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Paty y los superhéroes


¿A quién no le gustan los superhéroes? A muchos deben gustarle este tipo de  historias y marcas, si generan tantísimo dinero: Marvel “approached the 10 billion dollar mark” y se están dando duro DC, Marvel y Disney para compartirse el terreno. “Se puso las pilas DC, porque Marvel se los estaba hartando”, dicen.

A mí no me gustan los superhéroes, a mí me gusta Jesse Eisenberg. Las películas que me hacen moverme hacia (la pantalla de mi celular, para comprar las entradas antes de ir) al cine son comedias románticas como la trilogía “las de Before”, historias que te sacan el aliento como Room o, no sé, cualquier cosa la verdad. ¿Qué estoy diciendo? Ah, sí: si termino en el cine viendo una película de superhéroes no es porque me emociona la reescritura de mitologías anteriores de la cultura pop con la que crecí, ni porque me gustan las peleas y las explosiones, (vi suficiente John Woo en los 90’s.) Me valen ya mis recuerdos de haber visto X-Men en muñequitos y haber ojeado los comics de mi hermano (sin su permiso). No tengo ninguna simpatía por Christopher Reeve, el Superman original y la Mujer Maravilla me parece absurda. ¿Acaso nadie se da cuenta de la mirada de alcohólica-depresiva potencial que tiene? Me recuerda, en eso, un poco a I dream of Jeannie, pero… En fin, las peliculitas de superhéroes son algo que podría ver perfectamente hasta que las pasen en la tele y vivir hasta entonces en completa ignorancia, como me pasó con The Hunger Games que conocí a través de HBO. ¡Guau! ¿Qué es este mundo en el que coexisten Lenny Kravitz con un chamaco parecido al de the O.C. y J. Law? Y, cuando menos te lo esperás, aparece Julianne Moore y Phillip Seymour Hoffman, OMG. Aún así, me he encontrado viendo una que otra, como el viernes pasado que fui a ver Batman v Superman: Dawn of Justice.

Con mi criterio condicionado e ignorancia, puedo decir esto de mis top 5 superhéroes:

X-MEN me emocionó y me ilusionó, hace más de 10 años. Anna Paquin, ganadora del Óscar a los 12 años por su rol en The Piano,  no había hecho nada desde que le enseñó a volar a unos patos en Fly Away Home con Jeff Daniels, la Jean Grey hizo un buen trabajo y nos dejó picada con ese su triángulo entre el amarillo Wolverine (que no es amarillo en la película) y Cíclope o Laser Eyes o como se llame... en fin, divertida. Storm en su versión como rara y de fondo kills my vibe, Mystique es mi favorita porque se me hace la mutación más chiva y el Profesor X fue acertadísimo, lo amaba. Viendo para atrás, puedo entender a Young Paty y su amor por X-Men con esa inocencia que no sabía que después iban a venir miles de spin-offs raros como Wolverine X, Y y Z; y “First Class”, un nombre astuto que alude a volar en primera clase pero se refiere a como el génesis de esta mara mutante, con la linda sorpresa de un Magneto-Fassbender, Magneto-Shame. Gamito ya no es mi preferido, ahora es Magneto, tan incomprendido (y guapo).

IRON MAN tuvo las agallas de seguir los pasos de Liam Neeson, el actor de 60 y pico que nos enseñó cómo un hombre arriba de edad productiva promedio puede ser un leading man de películas de acción. Resurge, de las cenizas de su carrera mediocre, un Robert Downey Jr. rejuvenecido después del drama familiar Sherlock Holmes. Yo fui a ver la 3 al cine y salí pensando ¿han habido más películas con este personaje? ¿Quién putas son The Avengers y cuál fue esta experiencia traumática? Yo no sé, pero Roberto alias Iron Man tiene un interés amoroso que se mira interesante y no plano, y un armario divino con un montón de trajes chivos. En este aspecto me acuerda un poco a Madonna, pero sabemos que en realidad su trip es más el rock. Me encantó Iron Man. Ahora entiendo los diseños recientes de las pijamitas de St. Jack’s.

