Dating yourself, un mapa

A Breakfast Date
La noción de Dating yourself tal como la empleo nace, creo, de una relación epistolar que mantuve entre el 2008 y el 2010, en un email en el que él mencionó sus planes de ir solo a tomarse algo. Es obvio (para mí, porque soy fan) que quizás su origen data de antes, de la temporada 5 de Sex and the City, de cuando Carrie decide que no está soltera sino, más bien, está “dating the city of New York”. Es entonces que la vemos llevarse al cine, llevarse al Guggenheim Museum… aunque eso termina en una escena patética llena de lluvia, pero bueno. Sí, se trata de llevarte a ti misma/mismo on a date. “Yo me amo y me caigo bien, me voy a llevar a una cita” o algo así leí por allí. Sí, el tema es, por un lado, atenderte y tratarte bien. Por otro lado, consentirte. Y, por último, divertirte y entretenerte. Pues, sí: que sea divertido y entretenido compartir un café, una copa de vino, con alguien… Lo malo es que suena a encender varios cigarros, mientras que a solas no fumo mucho (le llamo “el cigarro social”, mi debilidad)… no significa que te la vas a pasar sentándote contigo mismo. Tuve una roommate que no toleraba andar sola, pero ni haciendo mandados. “Vení acompañame a la Préfecture”, “Acompañame a inscribir materias, después vamos a hacer tus cosas”. Vaya, chivo, démole. Respeto mucho esta tendencia a buscar compartir y tener compañía. Aún así, celebro dating yourself y recomiendo probarlo, si es que no lo han hecho ya. A mí me encanta date myself, en todas sus variantes, y aquí un mapa de dónde ir, un mapa de citas.

El clásico, el original, incluye un par de tragos y tabaco. Esto se puede dar en la comodidad de tu casa, escogiendo la música; o, también, una tarde noche en La Ventana. Es una cita flexible, hermosa, a la que te llevas para compartir nada que no sean los pequeños placeres como compañía y vicios. No necesitás de alguien más para tener una conversación que te llene y te haga aterrizar ideas, reflexionar sobre nuevas cosas. No es que hablés solo, hasta yo te viera raro, es perderte en tus pensamientos e ideas, y llegar a otras. (Aunque, ahora que lo pienso, suena a una buena cita si le añadís quien te de esa dosis de conversación y atracción). También sirve muy bien para desconectarte, como cuando voy al gimnasio. Va bien con un cuaderno y yo pondría a la Ella Fitzgerald.


Y, de hecho, La Ventana a mí me ha funcionado muy bien para tomarme una cerveza en la tarde. Así de sencillo, yo y una cerveza, una tarde en la terraza. La tarde caliente de San Salvador, la cerveza helada, y a esa hora no hay ruido que moleste, sólo brisa de la terraza. Lo hice para celebrar conmigo misma que me había ido muy bien en una entrevista en el 2012, y otra vez porque no podía con la cólera, tanto que mejor me relajo con una Pilsener Draft. Otras veces, sólo es cuestión de matar tiempo hasta que se incorporen los demás al Afternoon Delight, como dice la canción. Ah, y ayer lo hice también, pero en mi terraza.
Cold beer, warm afternoon.

