Estupidez espontánea

arranques de estupidez.




Me sentí muy lista el pasado viernes 1ero de abril tras enterarme que no había concierto de Natalia Lafourcade. ¡Oh! Resultó siendo buena idea, después de todo, dudar hasta resolverlo con no comprar entonces no ir y esperar a ver que todos me contaran de lo divertido que estuvo, otro concierto sin mí. Más que una buena idea, fue inteligente después de todo, porque Natalia se enfermó (?¿).

Pero hoy me sentí bien tonta. No recuerdo en qué momento fue, porque a esta edad no solo se me baja la presión y se me dispara el azúcar, sino también se me olvidan las cosas; se van, a saber qué se hacen y ya no las hayo. No sé qué fue lo que me hizo decir “Ihhj, qué tonta…”, pero paso. Sin embargo, recuerdo otros momentos de “¡qué tonta soy!”, de esta estupidez espontánea o brain farts:

Compré un reloj que me gustaba. Bonito y profesional, no como otro relojes de juguete que he tenido, ni tampoco algo muy Fashion Week. Era lindo mi reloj de verdad, que mandé arreglar porque me quedaba grande. Y aún cuando me cortaron el brazalete, aún me quedó grande. “¿Qué será? Quizás es un modelo grande….” Dos años después me di cuenta que era un modelo de hombre, no apto para la circunferencia o diámetro o lo que sea, o perímetro, de aproximada de 4.5 pulgadas.

Ahora no me lo pongo, porque lo veo y me hace sentir tonta; recuerdo mi estupidez.



Escribiendo eso me sentí nula en mate, porque me vale la diferencia entre la circunferencia y el diámetro. Algo así como cuando me toca sumar y hacer cuentas. Las cifras y las operaciones me sacan de onda.


La vez que confundí a Argelia con Afganistán. Los argelinos contemporáneos, anfitriones de ese particular after que le siguió a una noche en Frog & Rosbif de Bordeaux, estaban hablando de la generación de sus abuelos o padres, que la migración que no-sé-qué, que aún tenían familia allá. Y yo, mareada ya porque no me llegaba mucho aire a esa hora de la madrugada, me puse a recordar la info que tengo almacenada sobre el regimen Taliban en 1996 y mis nociones sobre el derecho de asilo y etcétera, pero, perate, ¿qué pasó exactamente en Argelia? Pregunté, interrumpiéndolos; ellos me vuelven a ver y dudan en responder, hasta que con mucha paciencia me dicen “De hecho, hubo una guerra, ¿verdad?... Y por eso es que…” Y yo, oh, ok, wow, qué confundida… Pero después recapacité y me dije Mierda, ¡claro! La guerra de independencia de Argelia de 1962, ¡nada que ver con Afganistán!


Cuando compro cosas estúpidas, las encuentro después y me hacen sentir estúpida. Tengo un prendedor de flamingo cubierto en “diamantes” rosados, que compré en Variedades Génesis por siete dólares. “Compraste lo más caro del lugar”, me dijeron. Y hace par de días me acordaron de un vestido de lana y material sintético que compré en H&M en el 2006. Era cuadrado y según yo retro a lo Penny Lane, desmangado. Era tan, tan caliente. Redifícil de usar, casi imposible de usar. ¿Cuando hace tanto frío que te querés meter dentro de un horno, pero a la vez no tanto frío como para andar sin mangas, enseñando los brazos? “El pequeño horno”, le llamábamos.

A diferencia del viernes pasado, fue bien tonto de mi parte, como ex-fan del grupo, no ir al concierto de Aerosmith del 2013, de tipo el 5 de noviembre de 2013. Cuando estaba a kilómetros de la ciudad, piscineando, y ya no había vuelta atrás me dije “Qué pendeja.”


Cuando una puerta dice HALE y yo empujo.

Y, por último, hubo una vez, en un examen de segundo año de la U en Francia, en la que tenía que transcribir el texto usando el alfabeto fonético internacional, dibujar los sonidos. Yo no me los podía, entonces me los inventé. “But, Paty, I think you can’t fool them. They know.”




Patricia Trigueros

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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