SUPERMAN me deja con sentimientos ignorados. Creo que no es culpa mía: nacer en el ‘87 te deja con herencias de la serie Lois & Clark con Teri Hatcher y te introduce a Smallville, que no podía dejar de ver, el Warner Channel insistió mucho. Para mí Superman no es chivo y si pronuncio las palabras Lex Luthor siento ese sabor amargo y plástico que me dejaron mis episodios de Smallville. Clark Kent no es chivo, es incómodo y vive una farse no sostenible. En el 2016 un periódico de verdad te despidiera por andar no-reportando y desapareciendo del escritorio, no hay suficiente trabajo como para vagos que no hablan y que mágicamente son poco atractivos con los lentes y sumamente diferentes a este Superman que vuela en calzoncillos rojos. ¿Qué ondas? No entiendo cómo fue que pasó, pero fui al cine a ver la que salió en el 2006. Ni sé cómo se llama, solo sé que Kate Bosworth es Lois Lane y que Superman tiene un hijo. ¡Horrible! Mala. Tan mala que hace ver SÚPER BIEN estas dos últimas de Snyder, apellido villanesco, como de alguien que habrá salido de Slytherin, obviamente. Me encantó ver que Krypton es una como proyección distópica que pasó por un sobrecalentamiento y agotamiento de recursos parecidos a lo que los humanos hacemos hoy en día en el planeta tierra. Yeah! Y llego a ver esta última donde Benniffer… que diga, Ben Affleck en su rol de Batman/Bruce Wayne pelea contra Superman… y tengo expectativas tan, tan bajas…. que salí encantada. Encantada con Holly Hunter, encantada con Jeremy Irons como Alfred, encantada con Jesse Eisenberg. Amo a Jesse Eisenberg. Le pongo 10 a todo lo que tenga su cara. No sabía yo que yo amaba tanto a Jesse Eisenberg hasta que vi The End of The Tour, la misma semana que vi Dawn of Justice; sesgándome por completo.

Uy, pero falta mencionar a Deadpool. Ya, ya sabemos que es de un superhéroe que no es un superhéroe y que Ryan Reynolds es guapísimo. ¿Cuál es la polémica? ¡Es chistosa! Me hizo reír mucho y a cada rato, combinando chistes fáciles con humor negro y políticamente incorrecto. Es refrescante, el breaking the fourth wall funciona y sí, es obvio que se está riendo de él mismo, y de Hollywood y de la categoría. Eso no lo hace menos chistoso. Es menos patana que Van Wilder y, claro, es muy llena de sangresita y accioncilla para mi gusto.

BATMAN está de último porque es mi favorito. No aguanto ver la primera, la del ‘89: no aguanto que no vaya al grano y verles caras de confusión a la Kim Basinger y al Michael (Birdman) Keaton, pero la respeto. A Tim Burton no mucho, no desde Alicia en el país de las Maravillas. Y el fracaso de Batman y Robin sirve solo para reírnos en retrospectiva de la ensalada de malas actuaciones y personajes como Mr. Freeze, la batichica y Poison Ivy y Robin y George Clooney que pertenecía a E.R. o haciendo cameos en Friends, no pertenecía en un traje de Batman. Pero no me avergüenza admitir que sí me gustó Batman Forever. El soundtrack me llegaba, lo escuchaba. Jim Carrey, estaba súper de moda y le pegó al Riddler, que aparte tenía su propuesta estética y verdosa. Two-Face era Tommy Lee Jones y era un poco como la versión mala de algo que hubiera hecho Tim Burton, pero yo tenía 8 o 9 años así que ¿qué importa? Funciona. Y no nos olvidemos del aura melodramática y tristona que nos compartió Val Kilmer. Dicho eso, recalco que lo mejor de Batman ha sido Batman returns y la trilogía de The Dark Knight. Es bueno tener cualquiera de esas en la compu, para ver y volver a ver.  


