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Cine y El Salvador



Tengo una debilidad por las listas de películas que ver. Taste of Cinema siempre me entretiene y a veces, esculcando opciones para mis sesiones personales de cine en la cama, me topo con otras listas. La última exploración me llevó al tema de latinoamérica, y entre títulos fascinantes y también el eco de conversaciones privadas sobre buenas películas de región, recordé una lista de películas que hacen alusión a El Salvador. Momentos específicos que aluden a mi país y la exportación cultural específica y menor es lo que estas películas y estas mini-reseñas tienen en común:


Buffy The Vampire Slayer (1992) Antes de que fuera una serie que enjaula la estética de los late nineties, vino la película. Creo que la alquilamos. No solo estaba de moda Anne Rice, también estaba de moda Luke Perry y Beverly Hills 90210 (¿por qué? eso permanece un misterio). Lógicamente, alquilar esta película sobre una chica rubia popular que se entrena para acechar vampiros malévolos en la ciudad de (probablemente, no estoy segura) Los Ángeles, era algo que debíamos hacer. ¡Y me encantaba! Hay amor y hay acción, suspenso, ¡lo tiene todo! El vínculo entre ser cheerleader y vampire slayer queda más que evidente. Aparte, a medida ella entra en esta lucha se da cuenta de las frivolidades que la rodean y aprisionan al prójimo. Referencia a El Salvador: Buffy (siempre he querido saber ¿a quién se le ocurre ponerle Buffy a su hija?) va subiendo las gradas eléctricas de un centro comercial junto a sus amigas y deja bien claro que nunca se iría a El Salvador, que ¿qué diablos va a ir a hacer a El Salvador? Puntos a Buffy por su orientación geográfica y prejuicios.


Clueless (1995) es una comedia inspirada en Emma de Jane Austen, lo cual se puede tomar como una reescritura literaria y se pueden examinar los personajes y su trama desde ese enfoque en dado caso sea necesario defender la integralidad del film. Aparte, contiene mucha intertextualidad con referencias a Shakespeare, Sonny & Cher, Los Picapiedra y El Salvador, etc. Sin embargo, no deja de ser una puesta en escena bien cuestionable en cuanto a forma y fondo. Independientemente del valor utilitario de Clueless, la historia de una niña consentida que aprende a amar después de conflictos con la popularidad y entregada al consumismo, yo era fan. Fue por un par de años una película para volver a ver y bailaba a mis 8 años su soundtrack espectacular, la veíamos en grupo con mis amiguitas y cantábamos “Alright” de Supergrass en nuestras pijamadas. Referencia a El Salvador: la empleada de Cher se enoja porque ella no es mexicana, cuando Cher alude erróneamente a su nacionalidad. Cher no entiende y su interés romántico y como hermanastro o algo así, Paul Rudd, le dice “es de El Salvador, it’s an entirely different country.” Puntos a Paul porque nos defiende y porque no ha envejecido NADA desde 1995.


No sé si es personal y es porque me encanta Pedro Almodóvar, pero Todo Sobre Mi Madre (1999) es genial. Con un tono claramente dramático que aún deja entrar guiños y chistes, la historia de Manuela, la enfermera argentina que tras el fallecimiento de su hijo va y vuelve a Barcelona buscando al padre, Lola. Esteban muere sin saber qué ondas con la historia de su padre, saliendo de ver una representación de Un Tranvía Llamado Deseo interpretado por la gran Huma Rojo, actriz que este mismo seguía. Entre la referencia a Eva al Desnudo (All about Eve) y el comentario que debería de traducirse a “Todo sobre Eva”, y la alusión a “te voy a contar todo sobre tu padre”, y el trasplante de órganos, empieza este viaje, con fotografía y arte y colores divinos, en el que conocemos a Agrado, a Huma, a Nina, una adicta a las drogas y la otra adicta a la una; y Rosa, la enfermera que nadie sabe cómo se le ocurre follar con Lola. Esta película es uno de mis varios amores Almodovarezcos. Referencia a El Salvador: la madre conservadora de Rosa está asustada de que su hija quiere irse a El Salvador, país en guerra que recibe cooperación y Rosa, voluntaria. En el ‘99 que salió la película, El Salvador no estaba en guerra. Esta referencia nos obliga a situarnos un poco en el tiempo de España ochentera, a menos que se perciba desde aquel otro continente que seguíamos en guerra, pero hoy no vamos a hablar de los acuerdos de paz.