No, no soy alcohólica. Al contrario, si el alcohol aún es un placer es porque no tengo una relación patológica con él ("él" siendo el alcohol). Lo que estoy tratando de decir, aparte de que esto no se trata de el alcohol y yo, es que más allá de ir a tomarte algo, podés llevarte a comer. No hace falta que alguien venga y te invite, que sea en una cita romántica o amistosa, ni en una ocasión especial.
Si tenés antojo de algo, andá por ello. El ciclo pasado en la U, a las 7am llegaba con mi ropita de gimnasio para irme a hacer ejercicio a las 8h30 que acabara la clase. Sin embargo, un día pasé toda la clase con antojo de pancakes, desayuno, algo así. Salí y me fui a sentar a la San Martín de Multiplaza, y me pedí mis huevos benedictinos y fui feliz. Es cierto que dicen que el desayuno es el tiempo de comida más importante del día, ¿por qué no salir por uno que te agrade de vez en cuando? Recomiendo también un café y un croissant, o un tiramisú, en Le Croissant. Aunque yo pueda hacerme mis desayunos a la medida de mis antojos, a veces existe la necesidad de salir de la casa, cambiar de aire y de cancha, para poder seguir. No hay que esperar que alguien lo haga por vos. Y los almuerzos a solas también me seducen, aunque no me seduce tanto cuando me pasa porque 1) no llevé lonchera y 2) nadie quiere comer conmigo. Cada quien sus ocupaciones. Sin embargo, son sumamente entretenidos. Últimamente me he enamorado de un sándwich Turkey Bacon Club del Súper Selectos, que me acompaña al Starbucks, y convivo con un Starbucks refresher de Very Berry y mi almuerzo. Saco un libro, revista, o el celular, depende de mi humor, y disfruto de mi soledad y de mi privacidad. Un día, se la puedo compartir, mi privacidad* y mi hora de almuerzo, a quien quiera acompañarme a tan hermoso y sencillo momento de media jornada.
*Privacidad, no vida privada. Mi vida privada la comparto a cada rato al escrito y al oral.

Buena combinación, buen date.

Mi amiga colombiana Maria del Mar, que por un tiempo fue mi “compañerita de la U” cuando estudiamos Lettres Modernes y hoy somos colegas en Xpressate.net me dijo un día que me atreviera a ir por una cerveza sola. “Si de todos modos vas por café sola, ¿cuál es la diferencia con entrar a un bar sola?” Es cierto, pensé yo; me la pasaba de café en café, por el placer de escribir mientras fumaba. En mi apartamento no se fumaba, por orden del propietario invasivo y sicótico. Después me mudé, pero me llevé conmigo la costumbre de ir a diferentes espacios a escribir con mis cigarrillos y mi exceso de café. Ahora tomo no tanto café, y escribo menos, también… y no cambia mi gusto por cafés acogedores, con personalidad. Pero hasta que Maria me dijo que me animara a entrar al Dick Turpin’s sola, no lo hice. Me encontraba a gente de la Uni y les decía “Nada, aquí. Sola.” Conocía a personas y la respuesta a “¿Con quienes andás?” era “Fijate que sola.” Siempre, creo, terminaba con "Vení, sentate con nosotros". Me hice chera de los clientes frecuentes, quienes no habían nacido en el ‘87 como yo. Todo lo que me pasó fruto de mi afinidad por el Dick Turpin’s es culpa tuya, Maria. Vos me lo aconsejaste.  

Pensar que cosas como salir solo “no se hacen” está mal desde el momento en el que existen personas que, pues, lo hacen. Yo nunca he ido a ver una película al cine sola. Soy más de “cine-en-la-cama” que de llevarme a Cinépolis o Cinemark, pero no se me hace para nada raro pensar que hay quienes se llevan al cine como lo hizo Carrie Bradshaw en ese episodio que mencioné, o como lo hizo mi novio cuando salió “la nueva de Superman”. Citando a Maria del Mar, “Me aterra el temor generalizado a la soledad. No entiendo qué puede tener de “raro” sentarse en un restaurante solo, ir a cine solo, llegar a un evento solo… SOLO… cuatro letras que parecen fustigar a más de uno hasta el punto de obligarlo a estar en la búsqueda constante de cualquiera.” Siempre he pensado que la soledad conlleva las ventajas de privacidad y autonomía, y que es algo de lo que no debemos huir sino que apreciar. Buscar una pareja significa, más que llenar vacíos, compartir lo lleno que podemos estar, dejar ver lo que nosotros nos enseñamos, selectivamente. ¿O me equivoco? Y no por estar dating a alguien significa que debemos de dejar de date ourselves.







Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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