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Red October Vol. 2


¿Será el alcohol el peligro? ¿O seré yo?


El año pasado escribí algo no sobre el mes de octubre, pero sobre tragos que me hacían falta en octubre, tragos como los Red Octobers que servían en el Dick Turpin's cuando conocías a los bartenders, pues no estaban en el menú.

Hace un par de octubres dejé de tomar. Volví a tomar, y luego paré de nuevo; paro –¡alto!— y lo retomo. Esto de tener hipoglucemia no es fácil: es como jugar ruleta, o Blackjack o —

Tener hipoglucemia es como ir al casino, –ahorita estoy en un fase dry, casi no juego–

Tener hipoglucemia, para mí, es un poco como Blackjack (y el amor también, de hecho) porque, queriendo obtener 21, a veces pedís otra carta y se te va la mano, y perdés ["Hit me! Hit me!", no querés parar] // hay días en los que puedo tomarme 4 cervezas y un shot de tequila, o jugar rayuela con vinos blancos y rosados, pasar por cerveza y cerrar la boda de mi BFF con un trago de ron firmado por Mamá Betty, con dedicatoria de doble ración ronera, a las 4 AM. hay días en los que una cerveza me revuelve el estómago y me condena a un día entero de dolor de cabeza. // Y como las probabilidades de morir de felicidad prematura en esta lotería posalcohólica e hipoglucémica, me atengo a no tomar. Mis estudios empíricos del asunto me han enseñado a evitar tragos como Red Octobers, que extrañaré para siempre.

Extraño los tintos de verano en la piscina de San Blas.

Extraño los carajillos (shots de espresso con licor de café) que adormecen y despiertan, de manera simultánea, y me hacen manejar a casa a las 3 AM.

Extraño apoyarme en la barra de un restaurante y embriagarme con el efecto de un Long Island Ice Tea con el estómago vacío, mi preludio favorito a un almuerzo de amigas-hermanas, The ladies who beer drink of today are the ladies who lunch of tomorrow, right?

Extraño una sesión de anécdotas con Martini Rosso en Cambronne, y la adrenalina de tres martinis seguidos, ahí van; antes de subirme al escenario a leer dos poemas en público por primera vez en mi vida, "Peur de lui" y "O.N.S.",  temblando de los nervios y del astigmatismo que me achaca la vista.

Extraño ser la única en la fiesta que se dice Sí, me encanta el pastís. Hice tantos amigos de esa forma.

Extraño Whiskey escocés que me hace comprender la política regional francesa, y no la sobriedad que me hace detectar lagunas en los pensamientos que traen a colación citas de Nietzsche a las 7 AM.

Me hace falta el Porto, tomarme uno (o dos) como aperitivo y como digestivo, uno italiano. Me encantaría regresar a ese apartamento en el que nos pasamos la botella de Grappa, y te hice reír porque dije que nunca lo había probado, vos. Veníamos del Titi Twister de tomar whiskeys que vos escogiste.

No he encontrado reemplazo para mis Red Octobers, pero sí he descubierto que paso tanto tiempo comiendo que me sería imposible tomar alcohol, de todas formas, así esté celebrando el matrimonio de mi amiga/hermana. Cuando todos brindaban con champán, yo tenía croquetas de jamón en la boca. Luego, estuve brindando con pancitos y tortilla española. Así sí me gustan las tapas. Y en vez de servirme vino, pedí agua para acompañar los chorizos con cidra... ah, y no olvidemos como el final de la recepción se lo dediqué a mordisquear todo postre que se me atravesara.

La fiesta siguió en mi hotel, y me pedí un whiskey para poder decir que me tomé un wisconsin en Wisconsin... pero después de darle dos tragos, lo cambié por una porción de papas y una orden de nachos, ¿porque por qué no? Mi resaca del día siguiente se debía al ejercicio constante de ingerir alimentos. 