Debo admitir que me gustó mucho Training Day (2001) cuando la fui a ver al cine con mis amigos, como si fuera una salida de chicos. Me marcó ver a Snoop Dogg en la pantalla grande y la corrupción y el deterioro de los personajes. Me afligí. Referencia a El Salvador: Eva Mendes es la novia o amante del personaje de Denzel Washington y les trae una bandeja diciendo que les había preparado comida de mi país. Puntos al guionista de Training Day porque Denzel Washington ganó un Óscar ese año, y sobretodo porque yo me he escuchado diciendo también cosas como “now this is all El Salvadorian food”.


Creo que he visto The Last Kiss (2006) suficientes veces (2) para saber que es mala. Nunca he visto la original, L’ultimo baccio (2001), pero esta adaptación à la Zach Braff no es tan buena como Garden State, y eso que Garden State no es tan buena (no envejece bien, pero le tengo cariño porque nos dejó a The Shins). Un poco melodramática pero sin más, es como un poco plana, ¿no? Rachel Bilson desespera y las subtramas no traen mucho a la mesa tampoco. Referencia a El Salvador: uno de los amigos, en estas subtramas equis, decide que se va a ir a Sudamérica y suena de fondo la canción “El Salvador” de Athlete. Puntos porque la canción resultó ser bastante pegajosa y me ayudó a entender lo que me cantó un tipo que conocí en la universidad en el 2007, cuando le dije que era de El Salvador. “Como la canción”, me dije. Sí, yo llevo años en la universidad.





Patricia Trigueros

Cine en el cine

Diversidad en las salas del cine


Muchas veces abogo por sustituir la ida al cine por cine en la cama, el innovador concepto que te permite ver desde tu cama alguna película maltripeante que solo snobs dicen que es divertido o, también, una comedia romántica à la When Harry Met Sally. ¡Las posibilidades son infinitas! Sin embargo, otras veces soy tradicional y veo cine en el cine. El resultado de lo que ves en el cine puede ser igual de ecléctico que el de una cineteca personal.
Cuando fui a ver The witch (2016) esperaba algo estilo The Village (2004) de M. Night Shyamalan  mezclado con The Blair Witch Project (1999). El morbo se había regado ya en varios artículos por internet y entre chats con mis amigos, ¿cuándo diablos va a venir The witch al cine? ¿Cómo van a ser esos sonidos? Hay que ir a escucharlos en el cine. Y lo que vi, pues, fue bien perturbante. Mucha complejidad en la historia contada a través de personajes que vas viendo, escenas que no esperás, y mixed feelings con algunos más que con otros. Terrible, horrible; buena. Flashbacks a mitad del tráfico causado por la construcción del nuevo paso a desnivel del redondel Masferrer. No es el tipo de terror que yo esperaba.
X-Men: Apocalypse (2016) en español es igual que verla en inglés, porque hay tan poco diálogo que las escenas se encadenan sin que el oído perciba las sutilezas de lo que se pierde en el doblaje. Sí es un poco ridículo remontarse al Antiguo Egipto versión Hollywood-caricatura, y también es un poco excesivo pretender (de nuevo) que estamos haciéndole frente al apocalipsis. Por otro lado, el joven y optimista profesor X (James McAvoy) y el joven Magneto con problemas de identidad (Michael Fassbender) mueven la historia que conocimos en las caricaturas y en los cómics, y es bueno recordarnos de las distintas versiones de estas historias…. o, bueno, es bueno para mí porque disfruto ver a esos actores y me divierte recordar que si en los cómics Cíclope le da baje a la Jean Grey, y que ¿en qué momento aparece Rogue? “Rogue te mata, con un beso…” Y no, no entiendo por qué insisten en sacar a Wolverine, que ha estado allí para siempre y tiene mil años. Sobre todo comparándola con otros esfuerzos modernos como Jurassic World, esta nueva serie de X-Men, que empieza con X-Men: First Class, es muy buena.
Del director mexicano de Después de Lucía, Chronic (2015) con Tim Roth te impacta desde la primera escena, por el estilo fotográfico y lo explícito. Me acuerdan muchas de estas secuencias a lo que he visto en algunas películas de Martin Scorsese: las escenas no son sugerentes, sino largas y te lo muestran todo. Eso, un ritmo pausado, te va contando la historia de un tipo con sus idiosincrasias raras, que cuida de personas con enfermedades terminales. La magnitud de su situación, de por qué es así, es revelado poco a poco. Entendés al final por qué es así, y si hay cambio o no queda a tu juicio cuando ves el final.
Componentes de El Exorcista (1973) están en tantas películas de terror, que yo más o menos ya la había visto. Verla por primera vez en el cine, como uno de los Clásicos de Cinemark, me parecía la mejor opción para el 14 de febrero. Mi impresión, al final del horror y el terror, es que qué buena historia.
Fuimos un miércoles a la función de las 9 y algo un miércoles, porque una película tan rara como la reinterpretación shakespeariana de Macbeth (2015) con Michael Fassbender no es algo que dura en la cartelera. No es algo como Capitain American: Civil War, películas que por alguna razón se multiplican como gremlins y se exhiben en 5 salas por 5 semanas. Volviendo a Macbeth: no sé cómo describirla, excepto mencionando que juegan juntos una cinematografía épica, diálogos de la obra original de Shakespeare (que uno entiende gracias a la magia del subtitulaje) y un drama histórico que nos dejó diciendo –en medio de la sala de cine que ya se va aclarando porque te encienden las luces como quien dice “andate”– “osea que nunca acaba.”


