás es en ese clima despejado es que se te cruzan por allí rincones de la ciudad, de Bordeaux, que nunca habías visto. También extraño caminar por el campus de mi Universidad: era feo, no tenía sentido ni estético ni de espacio; no había vida en los alrededores... me encanta.

Quedándome dormida en frente de la Place de La Bourse


Me hace falta reunirme con mi equipo de La V magazine.


Me encantaba cuando venían a visitarme.


Las terrazas de los cafés/restaurantes, sillas de mimbre que combinan con el look clásico francés, son perfectas para conversaciones buenas, y son los anfitriones de muchísimos recuerdos puntuales que varían en cuanto al acompañamiento: a veces eran Mónacos (cerveza Stella y sirope rosado), a veces cerveza, a veces café, a veces café crème.. Y en la misma línea de aire libre, debo admitir que La Place de la Bourse y el espejo de agua era una gran cosa, el espacio perfecto para comer de día o de noche, beber, caminar, amarrar, cortar, reír, llorar, fumar, dormir... ¡todo!

Añoro también la comida, y quisiera regresar en el tiempo para poder comerme todo lo que algún día me ofreció la ciudad y rechazé por vegetariana. La comida y el buen vino; una salida en el centro de Bordeaux regálenme, vaya. Por mientras, escuchemos "S'il te please" en 8tracks.com, mi playlist frenchie.



Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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