Tragos prohibidos

Red Octobers

Nostalgia 

La historia es larga, y no la voy a contar; pero incluye varios episodios, y un final, que sí voy a contar. Hace dos años en octubre, yo me jactaba de mi capacidad de tomar. Podía tomar con frecuencia, en cantidades considerables, una variedad de alcoholes. Pero desde octubre de 2014 hasta ahorita me tengo que medir porque ¿qué pasa que ya no tolero el alcohol? Pasé un mes sin tomar entre octubre y noviembre, pero como no era lo que creíamos que era, lo reanudé todo entre noviembre y diciembre, hasta que el 28 de diciembre mi cuerpo dijo No, men, de verdad no puedo tomar. Y así empezó mi sobriedad absoluta que duró 11 meses. “No tome mucho”, me dijo la doctora. Rompí mi sobriedad con un gin tonic, cuatro whiskies, un ron y un tequila y me fui a dormir con migraña, ¡pero es que se casaba una amiga de infancia! Bailé reguetón y todo, y no morí. Y diciembre del año pasado hasta hoy me ha enseñado que de verdad, pues, aunque tome, siempre estoy sobria; y no puedo andar tomando mucho, porque tengo que cuidarme mi pequeño páncreas. Era el azúcar. Abstinencia de alcohol, de postres, de harinas. ¡Es tan difícil omitir de mi dieta cosas ricas! Y mientras no lo haga, no puedo tomar mucho. Y mientras no pueda tomar mucho, no puedo tomar un montón de cosas. Aquí empieza la historia de las cosas que ya no tomo y a qué me saben, porque la nostalgia no es una cavidad, no es hueca. La nostalgia son piedritas que viven firmes allí dentro y sale y bailan en mis papilas gustativas cuando recuerdo lo que ya no saboreo.

No tomo vino tinto, porque me deja en cama y una señora muy amable y agradable me dijo que a ella le pasaba lo mismo. Ella me recomendó ansiolíticos y whiskey. El vino tinto me sabe a que se me aguada la cara y el cuerpo, y sonrío y platico desde la primera copa y, de pronto, un abrazo. La última vez que hice trampa fue por indulgente, con Aves del Sur.

(“¡Todos deberíamos tomar vino blanco! No deja manchas.”)

No tomo vino blanco, pero lo tomo cuando se me vienen los flashbakcs de un viernes en la piscina de una casa frente al mar. No había nadie en la playa, estábamos solas con las anécdotas de una conversación telefónica desperdiciante (neologismo del acto de desperdiciar) y el masaje revolvedor del sonido de las olas y las boquitas. Fuimos a tomar fotos, no sin antes desperdiciar tiempo en la piscina. Lo mismo va para cuando veo las sillas de una terraza y añoro cortar la tarde a la mitad, en época de estudiante tiempo completo, descalzas, platicando con vino blanco. “No prefiero el vino blanco, pero siempre hay momentos de vino blanco.”

No tomo mezcal, pero es porque me gusta demasiado. Me aguada las emociones y me duerme, pero despierta otras sensaciones. Sabe que se te destapan las inhibiciones y todos los sentimientos se vuelven válidos. El mezcal y yo no podemos estar juntos, es mejor que vivamos tan lejos el uno del otro. (Mezcal, te amo, vení.)

No tomo Armagnac porque no soy un señor que vive de sus visitas a la cava y cenas que cierran con quesos olorosos y pláticas encendidas sobre las elecciones regionales. Es muy fuerte el armagnac, como madera destilada que te abre el olfato y te abraza con terciopelo. Alucino pensando en armagnac, con noches que parecen buena idea estar dentro del bar mientras la puerta ya está cerrada, y deberías estar del lado de la calle pero no, estás adentro.

No tomo cidra porque sí tiene alcohol pero no sabe a alcohol, cuando mi sustituto ideal fuera un cerveza sin alcohol, no algo que me acuerda a Snake Bites estudiantiles, pintas de medio litro llenas de cidra y cerveza. Rondas de eso y de Red Octobers, mezcla letal que abrió la caja de pandora de hablar sin filtro, de mirá que mi roommate y yo deformamos la letra de las canciones y una vez hice tal cosa y otra vez pasó tal cosa y…

Y lo malditos Red Octobers. “Quiero un cóctel”, dije yo, habiendo dicho Vas a ver, Laurent, voy a pedir un long island ice tea, y voy a volver con un… y me ofrecieron Red October y lo tomé. Llevaba dos shots de vodka, uno de licor de no-je-qué y un toque de Scweppes, para disfrazar el veneno (del malo, no del puro). Y yo en mi variante, lo preparé con infusiones de Oaxaca y con sirope en vez de licor de no-je-qué. ¡Letal la dulzura del Red October!

