Mi primer viaje a México


De no ser porque he visto fotos de mi abuelo y yo juntos, habría creído que nunca lo conocí sino hasta después que me puse a leer su libro, El grito del más pequeño. El tema no es que no me acuerdo de Jorge Pinto, sino que no recuerdo nada de mi primer viaje a México.

Recuerdo arrastrar el peluche de un conejo y una almohada que yo llamaba Almohadita, objeto con el que tenía una estrecha relación de codependencia, al bajarme de un avión y atravesar la pista hasta llegar a un aeropuerto. Recuerdo bien poco de una casa en Puerto Vallarta en la que me raspé la pierna contra el azulejo celeste mosaiquico de un baño playero y que mi abuela me cuidó. Después, viendo las fotos de unas esculturas con de dioses griegos con tridentes, me acuerdo de subirme al monumento y de jugar con ellos.

No recuerdo si fue en el mismo viaje que fuimos a Puerto Vallarta y a México D.F. No recuerdo la Plaza de San Angelín de la que mi mamá tanto habla, ni el mercado de Coyoacán, ni la plaza del Zócalo en la que me abrazó mi abuelo que no recuerdo. Tampoco recuerdo los espejos del museo de Ripley, o donde sea que haya sido; ni el zoológico que mi hermana dice recordar. No recuerdo las pirámides de Teotihuacán, pero sé que ahí andaba yo a mis cuatro años vistiendo un un overol rosado que combinaba con mi hermana. Mi pelo era cortito, como los cortes pixie que ahora están de moda, marcando tendencias en 1992.



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Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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