La mara.
Hulk no me interesa, por ejemplo.
Patricia Trigueros

Cine y volcanes

Paty echada en el cráter del Volcán Ilamatepec
Los domingos son buenos para salir. Salir de la cama, salir de la ducha, salir de la casa, salir de la colonia, salir de la ciudad, salir del país. Son buenos para ir a hacer aventuras volcánicas. Solo en El Salvador hay como mil volcanes. Cuando digo "mil" quiero decir hay 23: hay 23 volcanes activos o con actividades registradas. Un domingo 6 de marzo, como hoy, es perfecto para pegármele a la mara de Redpoint project para (finalmente) subir el Volcán de Izalco, el Faro del Pacífico. "Es un volcán muy joven..." y, pues, yo iba a hacer lo necesario para subirlo: taparme las patas para que no me entrara tanta piedra y arena, conseguir zapatos que no deslicen tanto como mis Gym Shoes... Pero con esta gripe estúpida que me tiene con malestar perenne, aparte de la clásica congestión que te deja con ojos llorosos y estornudos constantes... Y los mocos, los mocos son un fastidio... 

Así, mocosa, no puedo subir hasta la cumbre del volcán de Izalco. Puedo, en vez, posponer la aventura volcánica y quedarme el sábado despierta hasta las 2, retosando en una maratón de House of Cards, sentir que es un espejo porque yo y Claire tenemos el mismo pelo y qué paloma que aquí en El Salvador la política también es un espectáculo, porque lo que vemos es un desastre y detrás de ese desastre deben haber más relajos por desenmarañar. Pero, para comulgar las ganas de volcanes con las ganas de cine y televisión, esta es una lista de volcano movies*:
*películas cuyo mérito se limita a hablar de volcanes en la narrativa, nada muy meritorio de un Óscar como Room o Spotlight 


Joe Versus The Volcano (1990) es rara. No es la única película rara pero liviana que se produjo en esa época, claro: los el final de los ochentas/principio de los noventas albergó una cantidad absurdas de películas que ves y te quedás como que ¿ah? Bellezas como la comedia oscura Death Becomes Her (1992) y la joyita tierna Innerspace (1987)  con Dennis Quaid, aw. Lo más curioso fue descubrir un día en la tele, cambiando canales y quedarme absorta porque ¿cómo así que no estaba enterada yo de que Tom Hanks y Meg Ryan tienen una película así? En la que ella hace más de un personaje, además. Es el resultado surreal de un viaje al centro de un volcán, buscando enfrentar la muerte.

Si hablamos de Dante’s Peak (1997), estamos hablando de algo serio. La fui a ver al cine de chiquita y me marcó esta historia de un volcán que empieza a dar señales de vida en un pueblo estadunidense que se construyó en sus faldas. Hay geología, hay acción y hay amor. ¡Es genial! James Bond osea Pierce Brosnan es un geólogo-vulcanólogo experto del Washington Geological Survey que llega a este pueblo a vigilar el volcán, enamorar a la alcalde madre soltera Linda Hamilton (la de Terminator) quien tiene problemas no resueltos con su madre, un elemento importante de la trama. Todo lo que quiero es verla de nuevo antes de ir a escalar un volcán.

Ahora Volcano (1997) con Tommy Lee Jones, de la misma época (porque el final de los 90’s fue época de películas homólogas como Deep Impact/Armageddon, Antz/A Bug’s Life, Red Planet/Mission to Mars, etc..) es, pues, no tan buena (o igual de mala). ¿Cómo va a ser creíble que la ciudad de Los Ángeles es, de un día al otro, el cráter de un volcán?

Congo (1995) es algo interesante, que vi entre el 97 y el 98, porque ir donde la Cristy significaba ver películas, buenas y malas. Y obviamente habíamos visto el trailer y esta versión subtitulada en VHS de una historia de gorilas asesinos era un must. El tour-de-force tiene que ver con ríos de lava volcánica, el clímax de lo inverosímil de una película con pretensión de exotismo.