Y tampoco tomo Long Island Ice Tea, ahora que lo pienso. “¡Tengo una gran goma! Y solo me tomé dos Long Island Ice Teas….” Pero, querida Carmen, solo uno de esos trae mil licores, como el 41 con cola que casi me mata otra vez; como el Long Island Ice Tea que nos pedimos con Carmen en la barra antes de almorzar como señoras, a los 19 años. No, ya no puedo tomar, pero recuerdo el sabor de esos momentos con alcohol.


Oct' en Antigua Guatemala
Patricia Trigueros

Paseo inglés (2)

Un túnel a los 80's

Unaware of what to do, or where to go or how, they went out of that station and walked upwards

Terminando el primer paseo inglés, llegamos a Camden invictos para el apéro, oficializando nuestros paseos ingleses con sorbos largos de champán, hasta que dio la hora de salir, ¿qué horas eran? Estábamos a una caminata y unos veinte minutos del Reflex y las diez libras que nos costó la entrada a un mundo con luces rojas y disco balls. El paseo en el Reflex recibe tus abrigos en un área roja que, después de bajar gradas de caracol, se convierte en el cementerio de éxitos de los 90’s y los 80’s que han revivido solo para amontonarse con vos esa noche. Entramos directo a los brazos de “You spin me ‘round” y bailé abruptamente, torpe, con mi grupo reunido aquel fin de semana en Londres. Aparte de que yo estaba sobria tratando de cachar conversaciones que rebotan en el ruido de pop ochentero, y que unos tipos que se nos querían acercar acabaron por se escoltados del lugar, yo no le veía nada de malo al Reflex, reflexing en el Reflex, estaba completamente satisfecha con mi noche.

Tal era mi satisfacción que, cogiendo a la cumpleañera del brazo, hice fila para entrar a Heaven en Soho con toda la seguridad y confianza de que me iban a dejar entrar. Dicho y hecho, pasamos adelante y nos hicimos a un lado de los ánimos de la noche, un grupito de 4 esperando a los demás. ¿Cuántos éramos? Estábamos completos, y sabíamos que los a la mara de Heaven, el mejor club gay del mundo, no le llegan los grupos de 12 personas. Y de Heaven solo conocí el baño y el olor a vómito que había que seguir para encontrarlo, pues fallamos y el grupo se dividió y ¿dónde demonios vamos ahora? Nuestro after party fue en un McDonald’s que también tenía bouncer, pero él sí nos dejó entrar.

proposed an after party even though they could barely open their eyes and they waddled instead of walking.

Nos despertamos entre la ropa de la noche anterior y el ánimo de ir al Tate Modern y formamos un grupo de turismo estúpido allí en algún lugar cerca del centro de Londres, todo Londres es gigante, pero iríamos a un lugar cercano. Media hora a pie y pedimos café en una estación de tren bizarra, recuperamos a un miembro perdido del grupo y nos bañamos en su historia de éxito. Bueno, en fin: íbamos para Brick Lane, bajo el sol de inglés, el sol más pícaro que jamás he conocido, nos estuvo coqueteando todo el dia sin jamás darnos la seguridad de que se iría a quedar con nosotros, ¡te amo y te odio sol inglés! Pues camino a Brick Lane nos detuvimos en varios lugares: en un mercado de comida y todos comimos cosas de un país diferente, en una pared colorida para la foto, en un café creído para tomar agua y usar el baño, en una degustación de chocolates artesanales porque veníamos de gastar en ropa de segunda mano y comprar estupideces y las cosas gratis nos encantan… Y terminamos en Dinerama, el mejor lugar del mundo. Me quiero casar con Dinerama. Me casaria en Dinerama. Y, devotas a la combinacion de pulled pork de 7 lbs. y cerveza y champán, venia el sol y se iba. Llovía, se oscurecía, y volvía el sol; y volvía a llover, y volvíamos a tratar de abrigarnos en vano, rodeados de personas irreales. Si así son los sábados en esta ciudad, quiero que así sea mi vida. No nos movimos, brindamos por la cumpleañera, hicimos planes de cambiar nuestras vidas en funcion de Dinerama, y me encontré mareada por dos vasos de champán (mi límite) completamente arropada, con mi falda empapada, por la idea de que ¿quién diría? La Mónica y yo nos la pasábamos en un sofá viendo películas como “Reality Bites” en el 2002 y estábamos hablando de los años que faltaban y los años que venían. “Vos venite, pendeja”.

“Estoy un poco tipsy”, iba bajando las gradas de la terraza de Dinerama directo al apéro #2 del paseo inglés 2.

