Ganas de viajar

Paty Takes Guatemala, con una almohada para el cuello
Viajar, o lo que uno siente cuando viaja, se puede describir de múltiples maneras. A múltiples percepciones, múltiples definiciones y diferentes las elecciones de palabras justas. Pero, retomando palabras mías y las de alguien más, viajar es recorrer un mundo nuevo, encontrándote con cosas nuevas y aprendiendo, y que te gusten cada una de las cosas que encontrás. Experiencias que te suman, pasando por choques culturales o interpersonales que te hacen darte cuenta de quien sos a través de esa confrontación con diferencias. Es lo aliviante y refrescante de cambiar de aire, de saber más, de disfrutar de las diferencias y las aventuras.

Dicen que el turista es el que no sabe dónde ha estado y el viajero no sabe adonde va, y por veces siento que entre más no sabés donde vas, más te movés. Y no se trata tanto de ir rebotando de un lugar a otro, de una vida nómada: se trata de regalarte más, de darte el lujo de perderte en lo que no conoces, de gozar del anonimato, de ser El Extranjero.

Saber que si de algo estoy segura, en cuanto a lo que quiero, es de que tengo ganas de viajar, me da algún tipo de paz.

Viajar, o lo que uno debe de hacer cuando viaja, a veces es sinónimo de procesos tediosos como coger un avión, aguantar trayectos largos, gastar demasiado dinero, etc. Cosas que resultan incómodas, pero de las que dan ganas cuando dan ganas de viajar.

Tengo ganas de andar chineando, de un destino a otro, a una almohada para el cuello que me permita descansar en ella, y dormir. Soy de esa gente que se puede quedar dormida en cualquier lugar: el carro, la silla, la mesa, el barco. He dormido en le ferry inestable desde La Ceiba hasta Utila, en buses de Eurolines de por lo menos 8 horas, en trenes, en puertos sobre bancas de manera, en sofás para pasar la goma mientras alguien ve algo tedioso como un partido de fútbol… Pero he aprendido que viajar es mejor con mi almohada para el cuello. 

Tengo ganas del insomnio prevuelo que hace imposible el descanso necesario antes de un viaje. Ese, el que es causado por nerviosismo, del que te arrepentís cuando estás cabeceando justo después del amanecer, en el aeropuerto, sufriendo.

Extraño no entender qué está pasando y hacer un esfuerzo por no equivocarme en ninguno de los pasos necesarios para llegar a mi destino: salir dos horas antes, llegar a la estación indicada, el bus y vagón indicado, o el gate, verifcar número de vuelo y hora, ver en el mapita la dirección de destino, buscar adonde hay café cerca, ir por más café, llenarme de café, etc. Tengo ganas, también de equivocarme, si es que eso implica viajar: que me vuelva a dejar un avión, perder mi pasaporte y atravesarme todo el aeropuerto, llorar en pánico hasta que milagrosamente me lo entregue una persona arrogante detrás del counter de Servicio al Cliente… Odiarme por no traer ropa extra, en vista de que estoy llena de sudor y de café, buscar adonde puedo fumar, soñar despierta con poder hacer shopping libremente en las tiendas de duty free.

Estoy dispuesta a sacar la computadora de su estuche, y quitarme los zapatos y el cincho, y volverlo a hacer 10 veces si es necesario, en la parte de seguridad antes de abordar un avión. Porque tengo ganas de viajar, de abordar un avión, de estresarme y explotar por dentro con miedo cuando despega el avión y cuando aterrize y cuando haya turbulencia, porque cada más me pone más intranquila. Quiero comida de avión, de esas bandejas que ves y lo pensás dos veces. Quiero escribir en mi diario lo largo del trayecto del tren o del avión, hasta que pase a leer, y ver qué están leyendo mis vecinos y juzgarlos. Quiero observar quienes están en este mismo vuelo, consumir algún refrigerio ridículo, y darme cuenta que aún faltan mil horas. Aburrirme al punto de ver la película que van a poner. De no ser por los vuelos y los buses nunca habría visto TODAS las de Twilight.

Quiero escalas tan largas que alcanzan para hacer amigos de aeropuerto, para fumar con la contaminación de la ciudad en la que aterrizás, para más de un café, para que tu cuerpo y mente empiezan a caducar con el cansancio, y para dejar olvidadas cosas como maleta de mano y otros artículos viajeros y de repente, ups, hay que ir a buscarlos antes de subirte al siguiente vuelo.

Tengo ganas del ruido de la sala de Baggage claim, del tiempo muerto, del ruido, de primeras impresiones, del efecto psicotrópico del cansancio y el jet lag que distinguen a las primeras impresiones de lo que ves al día siguiente… De los encuentros, reencuentros, fotos que tomo en el intento de rendir cuenta de todo eso que estoy viendo, de agarrarla al suave, de no entender, de seguir, de armar mi ruta, mis lugares, de entender, de viajar.

Tengo incluso ganas del regreso y la depresión pos-viaje, la nostalgia naciente, la nueva música que venís escuchando, los papelitos de tickets y brochures, los libros nuevos, las anécdotas, las risas, las nuevas referencias.

Ya casi nos vemos de nuevo, México. 


Las paredes azules de La Casa Azul de Frida Kahlo y Diego Rivera. 
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Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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