Confesiones de Patricia en St. Patrick's Day

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“El 17 de marzo es el 76.º (septuagésimo sexto) día del año en el calendario gregoriano y el 77.º en los años bisiestos. Quedan 289 días para finalizar el año.” - Wikipedia


Hoy es el Día de San Patricio, fiesta patronal en honor a San Patricio, quien yo llamo mi Santo Patrono, porque si me preguntan a mí hoy es mi día, porque el Día de San Patricio es una fiesta nacional en Irlanda que da paso a que hoy, en el San Patricio es probablemente el santoral más ampliamente celebrado en el mundo, algo asociado a alcohol, tréboles verdes, irlandeses y no irlandeses, cigarros, cristianos, ateos y collares de Mardi-Gras y cerveza verde según el contexto. Todos brindan por St. Patty, mi tocayo, una extensión de mí.
Y cuando pienso en St. Patrick’s day, pienso en una serie de recuerdo que conviven juntos y hacen que yo quiera hoy celebrar el 17 de marzo, de nuevo, y sumarle algo a mis extraños recuerdos, recuerdos que a lo mejor inician con Ferris Bueller’s day off (1986), porque a lo mejor la historia del chico evidentemente popular y carismático que falta al colegio no fuera igual de no ser por las aventuras a mitad del día en Chicago. Ferris visita el Chicago Art Institute y vemos el Lake Michigan, que atraviesa a the windy city, teñido de verde. ¿Por qué? le pregunté a mis hermanos, adultos pensantes; “Así lo pintan en St. Patrick’s Day”, dijeron, y me dijeron que en The Fugitive con Harrison Ford también vemos escenas del St. Patrick’s Day Parade de Chicago, algo que hasta el día de hoy me sigue pareciendo algo exclusivo de Hollywood. Fuera de la pantalla grande, St. Patrick’s Day no me acuerda a lagos teñidos de verde ni a leprechauns, pero sí a una chancletas verdes que usé un día, ese día, en esa época en la que yo me vestía según un culto a los pantalones flare, flip-flops, y camisetas. Se me llenaron de tierra ese día, porque fuimos a un parque y en la época seca de marzo en San Salvador los parques se ponen tierrosos, más de lo usual. Me explicó qué sintió al cortar conmigo, y qué lo llevó a portarse así conmigo, y lo esuché al tiempo que lo veía con cara de No hay nada que podás hacer, ya; y me dijo “Andás algo verde”, señalando mis yinas, “es buena suerte”. Ah sí, chís, si hoy es el día de mi santo. A lo mejor ese día fue el que me quedé afuera hasta las 4:30 a.m. riendo de una sucesión de chistes malos, usando aquella camiseta ajustada con un escote que ya nunca uso, tomando una de esas cervezas que ya no tomo. Abro mi closet y no hay una camisa escotada, debo de dejar de andar inventando enseñar más los brazos y el pecho. Y casi no tengo nada verde tampoco, a pesar de que Santiago siempre me decía que me resaltaba los ojos. A uno así de pálida no se le ve tan bien el verde, pero hoy encontré unos zapatíos verdes que me acuerdan a santo patrón de Irlanda, los tréboles de buena suerte, cervezas y las fachadas verdes de las tabernas irlandesas. “Cada pub irlandés va a tener lo mismo”, me dijo mi bartender, “es decir ex-pats y borrachos”. Me acuerdan a los tacones verdes de segunda mano, que fueron de Maria del Mar y luego míos, los que dejé tirados en un patio cuando, de pronto, sorprendentemente, alguien me besó. A veces uno de verdad no sabe a lo que va, ¿o no? Ahí encontré los dos zapatos al día siguiente arrojados en el jardín y los rastros de la ropa que yo vestía ese día, y el sentimiento de que hasta allí va a llegar. No, el verde no es sinónimo de cuidado medioambiental.
Y no solo son las prendas verdes, son los pretextos para beber. Son mis labios manchados por el vodka negro, incómoda, tratando de salvar la dignidad de mi sábado en la noche que había arrancado con apatía y desconcierto. Éramos dos representantes de Colombia y una salvadoreña, y esa fue la noche que conocí a Juan Camilo, quien se convirtió en mi amigo que se daba la tarea de hablarme horas de sus clases de derecho cuando estaba bolo, pues cada quien tiene sus métodos de estudio y sus maneras de hacer amigos. Iba pensando en el tranvía de la ciudad de Bordeaux sobre todas aquellas veces en las que había visto calles rebalsar de fiesteros vestidos de verde brindando por “St. Patty”, llamando mi nombre, sin conocerme. ¿Será que soy Dios? Y me dirigía al Connemara Pub, el mejor anfitrión de fiestas de San Patricio. Estaba corta de palabras y con la boca seca cuando me encontré a Lenka, mi alumna vietnamita de clases de español. “Pensé en invitarte, pero no me atreví”, me dijo cuando me vio. Ella tenía 24 y yo 21 y aunque fácilmente nos quedábamos chambreando a mitad de repaso de vocabulario y del pretérito simple, no fue sino hasta esa noche en la que rompimos el hielo y pasamos a ser amigas que se conocieron, después de ser profesora-alumna. ¿Será que las barreras están para romperse?

Fue hace varios años ya que celebré el día de mi santo con rondas de excesos. Fue un martes hace cuatro años la última vez que coincidieron varios factores en una sola noche, un mismo trozo de tiempo, que detonaron decisiones censuradas. “Voy a levantarme, a pedir que me regalen un trago”, dije. La vez pasada, en ese bar, me habían regalado algo porque era mi cumpleaños. ¿Por qué no habrían de regalarme algo el 17 de marzo, día de St. Patty? Es mi día, pensé. Como cuando en una cafetería de la Université Michel de Montaigne Bordeaux 3 me regalaron un café, porque les mostré mi cadena que decía Patricia. Los Patricios, Patricks, Pattys, Patsys y Patricias del mundo nos merecemos ese trato preferencial los 17 de marzo. Y, volviendo, esta vez me levanté a la barra reclamando mi obsequio del día de mi santo y me tomé una cucaracha, cóctel con llamas azul y cantidades inconcebibles de alcohol. Solo aceleró el proceso de pasar por encima de las situaciones incómodas y dar paso a situaciones comprometedoras, pues cada quién tiene métodos de sociabilidad y maneras de aprender de sus errores, errores que no necesariamente son representativos de quién eres.*
*mis conjugaciones oscilan entre el tú y el vos


Patricia Trigueros

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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