Tanto que me puse un outfit que si yo se lo veo a alguien, la vuelvo a ver pensando ¿qué diablos anda puesto esa chera? Y en el apéro bailé, posé, abracé. Cuando salías de un lugar del apartamento (gigante) y entrabas de nuevo a la sala, se te olvidaba que la fiesta no había empezado, pues estábamos ya en la mejor discoteca o bar o fiesta.

Aparentemente hay varios Beach Blanket Babylon, y no me gusta pensar en por qué se llama así. Fallé encontrarme con mi primo, pues nosotros nos fuimos a uno y a él lo mandé al de Notting Hill. La cara que me hizo la anfitriona cuando le conté de la confusión me dio a entender que la diferencia entre el uno y el otro era significativa, pero ¿yo qué voy a andar sabiendo? Yo no entiendo las distancias de Londres, solo sé que yo era la sobria y que tenía que perseguir a la cumpleañera, que bajó al sótano preguntando que cómo se llega al sótano, que me dijo que pidiera miles de botellas, mientras una del equipo se nos estaba durmiendo, y la otra estaba brava y la cumpleañera insistía en que la música era sensacional. No se me quitó la malicia de vigilarlas a todas cuando estábamos en la calle buscando Über hablando con un muchachito de que le deseábamos suerte con Brexit y que no, no teníamos dinero para que él cogiera un bus a Brighton a las 2:20 AM.

“Mi nivel de matemáticas a esta hora es nivel bachelorette, o bachillerato, ya ni puedo hablar.” – La voz del liderazgo

Yo me mis botitas incómodas, me puse los tenis más cómodos que jamás me he puesto, y caminé con un cómplice a comprar kebabs para todos. “Mirá el cielo”, le dije, “está amaneciendo.” Nunca había visto que saliera el sol a las tres y media de la mañana. En el trópico los paseos son muy, muy diferentes a estos paseos ingleses.


3 AM Food Run
#TeamKebab

Patricia Trigueros

El alcohol y yo Parte 2

Cervezas
(Esta secuela es muy diferente a la primera, "El Alcohol y yo")

Esta tarde está como para estar en Saint-Raphaël oyendo a Edith Piaf en el viejo tocadiscos de Mamie Nancy, ¿verdad, Nathalie? Con una o dos copas de Merlot francés, porque ¿por qué no? Pero, en la vida real, hace mucho frío en Saint-Raphaël en esta época del año, y estoy en el trabajo saboreando los recuerdos de cuando no tenía gripe y SI podía beber alcohol libremente. Estas son algunas de las cosas que he aprendido acerca de beber, tomar, chupar:

1. El vodka con redbull me quita el sueño.
2. El gin me sabe a malas decisiones, a 3 horas de sueño, a invierno, a NO, no quiero, gracias. Que otros se jacten de sus gin tonics con pepino, a mí me siguen sabiendo mejor mis noches sin gin.
3. De Dylan Moran aprendí que hay tres tipos de vino: el que te hace decir “Mmm, qué rico”, el que te dan ganas de escupirlo y, por último, el que te hace aturrar la cara pero que al final, ¿sabés qué? no está tan mal. Y de mi experiencia aprendí que me gusta el merlot, el carmenere, el demi-sec, el sauternes, el rosé, el malbec, el chardonnay… de donde sean. Save water, drink wine.
4. Cuando tomás mucho NewCastle Brown Ale, engordás más. Pero, ¿qué más vas a tomar si no la mejor cerveza que existe? Sabe mucho mejor de barril que en botella.
5. De aperitivo, me regala un vaso de Portho, porfa. De digestivo, un poco de grappa.
6. Cualquier otro noche, una combinación de mezcal y cerveza. Si es Guatemala, escogería una Cabro para acompañar el mezcal en el Café No Sé. Si es en México, una Victoria y un cuich; o lo que me recomienden en la barra de El Bósforo. (Pues, digo, además de probar los demás que no conozco)
7. Y, hablando de Guatemala, ¿qué ondas con la Quetzalteca de Flor de Jamaica? No puedo decirle que no.
8. No recuerdo cuándo fue la última vez que tomé ron con coca-cola y agua mineral toda la noche. Traté de cambiarlo por vodka, pero ya no me puedo engañar a mí misma: no me gusta el vodka, me gusta el ron.
9. Yo puedo hacer margaritas bien ricas. Tengo mucho de no hacerlas. Nunca he sabido cuándo es un buen día para un pichel de margaritas. Allí me gusta más el tequila que en una serie de shots, como ocurre en ocasiones especiales; o en un descuido que alguien me regala uno.
10. Pero picheles de mojitos en la playa… allí sí sé cómo y cuándo. Y picheles de micheladas, también. Con cerveza Regia, (“una señora cerveza”, como decían sus anuncios a principios de los 80’s).
11. Whisky en la madrugada, uno tras otro… es bueno para almacenar anécdotas y pasarla bien en una boda (que incluye interrupciones de jaeggermeister o como se escriba.)

