Mostrando entradas con la etiqueta vacation. Mostrar todas las entradas

Recuerdos agostinos

cosas



agosto se pronuncia igual dentro y fuera de San Salvador, pero no significa lo mismo

no recuerdo cuando fue que me enteré de que existían las vacaciones de agosto

no recuerdo qué pasaba, que fuera propio de dichas fiestas agostinas, antes de mi vida posadolescente

recuerdo cumpleaños familiares que nos juntaban a todos en una casa en La Flor Blanca, pequeñas personas y adultos rodeando a los adultos cumpleañeros

y los cumpleaños de amigos-familia, también

hay más agostos con amigos-familia que sin

(pero aquí no hay atardeceres del trópico)

ni cuartos de 10$ que dan alergia, pero otorgan acceso a una piscina fría que quita el calor casi tanto como una buena dosis de privacidad

eso es imposible cuando te vas a nicaragua con 13 personas

recuerdo paseos, pero no solo en agosto

recuerdo llevarme una maleta a la San Luis, porque decidí pasar aquellas vacaciones en la casa de accesoabuelos que no son míos

y también recuerdo el calor de agosto en la palma, el clima costeño persiguiéndonos hasta las montañas y acomodándose en las piernas, dentro de los jeans

dormir en el piso o no, da igual

y el calor de agosto en los bares del tunco, abrazándonos a todos; y allí estaba una bebé con nosotros

(yo me aseguraré de que ella se acuerde de que, cuando tenía un año, ella iba a bares en el tunco)

recuerdo tan bien el calor de agosto en el tunco que ahora ya no voy al tunco en agosto

este mes contiene tantas excusas y planes acumulados

quiero quedarme en este mes y no recibir a mercurio retrógrado

comenzar en agosto es mejor que terminar en agosto

pues, pero a veces es mejor terminar que comenzar

pero, a ver, ¿en qué estaba?

en los viajes en carro

las otras baratas

las conversaciones de lejos

los sueños portátiles

los bailes comunales

no tengo a nadie cerca que tenga recuerdos de las vacaciones de agosto

agenda
Patricia Trigueros

Semanas no tan Santas parte 1


El Tabacón y el Volcán Arenal, Costa Rica.
I love volcanos. 
Recuerdo algún vía crucis con estaciones enfloradas y lecturas, y los domingos de ramos, sábados de gloria y de resurección… Alguna que otra misa que corona el final de un día caluroso a media Semana Santa y el miércoles de ceniza, y los viernes de cuaresma que le siguen como procesión que anuncia la venida de esta semana que oscila entre marzo y abril, año tras año llevándose al encuentro los cumpleaños de muchos Aries. ¿Qué hacés cuando tu cumpleaños cae en vacaciones? Es una lesión en la vida social de un niño. Pero, bueno, enfin…

De seguro las vagas imágenes de yo de muy pequeña en una playa como Tela, Honduras, o una que otra vez en Puerto Vallarta son nada más ideas extrañas, que sucedieron en alguna semana santa. Mis papás solo me desplazaban, no teníamos ni voz ni voto de qué hacer o no hacer. El año pasado vi desde la calle de Guadalajara un letrero que decía “Puerto Vallarta”  y me acordé, me sonó, a un par de viajecillos al litoral mexicano. Y lo único que recuerdo de Puerto Vallarta es de caerme y rasparme contra el azulejo del baño de la casa que solía ser de mi abuela y su último esposo, Spero. ¿Sí? Quizás. A Spero le daba por nadar mar adentro con manta rayas y otros animalejos, o por lo menos en la distorsión de mis recuerdos.