¿Por qué la fui a ver al cine? Asaber, pero lo que rescato de The Core (2003) es que está inspirada en El Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne, algo que leí de chiquita y amé. Solo que en esta evidente reescritura, el protagonista es este actor que sale en Thank You For Smoking y esta romanticona con Catherine Zeta-Jones, No Reservations, o cómo se digan; un Aaron Eckhart, narizón y simpático, poco convincente en su rol de geotécnico-salvador del mundo que nos lleva al centro de la tierra para protegernos de la tragedia por venir: el fin del mundo. Si es que supuestamente nuestro consumo nos está llevando a que la polaridad de la energía está cambiando y…. La volví a ver hace relativamente poco y me deprimí: nos estamos acabando el mundo, ¿ya para qué…?

Definitivamente son mejor en persona que en las películas, estos volcanes.

El cráter hermoso

Patricia Trigueros

Instrucciones para pasar el fin de semana

Paso 1: Mira al cielo y siente cómo se parece a diciembre.
Dormir hasta tarde es como un recurso en extinción, que empieza a desaparecer en la segunda mitad de los 20’s, ¿o no? Desde ya estás haciéndolo mal, si te dormiste tarde y tenés que madrugar. No, no, no: pará el reloj, cortá el teléfono, que el perro ya no le ladre y “que se callen los pianos y con redobles en sordina” porque las instrucciones para pasar el fin de semana empiezan con bastantes horas de sueño, a las que son invitadas todas las posturas para dormir imaginables. Dormir hasta las 12h30 alcanza para empiernar la almohada, estirarse como gato, dormir en diagonal, abrazar la esquina, y retorcerse con sueños lúcidos y extraños; una sábana liviana basta, porque la temperatura te va a abrazar y sacar de allí.

El siguiente paso es vagabundear por la casa y en una especie de pijama hasta que se junten los factores necesarios para emprender actividades sabatinas de mayor valor. (Viene la parte complicada) para definir planes almuerzo, se deben evaluar las opciones: ceviche en el mercadito de Merliot, o asistir a algún otro tipo de mercadito (i.e. El Mercadito que reúne a productores y diseñadores locales como CMNTO, o el mercado orgánico de Soya Nutribar…) pero, ojo, lo más importante es resolver el tema del almuerzo, porque las 2:00 p.m. es la hora perfecta para ir al mar, en grupo y no como viajero solitario. Ya la comida debe estar resuelta por algún adulto responsable/anfitrión y los miembros de cada equipo (entiéndase por “equipo” los grupos segregados en carros, porque no todos caben en uno solo…) deben preocuparse únicamente por comprar bebidas y boquitas. Es así que procedemos con bajarnos del carro en el súper, conseguimos una variedad de bocas y nos atrevemos a probar algo nuevo, como un té helado orgánico cuyo envase dice que es para una familia entera pero en la etiqueta dice que es para una persona. Pasadas las compras, se debe seleccionar minuciosamente la música del camino sin omitir la predilección del CD entero de Wild Belle, “Isles”.

Y al llegar a la casa de siempre, allí en San Blas, es importante ordenar el desorden de las bolsas del súper, ayudar a poner el mantel, sacar las sillas y el cenicero. Teniendo la opción de irse a revolcar al mar bajo el cielo grisáceo del cambio climático, la recomendación quedarse con un ejemplar de Antología del cuento extraño, edición de 1979 y eventualmente dejar que la muñeca se afloje y lo suelte, para poder hablar apasionadamente con quien haya tenido la misma idea de mejor no ir al mar, mejor quedarse aquí en la hamaca y que si nos dormimos, mejor… pero, alto, que ya vienen las personas de la arena a la piscina, algo que se puede combinar suavemente con dip y boquitas porque, ¿qué es una ida al mar sin boquitas? Y a alguien le compete la tarea delicada de sacar las luces discomóvil y manejar la playlist con altos y bajos que inviten al bailaje (c.f. acto de bailar colectivo), un juego mecedor de luces y canciones que, pasada La Gran Comilona en homenaje al más reciente logro de alguien del grupo, amenizan un juego de “¿Qué preferís?”. Para pasar bien el fin de semana es obligatorio tener buena disposición y contestar sinceramente a las preguntas de “¿Qué preferís?” hasta que pasen a conversaciones abiertas, divertidas, amenas que sacan lágrimas de risa.