Le deseo a los que sí pueden tomar un poco de todo lo anterior.
Cerveza mexicana

Mala racha de buenos viernes

migraña memorable
Tegucigalpa, Honduras, Julio de 2014
Tuve una mala racha de buenos viernes que me mandó a la abstinencia. No sé que vino primero, si fue la migraña o el cansancio... Pero pasó que por el cansancio y para evitar la migraña, venía yo el viernes a una hora parecida a esta y decía "No, hoy no voy a salir, no quiero amanecer con migraña este sábado" porque me gusta hacer cosas los sábados y los domingos. Esas cosas que empezaste a hacher o que tenis pendiente empezar y que a medida avanza la semana no encontrás el tiempo de hacerlas... Ajá, esas. 

Y no, no era goma. Era despertarme desvelada cuando aún es una mañana linda, libre de malestar y de dolor de cabeza... pero, luego, poco a poco, ir sufriendo del efecto nocivo de las pocas horas de sueño machucadas y, también, de esos manojos tabaco.

La primera vez fue una noche tranquila, que empezó con rondas de cerveza hasta me ataron las manos y dijeron Paty, vámonos que hay que ir a cenar. Ok, está bien; pizza, entonces, entre cuatro y después vemos qué pasa... Y no sé cuántas conversaciones hubo esa noche que nos acabamos el vino, abrimos otra botella y todavía nos acabamos aquella cerveza inocente que rondaba la refri. Ouch, qué dolor. Take A Wok me va a ayudar, me llevará con ánimos a La Casa Tomada, elementos que juntos funcionarían como terapia. Predije las cosas mal: salí de allí con un dolor intensificado como que había crecido en función del tiempo, localizado atrás de un ojo en el lado derecho. Solo podía cerrar los ojos y escuchar diálogos y música provenientes de una pantalla.

"Hoy sí no quiero acabar a las 3 de la mañana" dije al inicio de una noche que acabó a las 6AM. Sí me fui del bar a las 2h, lo cual no está TAN mal, tampoco... Pero terminé de reírme, enviciada con Skittles y tabaco, a eso de las 6. No me fue muy bien el día siguiente.

(Ah, y un martes no me trató bien. 2 copas de vino, 1 trago de vodka en un fashion show se convirtieron en 3 cervezas con música de rock pesado de fondo y una larga lista de confesiones que terminaban con "pero no le contés a nadie", por supuesto. El pronóstico decía que no era para tanto, y que luego de 6 sólidas horas de sueño, yo iba a estar bien. Pues, se equivocó la lógica y amanecí sufriendo de una de esas intoxicaciones. Adiós, migraña; hola, muerte. Me recuperé con suero y fui a trabajar, porque este no es mi primer rodeo.)

Y después se me fue la mano: 7 cervezas* me tenían bailando y cantando Calle 13, señal de ebriedad con estómago vacío. Para prevenir acudí a unas tortas de la calle en la colonia San Luis, saliendo de La Maga, creyendo que media torta mexicana iba a amortiguar mis desórdenes. Resultado: amanecí peor que nunca y no me recuperé ni con suero. Eso sí, puedo decir que mi última resaca-intoxicaciónme sirvió para recuperar sueño perdido porque dormí como Audrey Hepburn en Roman Holiday ese fin de semana.

Mi siguiente sábado amanecí sin migraña y me fui a hacer exámenes de todo. Me encontraron una advertencia y una infección que probablemente fue por deshidratación pos-alcohol, y que con razón había pasado cansada y con migraña. Mis órganos se ven bien, dicen, pero a lo mejor he desarrollado una intolerancia a cantidades no excesivas de alcohol. ¿O qué es excesivo?

