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Viajes que no existen



El mapa de viajes que existen y no existen

There's is more concert envy than there are good concerts. 
- some guy 
Así como hay más envidia de conciertos que buenos conciertos, hay más lugares a los que he dicho que voy a ir de los lugares a los que he ido. Y cuando me siembran la idea, en mi cabeza voy y paso días allí. Sé que es improbable, pero digo sí, yo voy a ir, ¡vamos!

Nunca fui a Nîmes en mayo, pero me vi rodeada de paredes blancas, una noche calurosa. Allí estaría yo, en un recuerdo en el que no estoy ¿verdad? Los planes no salieron como dijimos que saldrían en nuestras pláticas por teléfono, pero no soy la única que le dijo al teléfono cosas que no pasaron. Cuando vi a Nîmes desde un tren, me acordé del viaje a Nîmes que no hice y no haré.
Nunca fui a Belgrado en el verano, pero recuerdo haber dicho que sí, que iría en Junio. Recuerdo escuchar sobre los puentes de la ciudad, la excesiva confianza con la que amigos se tratan y de las playas de Montenegro y, no creás, hay muchos apartamentos; y realmente verme allí, allí donde no fui, allí con mis amiguitos serbios que ya no he visto en (6) mil años. Imagino lo avanzado que estaría mi vocabulario en serbocroata, de haber ido a Belgrado en verano.
Nunca fui a Polonia, a pesar de haber dormido en Varsovia varias noches, tras llevarme conmigo mi cuadernito de Varsovia con aquella dedicatoria, yo también te kocham chie y no, no se dice así, ¿o sí? Lo sabría si habría logrado finalmente ir a Varsovia y a Cracovia y pasar un fin de semana, al menos uno de verano con noches pálidas, o en las playas frías que me prometieron y a las que llegué solo a través de esas promesas. Cerca (o lejos, no sé) de la casa en la que no dormí hay una plaza, en medio Varsovia, que se llama El Salvador, como (yo) mi país. Esa plaza me pertenece a mí y a los viajes que no he hecho.
Nunca fui a Estrasburgo, pero iba a ir, y era algo seguro. ¿Nos vemos en Strasbourg y te llevo como mi date? Seguro sí, y ahora hay que ver, porque que yo sepa es una boda, un matrimonio, grande, y es en las afueras. Y hoy no tengo ni puta idea de cómo es esa ciudad capital europea, cómo es su tranvía, cómo es la cultura, ni cómo putas son sus afueras, pero lo que medio odio es no haber estado en esa boda, porque j’ai raté también la civil y ¡cómo me encantan las bodas a mí! Pasar arreglada en vestidos, de boda en boda, por favor.
Ya no me fui a Japón este año, pero ya es un primer paso, todas estas ideas que me hice en mi mente y que quedaron allí nadando, seguro. Yo quien había dicho que nunca iría a Japón, así sin que nadie preguntara ni que llegara específicamente al caso, dije “Voy a ir a Japón en Marzo.” Llené el papeleo y apliqué, lo peor que te pueden decir es No y en eso era muy similar a the game of love: siempre he dicho que uno no tiene nada que perder, “siempre” siendo desde que superé mi miedo a quedarme esperando que me respondan un puto mensaje (ahora equivale a miedo a que te dejen en visto en whatsapp y antes, un email). Esperé y en la espera, sin saber si sí o qué, jugaba con mi pelo pensando en lo beneficioso que sería para mi cerebro conocer algo que no se interesaba antes por conocer. Me leí 3 libros de corrido (dos novelas y unos relatos) que me hablaban al oído de Tokyo y Kyoto y Nara, y Shinjuku en particular. Quiero que me rocíen los colores y el ruido y sentirme abrumada y comer delicioso. Tuve conversaciones acerca de todo lo que iba a aprender y rechacé dos comentarios acerca de los cherry blossoms que no estarían en flor para cuando yo llegara, pero al final me dijeron que no. No fui.
Nunca he ido a Oaxaca, pero cómo me encanta la idea de estar allí aunque no estoy y no estaré. Desde el 2006 me prometo ir, desde que Carole me dijo en 2006 que había que ir, que era su ciudad hippie en aquel tiempo (y la verdad es que me dan como ganas de irme a la Oaxaca de Carole, ¿no?). Fui en mi mente en las fotos de hierve el agua y agoté mi curiosidad averiguando sobre Hierve el agua y de cuando en cuando voy y veo en fotos ese cerro, con una cima llena de agua, a la que he ido sin ir, pero muero por ir. No me importa cómo es, ya me contó algo el amigo de mi papá sobre la belleza de la ciudad y algo sé de mis amigos que viajaron sin mí aunque siempre viajamos juntos, viajan conmigo sus voces porque, pues sí, seguimos siendo cercanos. Y desde un restaurante en Cholula en duodécimo mes del año antepasado, probé una tlayuda y viajé un poco a esa Oaxaca a la que nunca que ido.
Tampoco fui a Barcelona, que no era más que la ciudad anfitriona de L’Auberge Espagnole y aquellas fotos que me habían enseñado volviendo de vacaciones mis queridísimos vacacionistas barceloneses. Pero te iré a ver Massimo, le dije; me dije que yo también iría a hablar con desconocidos y tomar chupitos como mi hermana, mi contraparte con quien la comparación era inminente desde las salidas en mi infancia, vestidas iguales, que nos condenaron a una vida de gemelas sin ser gemelas. ¿Pero qué pasó? Compré mi ida-regreso Burdeos-Madrid por tres semanas, 41 € y dije que ay, ahí después cuadro mi viaje a Barcelona. Resultó ser más caro ir en AVE a Barcelona que quedarme en Madrid, ciudad que me atrapó, ciudad que amé. No sabía que iban a pasar 7 años antes de que pudiese yo finalmente ir a Barcelona, en 2016. Massimo ya no está, solo están sus recuerdos y el fantasma de cuando lo fui a ver, aunque no fui, mi viaje no existió.