El primer mutante

Patricia Trigueros

¿La película o el libro?

Sunday book-film-partyyyyy

Yo digo que ambos, fácil; aunque dicen que es hacer trampa escoger dos de dos opciones (lo cual me hace a mí tramposa, en fin…) Puedo disfrutar de una buena película como de un buen libro, y ver las correspondencias entre una buena adaptación de un buen libro. No puedo hablar de todas las adaptaciones que se han hecho al cine, pero sí de algunas, de mis favoritas:

Vampiritos

¿Cuántas veces se han contado historias de vampiros? No, no estoy hablando de Twilight (2008). Hablo de Interview with a vampire (1994) con Tom Cruise y Brad Pitt, y Kirsten Dunst y Antonio Banderas, quien dice en una escena con su acento español que él, The Vampire Armand, era el “oldest living vampire in the world.” Neil Jordan fue el director que juntó a este cast para adaptar la novela de Anne Rice. Aparte, usa a Christian Slater, como buen director de los 90’s, antes de que los 2000’s enterraran a este actor en el olvido. Es la historia de Louis y se mezclan escenas de diferentes épocas, con un tono melancólico y humano que muestra los recuerdos y arrepentimientos de un vampiro, animado con lo ácido y cómico del Vampire Lestat. Me dio ganas de leer la saga vampiresca. Luego, vi Bram Stoker’s Dracula (1992) de Frances Ford Coppola. El libro me dejó con sensaciones similares a la de la películas, aunque en su lectura podés apreciar más la forma epistolar y la riqueza de alternar narrador. En la película se ve un Drácula que no había visto antes, Gary Oldman multifacético a quien amé; y lleva a la superficie masiva una lectura precisa de esta figura popular, este Drácula, este vínculo estrecho con Mina. Pero hay algo mejor: la serie animada de Cartoon Network, “Mina and the Count” de 1995. Vienen de lo mismo, ¿no?

El primer episodio, “Interlude with a vampire”, es de las joyas que recuerdo haber visto en la infancia.

Mi infancia en mi vida adulta

Mi vida adulta conserva este pequeño gran estima por la literatura de Roadl Dahl, un genio. Es sorprendente cuantas películas buenas salieron de sus libros buenos, en diversas formas y tamaños: The Witches (1990) con Angelica Houston, avillanada como ya la hemos visto, y unos ratoncitos/niños; Willy Wonka and the Chocolate Factory (1971) con Gene Wilder y el niño rubio (y bueno) como todos los protagonistas de las historias de Dahl y Matilda con Danny DeVito y Rhea Perlman, los padres malévolos, la matrona que jugaba con jabalinas y la magia del cerebro lector de Matilda.