Después de abstinencia, pasé a un par de cervecillas, un reencuentro en el que aún hay cosas por resolver. Y ayer, volví a tomar vino. Olía familiar, encantador, y reconocí en su sabor tantas cosas, como encontrarme de nuevo con un gran amor. Ojalá este viernes empiece una mejor racha que incluya vino y no migrañas. 


Que huele a Grand Cru Classé
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Como como señorita, tomo como caballero


Así es, amigos. Como como señorita pero tomo como caballero. Es divertido. Como como señorita porque como en cantidades razonables que me permiten seguir disfrutando la comida, y el hambre se me va rápido si practico mi hobby de comer entre comidas, y ni peso mucho ni mido mucho como para necesitar abastecerme de muchos alimentos. Claro, hay días en donde despliego mi talento, mi buen diente. A veces es rico almorzar dos veces, tras haber desayunado tarde. A esas veces generalmente se les llama "fin de semana". Pero, con el alcohol, es más o menos al revés la cosa: así como hay veces que como mucho, hay veces que tomo poco... pero por lo general tomo mucho. Y al día siguiente, devastada por n cantidad de alcohol y mezclas creativas, estoy hecha pedazos. Es tan sencillo como eso: no debería de comer como señorita si voy a tomar como caballero. Aunque quizás ya me estoy haciendo inmune.

Era domingo y estábamos en la esquina de fumadores en la terraza del Hotel/Restaurante/whatever Roca Sunzal, Playa El Tunco Me preguntaron que cómo amanecí, que si estaba destruida o de goma, o bien. "Pues, osea. Allí voy" dije yo; a lo que me respondieron "Es que creo que a la Paty ya no le da goma. Paty, yo no sé cómo aguantás."

Y yo tampoco lo sé. Sólo sé que me acuerda a cuando, en mi primer primer año de la Universidad, descarté todas las enfermedades que me había autodiagnosticado productos de mi hipocondría porque me dije que así, con la energía que yo tenía de hacer todo lo que hacía y ser la última siempre, pues no podría estar como enferma-enferma, así como de-verdad-enferma, ¿o sí? Y esto se trata más bien acerca de ese sábado en El Tunco. 

Bueno la verdad es que mi sábado empezó cocinando a las 9h30 de la mañana, un brunch que se transformó en una reunión de trabajo que duró de la 1:00 hasta 2:30. A las 3 estaba en la casa de mi hermano, recorriendo su casa nueva y reconociendo aquel póster de El Padrino y su parte de lo que era nuestra colección de DVD's (llámese "El Consejo de DVD'S" los miembros elegidos de la familia quienes aportaban opciones de calidad a la colección de películas)... Después pasé a estar sentada y me tomé dos Paulaner, rubias, heladas. Felicidades, hermano, y qué bueno que sólo somos dos tomando cerveza el sábado por la tarde. Más Paulaner para nosotros. Más cerveza para mí. (Nótese como no almorcé, sino que tomé).

A todo esto, desde las 3:30 había mara en The Carrot Concept. Fue Weeekend's Afternoon Party, lo cual se traduce a: fiesta de lanzamiento de la primera colección de camisetas de la marca Weekend. Son diseños coloridos, camisetas cómodas, atractivas, ingeniosas (como la que me compré yo de la calavera que está tomando en un after)... En el jardín divino-hermoso de The Carrot Concept, había gente desperdigada, cervezas, música de The House Project, banderines, patinetas, y una como actividad de hacer tu propia camiseta. Ojalá hagan otra, que yo sólo llegué un ratito, me tomé una Suprema, y me fui. Era sábado, había que ir al Tunco.

La primera parada oficial fue Tunco Veloz Pizzeria. Dos porciones de La Tunca, degustación de vino tinto que una señorita nos llegó a ofrecer, un grupo diverso, caras conocidas, un Screwdriver (porque hay veces en las que vodka con jugo de naranja hace sentido) y una Suprema. Pasamos después a La Guitarra, a bautizar las pláticas y las cervezas por venir con Jägerbomb. Yo recuerdo mi primer primerísimo jägerbomb, en el 2008, y su ahora familiar efecto. Y estaba tocando Brujo, jazz fusión, jazz rico, jazz bailable, jazz que seduce, jazz de aquí. "Va a estar Brujo, el mejor grupo de jazz de aquí, tocan bien chivo, y el chero del teclado es buenísimo" Sí, Bernardo, I know them, I like them; por supuesto que me apunto a La Guitarra. Ah, y le pregunté que qué pensaba al respecto de dejar de salir los sábados por la noche, como víctima del síndrome Late Twenties: "¿Cómo dejar de salir los sábados por la noche, si hay esto los sábados por la noche?" respondió, señalando a Brujo iluminado por las lucecitas de colores.

