Remedios caseros o mi medicina alternativa

in sickness and in health.


Yo evito tomar medicinas, pero sufro de hipocondría como Woody Allen en Hannah y sus hermanas (1986). Además, tengo ansiedad no-aparente y de vez en cuando tengo achaques reales. Con el tiempo, he probado remedios caseros que sustituyen la medicina, y con algunos me ha ido fatal. La infusión de cebolla, por ejemplo, es un sitio asqueroso al cual espero nunca más volver y ni hablar de las opciones estúpidas para quitarme el hipo… pero igual he acumulado algunos remedios caseros que mantengo bajo la manga, mis caminos alternos a la medicina, que algunos escépticos se atreverán a criticar sin antes probarlo, cual preadolescente que no ha probado la marihuana pero igual opina.


Tiger Balm de Singapur es lo mejor para la contractura del cuello y principios de hernias cervicales. Me pasan diciendo que vaya al doctor, a verme esto de la espalda y las migrañas, pero yo no saben que cuando me unto mi pomada café justo donde empieza la joroba incipiente de mi escoliosis, amanezco como nueva, una muñeca de trapo inmune a las curvas pronunciadas y la tensión acumulada.


Acostarse a leer a Jacinta Escudos con una venda fría me funcionó para combatir la migraña. En general, la posición horizontal y la venda fría funcionan. Entre las posibles variantes están: poner música absurda de fondo, poner cine italiano y escuchar a lo lejos algo así como La Dolce Vita (1960) o La Gran Belleza (2013), dormir 12 horas consecutivas y perder conciencia. A veces echarse y entregarse a la migraña requiere de un pequeño empujón de avamigran, agua y resignación total. Alguno de los detonadores pueden ser hormonas, culpa judeo-cristiana, exceso de montañismo, altura, arrepentimiento, valeverguismo y procrastinación, entre otros. Como método preventivo: hacer ejercicio. Con alguien, dicen.


Una ducha helada sirve para activar la circulación, combatir las crisis de autoestima posadolescentes, y también sirve para purificar la mente luego de un fin de semana excesivo, como cuando uno se baña en el Río Sapo un 1ero de enero o deja sus pecado en el mar, en el agua salada [eso dicen].


Un baño caliente es el mejor remedio… para todo mal, la verdad. Sirve para combatir el frío de un apartamento deprimente en invierno, las tensiones matrimoniales à la Margot Tenenbaum, el estrés pre-exámanes, la goma pos-fiesta, la incubación de una gripe, el dolor de muela, etc,  you name it. Recomiendo usar este remedio con música para gozar en privado, como Norah Jones o el soundtrack de Shortbus, o ¿quién sabe? Todo se vale.


Gárgaras con sal, esta es clásica y un poco hippie, pues no presenta resultado reales y es a lo que acudo cuando los síntomas son graves. No entiendo la correlación entre la necesidad de antibióticos para combatir casos graves que terminan en “-itis” y enjuagarse la boca con sal, pero en la desesperación de ya no tener ofuscada la tráquea, cada año hago gárgaras con sal frente al espejo y pienso “this is bullshit”, pero es mejor que nada.


Girl Talk en dosis elevada es la mejor terapia posoperatoria y preovulación. Regenera todos los tejidos de tu ser. Catarsis le llaman algunos.


Agua mineral limón, sal y azúcar; así, sin pena. Te distrae de la paranoia de tu cerebro que empieza a pensar “omg y si es apendicitis??” y te baja las náuseas. Y si es un malestar estomacal sostenido, yo le agregaría Coca-Cola y galletas saladas y Beethoven (90's) o Home Alone (1990), para regresar a un día de incapacidad en los 90’s, abrumada y en recuperación.




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Consumo patológico de series es muy importante cuando se trata de sobrellevar las Pancreas Blues que nos dan a nosotros lxs hipoglicémicxs, o incluso los gripes y viruses que nos atacan. Mi recomendación personal es: dedicarle día y noche a Six Feet Under. Es más, ya me quiero enfermar para volver al trance de binge-watching episodio tras episodio del dramón de HBO, y los fantasmas de cada personajito que compone el paisaje narrativo de Six Feet Under.


Abuso de té y ojo que esto no lo acuñé yo, sino que es algo que a menudo me aconsejan cuando estoy navegando las duras aguas de día 3 de gripe extrema. “Tomá un verso de té”. Ok, amigo, lo intentaré… pero, francamente, después de un rato ya no tengo sed como para seguir tomando té y mi garganta no mejora con la temperatura elevada del agua, entonces, pues… me parece un abuso, completo.


Películas vacías porque cualquier cosa que requiera una reflexión más profunda puede ser contraproducente. Cuando tenía dengue y vi la Môme, la vida de Edith Piaf con Marion Cotillard, empeoró mi pysche y agravó mi enfermedad. Para una noche deprimente en cuarentena, es mejor volver a ver Going the Distance (2010) o algo más que no deje nada bueno, como The Rewrite (2014) con Hugh Grant y Marisa Tomei, que compré por $1.00 en el rentavideos a punto de quebrar al que voy par refillear mi colección de DVD’s.


En fin…


Otra cosa que he aprendido (además de que qué asco hacer una infusión de cebolla) es que sí, ok, está bien ir adonde un doctor a que te baje del altiplano del estrés autoinfligido por la mente enferma… esas citas que te confirman que a) no te estás muriendo o b) es tratable… pero ojo también con el tratamiento. Siempre que me da la gripe semestral que me hace dudar de mi razón de ser y la existencia misma, tratarme no me cura. En el clásico coctel de tos nefasta, ojos llorosos, reproducción sin precedente de mocos, deshidratación y malestares varios, acudo a maratones de dormir y de series. Depresión frente a una pantalla parece que va de la mano con curarte.


Nunca funciona, y socialmente no me funciona, tampoco. Acabo por toser con ánimos, lavarme la cara y lavar todo signo de coqueteo con la muerte, y salgo. Nada me funciona mejor que ignorar la gripe, sonreír en las fotos del bautizo, bailar en la boda, no resistir a los cigarros y a los tragos, e incluso hacer planes insuficientes, y estar inservibles al día siguiente. Debí de haberlo sabido cuando vi a mi tía recuperarse de dos semanas de infección en la garganta a punta de tequila y vino. “Paty, I’m cured!”, dijo, aun ronca.


venda fría + novela salvadoreña **genial**

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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