“Yo quería ser Matilda y Harriet the Spy”. Aunque el libro de Harriet the Spy me hizo cómplice, la película tenía algo que te hacía ver a Michelle Trachtenberg como la heroína perfecta y entendías su relación con la Rosie O’Donnell. No la quiero volver a ver para no arruinar ese recuerdo.

Wes Anderson quiso homenajear a Roald Dahl con The Fantastic Mr. Fox, pero quizás no debí de haberla visto con ganas de ver algo Wes-Anderson-like como The Royal Tenenbaums. No, no me gustó. Pero si tuviera que escoger entre esa adaptación y lo que Tim Burton hizo con Alicia en el país de las maravillas (2010), me quedo con la de Wes Anderson. El libro es lo que cada lector quiere que sea, pero cuando veo la adaptación de Disney, la Alicia animada que canta con las flores, que crezca y se achiquita y se droga; se odia, se ofusca, le da vuelta a todo, veo una adaptación acertada.

Más cositas

Quiero leer the Graduate de Charles Webb, al mismo tiempo que veo The Graduate (1967) con su fotografía preciosa y soundtrack abrazador de Simon and Garfunkel. Icónica, esa Mrs. Robinson (Anne Bancroft); tanto que resuena en la última temporada de Mad Men, porque ser una Mrs. Robinson significa algo, nos lo dejaron Charles Webb y Mike Nichols. Y nos vemos en Ben, que no sabe qué quiere. ¿Alguien está seguro de lo que quiere?

Quiero releer About a boy (2002)y ver la película, ganadora de un Óscar por mejor guión adaptado. En el libro son dos narradores, en el cine son voces en off; en uno es Nirvana, en el otro, Mystikal. En ambas hay comedia y ternura, dos personajes paradójicamente unidos.

Quiero volver a ver Room (2015), con el guion y el libro a la mano. Ver y leer la voz de un niño que a sus 7 años nunca ha salido de ese cuarto. Ver y leer el impacto de ese trauma.

(Aunque hoy, me sale más fácil ir al cine y ya; pero podría incluso volver a ver a la Anne Bancroft en la adaptación de Alfonso Cuarón, Great Expectations (1998), donde todo es verde, donde en lo terrible del drama aún hay estética, separándose de la historia original de Dickens pero dejando intactos las equivalencias claves en DeNiro, Ethan Hawke y Chris Cooper. ¿Por qué todo es tan verde?)
BEEEEENNNNNNN....!!!!!!!!!

Patricia Trigueros

Citas y cine de domingo

Cheesy bacon, perfecta para una película
Los domingos son días benevolentes, que te regalan el tiempo de armar planes domingueros. Las idas a la playa, a almorzar, a la montaña, a “publear”, al cine, a comer minuta, y cenar pupusas. Hay domingo más tranquilos que otros, como hay domingos tan divertidos que te dejan necesitando otros domingos. De este tiempo que amablemente nos ofrece el final de la semana, podés armar planes y citas contigo misma. Hoy, vos, ¿de qué tenés ganas? Postergá la hora de bañarte, quedate en la cama un poco más; estirate y soñá despierta con hacerlo todo.

Tenés chance de ir por las líneas de tiempo de las redes que consumís y leer. De pronto hay un cuento corto por en Letras Libres, y Brainpickings te habla de qué pensaban grandes autores de llevar un diario… Y piensas en vos y tus diarios o, en su defecto, en quienes conoces que tienen el hábito de llevar un diario… Regresás, por cuestiones de curiosidad, a leer en Slate sobre Esther Perel y la infidelidad, algo que te recuerda a conversaciones y discusiones acerca del mantenimiento y el deseo en una relación, o no… Vos no sabés, vos sabés solamente que vas a leer y tomar café. Hoy no tenés energías para cocinar.
No recordabas esa parte del primer capítulo y, avanzada tu lectura, aún en esta segunda oportunidad que le diste, no estás segura qué opinar al respecto. Muy obvio, ¿no? Lo que cuenta, es decir. Y si vas a hablar de lo obvio, encuentra una manera mejor de decírmelo.