Viajes imaginarios a Tokio, Kyoto y Nara 

Patricia Trigueros

Madrid con Santi o un título más elegante


c.f. un email del 2009


¿Te llegó mi wall-post? le pregunté una vez, a lo que él contestó que sí, que ¿cuándo has escuchado que a alguien no le llega un wall-post? Teníamos 1 año de vivir juntos y aún nos escribíamos mensajes en Facebook y también correos electrónicos, pues se me hacía que ya casi nadie escribía e-mails. Fue en un e-mail, de hecho, que él me propuso que nos fuéramos a Madrid­ –“él” siendo mi amigo, mi bromance, mi chero, mi asesor y colega.
12 euros! 12 euros ya! Dejamos a Edgar y nos subimos al bus drunk.
Y le hice caso y nos fuimos, luego de dejar a Edgar; habrá sido por estas fechas, ¿no? El 26 de junio estábamos allá, seguro. Pues, digo “seguro” cuando en realidad mi memoria es súper borrosa con respecto a ese viaje. Es como si alcohol que bebimos haya jugado el rol de filtro de mis recuerdos, que con los años se haya humedecido y hoy empaña aún la vista a esos días y noches en Madrid.
Fuimos a Casa Camacho con buena pinta, muy pulcros y serios, con los madrileños residentes y el visitante de Oviedo, también muy serio. A éste, me parece, lo devolvimos muy, muy ebrio después de rondas de bachata en Chueca. Usé gafas oscuras de noche, además, y besé de nuevo a la estatua de la niña de San Idelfonso en Malasaña y, si y solo si no me equivoco, fue en un espacio entre las 23 horas y las 6 AM,  entre Malasaña y Chueca, que dos noches después recordamos a Michael Jackson que recién había muerto.

...Se puso súper borracho e invitó a trago a todos los collocs de Dada...
Con labial rojo y décolté y todo, bailé quién-sabe-qué en un antro favoritísimo cerca de Chueca. Lo menciono porque, ahora que lo recuerdo, esa misma noche un amigo del bar me dijo que no le importa la muerte de Michael, ¡ha muerto Farrah! Y nosotros, mi roommate y yo, nos tomamos fotos absurdas y movidas con los azulejos verdes del baño del antro dolido por la muerte de Farrah Fawcett. Es que en esa época yo andaba una cámara que he reemplazado (tras su robo o extravío en mi apartamento en 2009) con un celular. Mejor, ¿no? Eso y que a él y a mí nos daba por tomarnos fotitos de yo besando a la cámara y él haciendo una mueca involuntaria, foto de again, s’il vous plait. Y después volví por alguna extraña razón haciendo un espectáculo que involucra mi labial, otro peinado y mi bufanda, como una procesión que terminaba en un taxi en el que apenas cabíamos, pero cupimos.
Y no recuerdo cómo dormíamos, pero amanecíamos y seguíamos. Fuimos a dar un paseo, incluso, a Hotel Kafka: le vimos de lejos, nos asomamos a imaginarnos las clases de Máster en Escritura Creativa y demás. Luego, nos fuimos. Seguimos.  Pasábamos de una noche con una mujer con bigote dispuesta a conseguir besitos, a un bar con un anciano en las últimas que con la caña que te sirven están los vestigios de tantos años de farra, un lugar ochenteros y plateado… a tardes burlándonos del copy publicitario de Starbucks y sus strawberry berry festive frappuccino white cherry mocha e Intimissimi (y a Bordeaux y su ausencia de modernidad le echo la culpa de esto, que nos tenía desacostumbrados a la diversidad marketera) y también a un mar de fotos de Annie Leibovitz, un mar que vimos y amamos. Ah, todo eso y kebab con vista al Templo de Debod, porque ¿por qué no? Debimos de haber dormido en Argüelles y no, no me acuerdo de habernos regresado juntos porque él, mi querido amigo “él”, se fue de Argüelles al aeropuerto de Barajas y de Barajas a Bogotá, Colombia.



Bros
Patricia Trigueros