Hasta ahorita, el fin de semana va tan bien que hay espacio para despertarse fresca como una lechuga que redistribuye riquezas y así tomar el mando de hacer el desayuno, sencillo y fácil: huevos revueltos y tocino, para todos; exceptuando aquellos que trasnocharon y se excedieron y que se excusaron de las interacciones sociales. Pero, ojo, que el desayuno termina justo a tiempo para cambiar de lugar. Para moverse, se debe encontrar el conductor y, más bien, el trip indicado, como una ida a una casa a unas cuantas playas, El Sunzal. Sobre un risco, encima de una cueva, pega la brisa y hay cocos recién bajados para que sirvan de suero natural, en la piscina, bajo el sol. ¿Quién se acuerda de The Matrix? ¿Por qué son tan malas las secuelas? ¿Cómo estará la nueva de Star Wars? ¿Y Lars Von Trier, qué ondas? ¿O mejor las de Disney?... Varían mucho las opiniones y los temas no se acaban…. aunque hay que pausar para ir y vestirse para ir a comer, porque son las playas de la Libertad --y al entrar, un rótulo te da la bienvenida a La Libertad, y se siente bien-- y hay de dónde escoger. El combo de medio wok en Take a Wok, una caminata hacia la playa El Tunco y un café americano (negro, clásico) en Dale!Dale!Café, es todo lo que cualquier ser humano con hambre y necesidad de cafeína puede pedir. Para un mejor resultado, procurar que sean las 3h30 de la tarde, hora en la que la luz empieza a hacerse más dorada y los reflejos del sol animan las olas del mar y las sombras cobran una vida particular en el resplandor reflejado sobre la bocana, justo al lado del ya mencionado café.

Una vez respetada la hora, los cuerpos actores del fin de semana deben encontrar su puesto frente a la vista de la Playa El Sunzal para apreciar el lento atardecer. Ver la hora dorada de justo antes que se acueste el sol, el arrebol y entregarse a la hora azul de siluetas hasta de pronto, poniendo la cabeza en posición incómoda y la vista hacia el cielo, ver estrellas infinitas y la vía láctea, manchas blancuzcas repartidas por el cielo oscuro.




" fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura."
Patricia Trigueros

Citas y cine de domingo

Cheesy bacon, perfecta para una película
Los domingos son días benevolentes, que te regalan el tiempo de armar planes domingueros. Las idas a la playa, a almorzar, a la montaña, a “publear”, al cine, a comer minuta, y cenar pupusas. Hay domingo más tranquilos que otros, como hay domingos tan divertidos que te dejan necesitando otros domingos. De este tiempo que amablemente nos ofrece el final de la semana, podés armar planes y citas contigo misma. Hoy, vos, ¿de qué tenés ganas? Postergá la hora de bañarte, quedate en la cama un poco más; estirate y soñá despierta con hacerlo todo.

Tenés chance de ir por las líneas de tiempo de las redes que consumís y leer. De pronto hay un cuento corto por en Letras Libres, y Brainpickings te habla de qué pensaban grandes autores de llevar un diario… Y piensas en vos y tus diarios o, en su defecto, en quienes conoces que tienen el hábito de llevar un diario… Regresás, por cuestiones de curiosidad, a leer en Slate sobre Esther Perel y la infidelidad, algo que te recuerda a conversaciones y discusiones acerca del mantenimiento y el deseo en una relación, o no… Vos no sabés, vos sabés solamente que vas a leer y tomar café. Hoy no tenés energías para cocinar.
No recordabas esa parte del primer capítulo y, avanzada tu lectura, aún en esta segunda oportunidad que le diste, no estás segura qué opinar al respecto. Muy obvio, ¿no? Lo que cuenta, es decir. Y si vas a hablar de lo obvio, encuentra una manera mejor de decírmelo.