Tu cita con la cama y la lectura termina abruptamente, interrumpida por el hambre y la atracción por Domino’s Pizza. Dicen que toda pizza es tamaño personal, si de verdad lo cree. También dicen que no hay que comer comida rápida y grasosa, que la vida es mejor sin gluten y sin carbohidratos y sin grasa. Yo digo que una película es mejor, a veces, con Domino’s Pizza Cheesy Bacon. Puedo compartir de mi pizza, pero déjenme a mí y a mi gusto por estos pedazos hermosos y ostentosos que combinan quesos con tocino y masa y… *suspiro*

¿Por qué no volver a ver Husbands and Wives? Quizás es que la has visto tantas veces que sos como inmune a lo terrible y horrible que ves dentro de ese largometraje de Woody Allen, o quizás sea tu amor por Woody Allen y por la pizza. Pero te fijás bien el la película, aunque ya la conocés: aprendés de nuevo de la tensión y los conflictos que habitan y animan a las dos parejas, lo paradójico de los conflictos que los persiguen después de un divorcio y los que nacen de no querer divorciarse. Entendés las frustraciones de los exes que se extrañan porque a pesar de todo en la cotidianidad se complementaban como con nadie más, aunque no las compartís vos desde tu sofá. Y comprendés el comportamiento irracional del personaje de Woody que persigue a la estudiante provocadora y ambigua, inusual; y también a Mia Farrow, que no se da cuenta de la creciente infatuación por Liam Neeson. Y cómo es de pasivo-agresivo te sorprende, el giro del peso que cobra este personaje. Debiste de haberlo visto venir. Lo vivís, lo entendés, pues el factor humanos y lo emocional esta allí y está en ti, aunque no has estado tú allí; te destruye. ¿O es que comiste mucha pizza? En todo caso, la cita con Woody Allen ha terminado.

Decidís romper tu compromiso con tu pijama, no porque la has dejado de querer; porque, al fin y al cabo, vivís en San Salvador y tu tolerancia al calor tiene un límite. Y viene el lapso posducha, en el que cabe una ida por café, por sorbete, por vicios secretos como ropa rebajada; como cabe el “momento toalla” seguido de una siesta. Al momento de letargo, cobijas, semi-sueño, que le sigue a la ducha, en toalla, y precede el momento de vestirse, se le conoce como “el momento toalla”.

Podés hacer lo que querrás con tus domingos, como guardar ese pan con pavo salsudo exclusivamente para acompañar la película que has querido ver desde que la viste anunciada. The Other Woman ya está en Let me Watch This, y Netflix muchas veces no te entiende, así que se vale. Sabés que no te va a gustar, que no es de las buenas comedias románticas. Solo va a abonar a la sorpresa de que sos consumidora de Rom Coms, que es casi una patología, pero tu pan con pavo sabe muy bien con algo ligero. A vos también te sorprende y no sabés si contarle a la gente de que voluntariamente escogiste ver una película que se trata de que cómo Cameron Díaz descubre que su novio está casado y se hace amiga de la esposa. No, no es así no más. Hay más: juntas descubren que hay otra, y ahora son tres las amigas que se dedican a vengarse. En el proceso, descubren como hacerse feliz a ellas mismas, por supuesto. Cameron Díaz, de hecho, hasta consigue a un Amor-de-su-vida.
Se te cruza por la cabeza volver a ver Trainspotting, ultra-fan de cómo te cuentan todo y cada una de las cosas que la componen, y emocionada cuando recordás las frases y el soundtrack… Pero te detiene saber que no la vas a aguantar. Tu sensibilidad no está hecha para esas escenas, esos bajos, esa vibra, y esas escenas (de nuevo). Ni tu corazón ni tu estómago pueden sobrevivir a ver Trainspotting un domingo antes de dormir. No lo hagás. Te va a dejar una mala imagen de lo que puede ser una cita contigo, con una película, con tu descanso, un domingo.

Domingo en la noche

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