Y allí estuve. De lejos, estoy segura, parecía que estábamos hablando y hablando. De cerca, estoy segura, parecía más bien que sólo estábamos emborrachándonos con Suprema. Y estos son los versos borrachos:

no hay tiempo
no hay dinero no hay destino
no hay rumbo
no hay responsabilidad
no hay euro 
no hay colón
no hay trabajo
no hay sonido
pero hay música en el silencio

***

"Hey, mara, ¡aquí dice beer! ¡Aquí está abierto y dice beer!"...No sé adonde íbamos. ¿Habremos estado caminando a la playa? No sé, pero nos quedamos en este lugar sobre el pasaje hacia la playa cuyo rótulo nos indicaba que mientras otros cerraban y los policías empezaban a fruncir más el ceño, este lugar tenía lo que queríamos. Resultó ser La Guarida, que me habían recomendado, un espacio pequeño, bien hecho, con ambiente y música y personas y conversación. Sobre todo conversación: habían tantas pasando al mismo momento. De 2:00 hasta las 3:30 de la madrugada, aproximadamente. Gorillaz empezó a sonar al fondo, combinando con el montón de pláticas que estaban sucediendo al mismo tiempo, todas en voz alta, frente a la barra, entre amigos nuevos y viejos. Si las pudiera juntar todas, el resultado fuera algo así: hay que viajar, hay que ir a Guatemala, a recorrer toda Guatemala en un espacio ridículo en el que no caben los trips a la playa, a Atitlán, a las cataratas, a Tikal; hay ganas de pupusas, de ir por pupusas con un italiano que habla como brasileño; otra Suprema y una botella de agua, porfa; Sí, nosotros hablamos aquella vez en The Lab, soy yo, "la prima de Massimo"... Liam Neeson es el mejor actor de cine de acción que existe, no sabemos cómo lo logra pero sigue envejeciendo y sigue siendo el protagonista de todo esfuerzo cinematográfico de acción y/o suspenso, y yo quiero hablar de Star Wars pero se habla de otras; mi hermana y yo nos peleábamos, ella me cuidaba, como la vez que llegué borracha y le dije que era un ángel por cuidarme... Las Trigueros, ahora todo el bar sabe quiénes son las Trigueros, y por allá estamos hablando de viajar, de nuevo...

La T-shirt de Weekend, la t-shirt del after.
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Verdades sobre el alcohol

Tal como lo planteaba en mi primer post de la serie "Verdades", "Verdades sobre el maquillaje", hay verdades que pueden ser verdad para uno, a medida sean conclusiones propias que uno da por sentado. Estas son algunas, pero no todas, de las verdades sobre el alcohol.

