Los botines de Almodóvar




Botines negros, de punta chata, imposibles de quitar y dolorosísimos cuando se usan en calles de piedra.
 
// Quiero ver Julieta, la última película de Pedro Almodóvar, de El Deseo. Leer "El deseo" y ver el loguito rojo, que me acuerda a crónicas sobre la producción emergente desde su concepción, me acuerda irrevocablemente a cómo fui descubriendo las películas de Almodóvar (poco a poco y en veces a una velocidad más rápida que en otras), a amarlas por sus vertiginosas tramas con desvirtudes exaltadas y personas fuera de quicio; amar reconocer en ellas lo repetitivo y experimental. //

Lo conocí con Todo sobre mi madre en 1999. Mentira, no la vi en el ‘99: la vi en una clase de Español y lenguaje, porque a una profesora le parecía prudente que chicos y chicas pre adolescentes aprendieran de España a través de la historia de Manuela, Agrado, la hermana Rosa y Lola. “¿Cómo se te ocurre follar con Lola?” Aprendí, entonces, que las mujeres somos unas gilipollas y que Barcelona está llena de color, más que Madrid; que cómo una madre ama a un hijo y cómo los secretos te dan para aprender a mentir, ¿o no? Me fijé en el agudo uso de fotografía y audio y me dieron ganas de escribir así, sí. Me encantó que nos acompaña Un tranvía llamado deseo a lo largo de la película, que en la vida de Huma Rojo solo ha habido humo, porque en el éxito no tiene ni sabor, ni color. Me autodenominé Huma y me daba por recitar el monólogo de la Agrado, comportamiento poco extraño para alguien como yo. ¿Y qué más? Aprendí lo intrigante que puede ser una historia poco común y bien contada, y encontré su eco en una crónica escrita por el director, quien habla de su relación estrecha con su madre y un duelo que le siguió.

// Quiero volver a Madrid y quedarme en el Retiro y que la vida me suceda hasta poder decir ¡Átame!. ///

Hable con ella fue mi date un 31 de diciembre en 2004. A las 2 de la mañana yo la estaba volviendo a ver, porque ¡qué película más bella! He de verla de nuevo y odiarme por no tener personajes como esos; y tramas y subtramas, y relaciones que se vuelven una sola, interrumpida por la metáfora del cine mudo. Pero pasé otras noches en cama con Pedro: en mi exploración desde el disco duro pasé por Matador, Carne trémula, Tacones Lejanos, La ley del deseo, Átame, Mujeres al borde de un ataque de nervios, La mala educación, Volver. Me salí de la cama fue para ir a ver el estreno de Los abrazos rotos, con ese su juego entre Mateo Blanco y Arthur Miller, la belleza física y por allá en la playa los amantes, amándose y perdiéndose, amándose hasta perderse, sin amar de regreso, no.

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“Deberías ver La Flor de mi secreto, te va a gustar, ella es escritora.”

Marisa Paredes es Leo, pero también Amanda. Escritora, pero no autora. Vive la antítesis de las novelas de amor que publica su alter ego, su seudónimo. Te da a entender más qué siente que qué sucede con su pareja. No soporta unos botines de punta chata que compró con él, no se los puede quitar; no soporta la ausencia de él, quien se los podría quitar.

¿La habré visto antes de leer Patty Diphusa? Tiens, me dijo Eva, lo vi en la librería y cuando leí “Patty” y “Almodóvar” me dije que te lo tenía que comprar, y fue un regalo hermoso y rojo como las películas de él. Empecé a leer a Patty Diphusa, herramienta de Pedro en unas publicaciones periódicas que tuvo, con su tono testarudo y ultraexpresivo. Ultraconfiada y feliz, ella es la primera Kika, pero también una metáfora. Y aparecen sus botines de punta chata, que no se puede quitar, que su Amor Verdadero con mayúsculas le quitó alguna vez y lo que le queda es nada más la nostalgia, que si uno no la cuida bien es capaz de matarte. Muy diferente al amor pasajero, según dice. Y avanzó la lectura y caí en crónicas, textos amorfos, de Pedro siendo Pedro, a quien también le pasó que no se podía quitar los botines que lo destruyen con el recuerdo de un ex, triste como sus personajes, botines de punta chata que yo sé que cuesta arrancar.
A los fans nos gusta ver y volver a ver. Captamos los guiños y celebramos los rostros conocidos, los trajes, la limpieza con la que funcionan tantos elementos en un solo cuadro.

Y después pasó el acto celoso y dulce de mi querida Carmen, cuando recibí un ejemplar de Patty Diphusa por correo y le dije Carmen, ¿qué ondas? Ese libro ya lo tengo. Yo entendí que lo querías leer, no que lo estabas leyendo, me explicó. Hoy tengo dos, dije yo; pero no fue por mucho tiempo, ya que Carmen me quitó el que me había regalado Eva, dejándome solo con el que ella me regalo, para que yo contara la historia de ese lindo detalle que recibí por correo, Patty para Paty. // "I miss Patty Dyphusa, un personaje lleno de amor, con una actitud positiva ante toda adversidad y que sabe divertirse. Un icono. Siempre esperando el gran amor."

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// Más que ver Julieta (“Es lo mejor que ha hecho desde Volver, Volver como el restaurante en la Roma Norte, al cual le juré ir en honor a mi Pedro, Volver juro que voy a come tu comida cuando vuelva), quiero que todos veamos Julieta, nos juntemos los amantes de Almdóvar, en trajes de sastre con ombreras y una que otra peluca, un buen push up estilo Penélope, y lloremos. Lloremos y discutamos, a ver, ¿qué vemos en Kika y Caracortada? ¿Qué pensamos del soundtrack? ¿Quién ama el mise en abyme de Chicas y maletas y Mujeres al Borde de un ataque de nervios? ¿Quién no ha sido, un poco, Carmen Maura en Mujeres al Borde? Hagamos un cineforo hechizo a punta de colores y frases memorables, estilo “....Yo te esperaba despierta, hasta que oía tus tacones..”. //


Patty Diphusa

Patricia Trigueros

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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