Tu cita con la cama y la lectura termina abruptamente, interrumpida por el hambre y la atracción por Domino’s Pizza. Dicen que toda pizza es tamaño personal, si de verdad lo cree. También dicen que no hay que comer comida rápida y grasosa, que la vida es mejor sin gluten y sin carbohidratos y sin grasa. Yo digo que una película es mejor, a veces, con Domino’s Pizza Cheesy Bacon. Puedo compartir de mi pizza, pero déjenme a mí y a mi gusto por estos pedazos hermosos y ostentosos que combinan quesos con tocino y masa y… *suspiro*

¿Por qué no volver a ver Husbands and Wives? Quizás es que la has visto tantas veces que sos como inmune a lo terrible y horrible que ves dentro de ese largometraje de Woody Allen, o quizás sea tu amor por Woody Allen y por la pizza. Pero te fijás bien el la película, aunque ya la conocés: aprendés de nuevo de la tensión y los conflictos que habitan y animan a las dos parejas, lo paradójico de los conflictos que los persiguen después de un divorcio y los que nacen de no querer divorciarse. Entendés las frustraciones de los exes que se extrañan porque a pesar de todo en la cotidianidad se complementaban como con nadie más, aunque no las compartís vos desde tu sofá. Y comprendés el comportamiento irracional del personaje de Woody que persigue a la estudiante provocadora y ambigua, inusual; y también a Mia Farrow, que no se da cuenta de la creciente infatuación por Liam Neeson. Y cómo es de pasivo-agresivo te sorprende, el giro del peso que cobra este personaje. Debiste de haberlo visto venir. Lo vivís, lo entendés, pues el factor humanos y lo emocional esta allí y está en ti, aunque no has estado tú allí; te destruye. ¿O es que comiste mucha pizza? En todo caso, la cita con Woody Allen ha terminado.

Decidís romper tu compromiso con tu pijama, no porque la has dejado de querer; porque, al fin y al cabo, vivís en San Salvador y tu tolerancia al calor tiene un límite. Y viene el lapso posducha, en el que cabe una ida por café, por sorbete, por vicios secretos como ropa rebajada; como cabe el “momento toalla” seguido de una siesta. Al momento de letargo, cobijas, semi-sueño, que le sigue a la ducha, en toalla, y precede el momento de vestirse, se le conoce como “el momento toalla”.

Podés hacer lo que querrás con tus domingos, como guardar ese pan con pavo salsudo exclusivamente para acompañar la película que has querido ver desde que la viste anunciada. The Other Woman ya está en Let me Watch This, y Netflix muchas veces no te entiende, así que se vale. Sabés que no te va a gustar, que no es de las buenas comedias románticas. Solo va a abonar a la sorpresa de que sos consumidora de Rom Coms, que es casi una patología, pero tu pan con pavo sabe muy bien con algo ligero. A vos también te sorprende y no sabés si contarle a la gente de que voluntariamente escogiste ver una película que se trata de que cómo Cameron Díaz descubre que su novio está casado y se hace amiga de la esposa. No, no es así no más. Hay más: juntas descubren que hay otra, y ahora son tres las amigas que se dedican a vengarse. En el proceso, descubren como hacerse feliz a ellas mismas, por supuesto. Cameron Díaz, de hecho, hasta consigue a un Amor-de-su-vida.
Se te cruza por la cabeza volver a ver Trainspotting, ultra-fan de cómo te cuentan todo y cada una de las cosas que la componen, y emocionada cuando recordás las frases y el soundtrack… Pero te detiene saber que no la vas a aguantar. Tu sensibilidad no está hecha para esas escenas, esos bajos, esa vibra, y esas escenas (de nuevo). Ni tu corazón ni tu estómago pueden sobrevivir a ver Trainspotting un domingo antes de dormir. No lo hagás. Te va a dejar una mala imagen de lo que puede ser una cita contigo, con una película, con tu descanso, un domingo.

Domingo en la noche

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