  1. El alcohol no sabe bien. De repente sí un amaretto o un Bailey's o incluso un Cointreau, un licor de Cassis (esencial para hacer Red Octobers) pueden tener aroma y saber atractivo, pero el güaro como el ron, el whisky, vodka, y la cerveza no saben bien, ni el vino. No es rico, no es por eso que se bebe. Sabe a etanol más que a una bebida sabrosa. ¿Que si es un gusto adquirido? Sí, y es por eso que ahorita los escucho decir "No, pero sí es rico; a mí me gusta..." A mí también me gusta.
  2. No es buena idea reemplazar la cena por un par de tragos. Yo he cenado cervezas, y no me ha ido mal; me la he pasado muy bien. El hambre desaparece mágicamente, el cuerpo se afloja y todo es maravilloso. Y las veces que he cenado cervezas que se convierten en tragos y en una noche larga, mi cuerpo se muere y hay que resucitarlo al día siguiente. He pasado con ganas de ir al hospital y que me metan suero, todo porque no es buena idea tomar con el estómago vacío. 
  3. El alcohol engorda. Pregúntenle a Sara Rue que rebajó 50lbs principalmente por dejar de tomar (o como decimos los salvadoreños, "chupar" en el sentido estricto de beber en exceso). El estómago es el primer órgano que procesa el alcohol y cuando uno ingiere el alcohol, el estómago deja de procesar alimentos, para poder agilizar el proceso por el cual pasa a la sangre y luego al hígado. Lo que estoy tratando de decir es que no son las calorías sino la forma en la cual se paraliza el proceso por el cual uno quema e elimina grasas. Conclusión: sí, el vino engorda menos que la cerveza, y si uno toma vodka y whisky con agua uno engorda menos, también; pero siempre engorda. Recomendación: ir al gimnasio regularmente para mantener hábitos de consumo de alcohol. Parece que esta publicación de Men's Health tiene la respuesta también.
  4. Mi (ex)siquiatra una vez me recomendó que tomara vino en vez de cerveza. Comparaba a las dos substancias porque las distinguía de los licores fuertes (güaro). Igual, no me queda claro si me lo decía porque a) él era conservador y le parece mejor que una mujer tome vino b) que me de más goma y me emborrache más rápido, porque el vino es más fuerte que la cerveza o si c) me lo aconsejó para acondicionarme a tomar menos, ya que (quizás según él) uno, en una sentada, se toma menos copas de vino que de cervezas.
  5. No es normal borrar tape. Borrar tape es sinónimo de black out, tener lagunas en las que no te acordás de nada. Algunos creen que es un síntoma asociado al alcoholismo, mientras que yo creo que a) a veces puede ser bien chistoso lo que te cuentan que no te acordás y b) es ligado a una cantidad excesiva de alcohol y c) aparentemente no es sano tomar tanto que no te acordés. Es posible tomar bastante y no borrar tape, sería una conducta más normal. 

Dejémoslo hasta aquí, y feliz día.


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Confesiones: El alcohol y yo


Confieso que hace 11 años, el 16 de febrero, me emborraché por primera vez. Confieso que más de varias veces he tomado en exceso y los efectos de esto... Van desde extra-sociabilidad, creatividad, falta de motricidad, irresponsabilidad, jovialidad, etc. Estas son de mis confesiones que tienen que ver como una o varias copas.

1. Cada vez que tomo, corro el riesgo de amanecer enferma. Independientemente de cuánto alcohol ingiera, existe una probabilidad de 50% de que yo esté necesitando suero y reconstruir mi flora intestinal. Hay días, hay días... Si hubo alcohol la noche anterior, puedo estar segura que las náuseas no son de embarazo.
Un auto-retrato que ilustra la jovialidad, una fase de la borrachera
1.1. Una vez, en mi enfermedad ingerida por el alcohol, llamé a mi gatsroenterólogo para pedirle ayuda y que me dijera si es normal... Él me dijo "Ah, yo casos de alcoholismo no veo..."...Soy yo, ¿o me dijo alcohólica?

2. Existen niveles de borrachera y uno de éstos es "tan bolo que te heriste o lesionaste". Una madrugada, salí de mi bar favorito y me doblé el tobillo, horrible. Mis recuerdos vagos son desde la calle, incapaz de caminar, ¡pidiendo auxilio! No caminé todo el finde y me pusieron un como porta-tobillos hasta el lunes fui al Dr. y me manosearon el tobillo. Anduve coja y padecí de una especie de goma-moral, pero no la dosis más fuerte como cuando sentís el arrepentimiento en la boca del estómago.... "¿Y fuiste al doctor?", me volvieron a preguntar; a lo cual yo respondí "¿Por qué toda la mara me pregunta eso?". Me respondieron que eso es lo que uno hace cuando tiene un accidente, uno va al doctor o al hospital. Sí, ¿veá?
2.1. Mi tobillo sigue malo.
2.2. Parte de la culpa la tuvo las botas vintage que usaban, con tacón desgastado...

3. En mi juventud-divino-tesoro, se me ocurrió ir en bikini con una amiga por las oscuras calles de San Blas, La Libertad, en busca de cigarros. Nos detuvieron y para mermar el descontrol vimos como vaciaron la botella de tequila. ¡No más!
3.1. Esa misma noche tuve una fase en dónde hablaba con acento de Inglaterra, algo que me avergüenza.
3.2. Mis acentos e interpretaciones o imitaciones varían según las circunstancias.

4. Dicen que el alcohol a todas nos hace más coquetas. Un día, le coqueteé a una maseta.

5. Dicen que el alcohol resalta una versión de nosotros, por eso de sus cualidades desinhibidoras... Hay quienes se vuelven más lloronas, más violentos, más sociopatas, quienes pasan de ser callados a hablar mucho o los "mal trago"....