También recuerdo que esta vacación, este tiempo libre, concentraba a los miembros de la familia bajo un mismo techo, o en un mismo carro, o en un mismo paseo. Las niñas, la Raquel, mi hermano, mis papás; solo que esta vez era en carretera, viaje largo por tierra de Costa Rica a El Salvador, pasando por aburrimiento, conversaciones sin sentido entre las diferencias de edad que cohabitaban y a veces hasta cohetes. A Bobby ya le habíamos dicho que no estrellara fulminantes dentro del carro y la Raquel le había rogado en vano que no se le acercara mucho, porque llevaba la piel quemada de mucho asolearse. Una vez lo bajamos a media carretera y volvió a subirse al carro sentenciado. Y nosotras, las niñas, pues ¿cuánto tiempo podemos ir quietas en un carro? Teníamos menos de 8 años. Y no fue una vez, fueron varias veces a las que mi mamá accedió de mala gana a irse de viaje en carro por día y medio, cosa que a mi papá le encantaba. Era finalmente pasar por Costa Rica y Nicaragua hasta llegar a cruzar la frontera con Honduras a eso de las 5:30pm, para media hora después conseguir hospedarnos en el Hotel Torola de Playa El Tamarindo, una de las tantas vistas hermosas del oriente del país. Allí ya todo era risas y diversión, una fiesta de piscina, arena, mar, mariscos y hasta actividades varias de esas que disponen los hoteles como una mesa de billar, tomar gaseosa y, luego, descansar para salir temprano y hacernos 3 horas de camino hasta llegar a ver a mis bisabuelos. Esto era válido tanto para Semana Santa, como para el día de la madre, día del padre, vacaciones de agosto, diciembre; ya no sé cuándo íbamos y cuando es que íbamos a otros sitios.

Cuando íbamos a otros sitios, resultaba en algo similar con la variantes de vistas y relieves. Conocí muchas de cerca el Volcán Arenal y sus aguas termales, el Hotel Las Palmas en Punta Uva que me encantó con mi criterio infantil y ahora no sabría decirte más; Playa Manuel Antonio y el Hotel Las Tres Banderas, y su playa a la que llegaban monos que pasaban de colgarse en los árboles a joder a los turistas, y luego esta especie de jungla que atravesaban para ver a las iguanas más grandes que he visto, osos perezosos que me parecen tan feos… Días de mucha, mucha piscina y acostarnos temprano, cansadas, como cualquier niño vacacionista, un estado que cualquier adulto con la buena voluntad y disposición puede alcanzar algún fin de semana.
Telamar, Honduras.
Rodillas pijeadas. 


Patricia Trigueros

Confesiones: Lecciones de Vacación de Agosto


Deep thoughts desde el cerro de San Marcos La Laguna

Las preciadas vacaciones que cada día son menos al menos que uno haga trampa dan para escapar, para aventura, nuevas experiencias que tanto me gustan, reflexione profundas o seudoprofundas que se pueden resumir en las lecciones que uno aprende. Confieso que pretendo retroceder en el tiempo y regresar a recolectar lo que aprendí de esta última vacación de agosto.

1. Nunca serás el único salvadoreño que decide migrar a Guatemala para las vacaciones de Agosto. Y, por consecuente, esperarás dos horas sudando en la frontera. Como dijo Bob Marley, Exodus, movement of Jah People.

2. Los mejores tacos están en Cactus Taco Shop, Antigua Guatemala. Estuve dos noches en Antigua, las dos noches comí allí. Tres veces he ido y he probado los tacos de pescado adobados con mostaza, el burrito de camarón y tocino, las enchiladas de carne y de pollo (recomendación de Gustavo que me sirvió las cervezas que pedí), los alambres, los mojitos y las margaritas y, mis preferidos, los tacos de camarón y tocino. "Suena extraño, ¿no? Cuando te lo dicen, "tacos de camarón y tocino", te quedas como que ¿qué es eso, wey?" me decía Laura, con su vaso de Mezcal en el Café No Sé en mano. Me contó que la idea nació de hurgar en su refri un día y utilizar los ingredientes que tenía, como mayonesa chipotle y tocino y camarones. Un éxito. Delicioso. Luego de hablarle de mi amor por su comida y mi fanatismo por Cactus Taco Shop, huí con ella y compañía a un after: de la calle fuera del Café No Sé, con whiskey y cigarros, pasamos a su auto y de su auto a la Taberna, a hablar de lo que sacrificás a medida vas viviendo como tú querés vivir y otros males.

