Confesiones: Casada con Bordeaux vol. 2

Hola, no tener closet.
En el 2006 me casé con una ciudad, y le fui infiel; nos divorciamos en el 2010, como lo cuenta el post “Nostalgia o casada con Bordeaux.” Cuatro años que cobran vida al repasar las cosas que me hacen falta de mi exilio, y también al recordar aquellas cosas que me hacían falta estando allá. Si mi corazón y mi mente estaban divididas entre más de una ciudad, por supuesto que le iba a ser infiel con otros lugares… Pero, en fin, lo que quiero confesar son aquellas cosas que le hacían falta a mi matrimonio con Bordeaux.

Me hacían falta regularmente los atardeceres y amaneceres de enero y febrero de El Salvador. En esta época del año, la seca, son tan bonitos, despejados, multicolor, largos, seductores. Y los perdí, pues mis vacaciones salvadoreñas las tomaba en el período lluvioso del año. Me condené a mi misma a días húmedos y grises, amenaza de lluvia constante. Y, es más, desde abril ya son más vaporosos y más feos los atardeceres que nos tocan. Amo, y extrañé, estos atardeceres como el que vamos a tener hoy más tarde.
Café del Volcán

Me despertaba a menudo los sábados y domingos con ganas de subir al Café del Volcán Restaurante y Jardín Ecológico, sobre el km 20 carretera al boquerón; pues si ibamos y veíamos a mis papás, y llegaban aleros a hacerme barra, tenía una dosis de familia, comida y amigos que contrarrestaba el lado fiestero de mi fin de semana.

Y me hacían falta un trozo de familia y amigos, regados en los alrededores del mundo. Esto, al final, creo que es aún válido. Me hacen falta y quisiera ver a personas que ahorita están en Francia, como me hacían falta personas que están aquí en El Salvador en lo que yo vivía allá. Y están aquellos que viven fuera de ambos países, y el factor tiempo que se encarga de pronunciar los baches de tiempo que separan a los encuentros. Están las visitas, que son la so
family.
lución; y Skype, que es la medicina. Pero, yo no tengo Skype. Sí, me hacía falta y aún me falta tener Skype o equivalente.

Fuera de lo específico que son la familia y amigos que no están cerca, los adultos en general me hacían falta. Tenía 18 cuando me fui y me quedé sin conexiones cercanas con adultos como tías y tíos y papás de alguien, amigos de la familia; nadie mayor cercano que te puede contar anécdotas que empiezan con “hace 35 años…” o “en la guerra de…”. Esas pláticas pueden ser muy divertidas, encontrar puntos de vista separados por la diferencia de edad y juntados por lazos familiares o comparables a los de una familia. No, yo el adulto más cercano era la hermana de un amigo que era 12 años mayor. Y después se fueron sumando encuentros, pero no es lo mismo cuando uno vive en su ciudad de origen.

Añoraba tener los zapatos y los pies secos. En Bordeaux llovía suficiente como para que mis recuerdos sean de yo mojándome los pies en las idas y regresos del apartamento a la U, del bar al otro apart, de la estación de transporte público al apartamento de la amiga. Claro, en invierno era peor, por el frío y eventualemente la nieve. Tanto así que mis prendas favoritas eran mis botas de hule de puntitos J.Crew y mis botas de vaquero de Botas De Película El Charro. Impermeable is the way to go.

Cosas que extrañaba eran a veces básicos, elementos de tu día a día que uno da por sentado. Como un closet, la base de una cama, un horno. Zapatos que hechos para caminar, no mi colección de tacones que fue un error llevarme a vivir allá. Un día, le dije a un tipo “Tengo que comprar ganchos”, porque acababa de comprar mi closet amovible. Él me dijo “¿Qué? Nadie compra ganchos, todo mundo sólo consigue ganchos.” No, Julien; tú siempre has vivido aquí, tú coneguís ganchos. Los estudiantes extranjeros compramos ganchos.
Calidez en el frío de París

También me hacían falta los mosquitos/zancudos. Son parte de nuestra fauna, de nuestros paisajes. Un verano en una cocina en París, platicando con una amiga, la plática era cálida y sumado al calor de esa noche, me sentí en El Salvador. Le dije “Mari, si estuviéramos en Sivar nos estarían hartando los mosquitos.”
Bienvenido a La Libertad
Sol, playa y arena. Esto engloba varios de los elementos, como los mosquitos mencionados anteriormente, los atardeceres, el clima tropical, y la compañía. Es todo eso más el descanso, más las micheladas y la brisa, y todas las cosas que me enamoran de mis estadías en las playas del pacífico como la temperatura de agua, asolearme, las caminatas y hasta la frustración de que no se me vaya la arena del cuerpo ni del pelo. Te hubiera cambiado los viñedos y los croissants por playas de El Salvador.
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Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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