3. No hay hora para la fiesta. Por lo menos no en mi hostal el Jungle Party Hostel.  A la hora de hacer siesta pos viaje traumático de dos horas en la frontera, el alza del volumen y el sonido estridente de Madonna y otros hits te desconciertan a las 4pm. Llegás a las 3AM cangrejeando desde La Taberna y hay silencio profundo. Crees que todo va a estar bien hasta que, sorpresa, son las 9h30am y te despierta el boom boom boom de música Tecno. Afuera de tu habitación que alguna vez tuvo pulgas, hay un grupo de individuos viviendo su fantasía de Spring Break, jugando Beer Pong y chupando Tequila. Se alterna entre Tecno y Psychadelic Trance. Todos están sin camisa, felices, y el volumen sube; mientras vos mueres de maltrip desde tu cama tratando de entender qué es esa fiesta. ¿O será que simplemente es que ya a mis 26 años no estoy para esos trotes? ¿Es ridículo extrañarme de semejante patín en la mañana, un domingo? Igual, sabés que podés contar con la pizza artesanal servida en porciones gigante de 25Q cada una. Te consuela, la pizza de Jungle Party Hostel. 

4. Se pueden escalar cerros en chancletas, es lo que descubrimos con mi prima cuando llegamos a la Puerta del Diablo, Panchimalco, El Salvador. Ahora que nos bajamos de un skanky boat que te transporta desde San Pedro La Laguna hasta San Marcos La Laguna, avanzamos hasta El Cerro No-Sé-Qué y subimos, escalando en chancletas, hasta llegar a altares mayas y a miradores. La vista es hermosa. El color azul-verdoso pero oscuro del agua del Lago de Atitlán me impresiona, y su manera de combinar con los volcanes y las montañas atrás.


The hobbit-vacation way of life
5. La vida de un Hobbit ha de ser maravillosa, osea pensalo: viven descalzos, caminando, tripeando, comiendo, durmiendo y chupando. Un poco como lo que uno de "vacacionante" puede aspirar.

6. Es mejor una foto que dura para siempre que una foto mental que dura 5 minutos, pero desde el techo del hostal de San Pedro La Laguna en Atitlán, uno se contenta con tomarle a la luna y a las estrellas tan solo una foto mental. Sabiendo que no va a durar para siempre. Igual, como dice mi prima, no hay punto en tomarle una foto a la luna si no tenés una cámara súper buena, nunca te va a quedar como la ves en tu foto mental.

7. El buzz del Mezcal enamora y en el Café No sé hay un bar de Mezcal que enamora. Es una patada, pero no hay que tomárselo de un solo. "You sip it", como decía el bartender. El me contaba que no es muy fan de tomar licor y güaro, es más cervecero, entonces por eso es que él no aguanta tanto el mezcal como su esposa, que solo eso toma. Yo tomo de todo, y aguanto el mezcal, algo que busco porque su efecto es como que te duerme por un lado pero despierta otras sensaciones. Enamora.

8. El agua fría da frío, es algo que yo sostengo. Es algo que explica porque no osé meterme al lago de Atitlán. Muy fría el agua, no logré superar mi fobia irracional al agua fría. Y tirarme del trampolín, ¡jamás! Suficiente con la vez que me vi obligada a tirarme de unas piedras como de 3 metros de alto en el Lago de Ilopango circa 2003. Uno nunca olvida las experiencias traumáticas. High de adrenalina, no gracias. Yo me quedo en la orilla, vestida, sobre las piedras, mientras vos, espíritu aventurero (osea todos los demás) te zambullís.

9. Hace frío en Atitlán, no únicamente cuando cae la tormenta y te estás bañando en el lago. Sí, nuestra visita a San Marcos fue interrumpida por una tormenta tropical. ¿Ven qué bien fue no bañarme por miedo al agua fría? Me hubiera dado más frío, como a los demás que iban empapados y permanecieron así en nuestro refugio en lo que pasaba la lluvia. Después, nos fuimos en skanky boat de nuevo a San Pedro.

Y hay más, pero me voy a quedar a medio camino de mi recorrido semi-nostálgico.



Beach, bitch/
post signature