Confesiones irrelevantes (ed. nº 2) o hábitos cultivados


empecemos con pie derecho

“Tengo mil manías…”, me dijo un texto que leí un día de estos. Yo le dije que todos tenemos nuestras manías, o hábitos; y a veces siento, cuando identifico este tipo de cosas en terceros, en señoras, en mayores… que nuestras pilas de hoy serán la terquedad de mañana, como si inconscientemente estamos cultivando estas manías filudas que vuelven a los adultos mayores personas intransigentes. Are you your mother? 


Tengo la manía de levantarme de la cama con ambos pies, de modo a no arriesgar empezar el día on the wrong foot. Paradójicamente, me cuesta levantarme de la cama y tengo la manía de quedarme un buen rato en la cama pos-Snooze, y vuelvo a la cama en toalla después de ducharme.

Cuando viajo, no meto nada de líquido en la maleta, ni un frasco, ni licor, ni nada (por miedo incomprensible a que desaparezca ese perfume, se riegue el champú o se quiebre aquel tequila).

Cuando debo salir temprano de la casa, me pongo mi ropita de gimnasio. No siempre logro ir al gimnasio en el transcurso de la jornada, pero siempre me preguntan que si vengo del gimnasio. La respuesta es No. Es solo la manía de vestirme como que si ando haciendo ejercicio, that old trick que le robé a alguien.

Tengo la manía de siempre andar el celular sin cargar, por no tener la manía de llegar a cargarlo cuando estoy en mi casa. También lo boto: se me cae sin cesar y siempre me imagino esta pantalla estrellada, jodido.

Tengo el buen hábito de tomar mucho café y la mala suerte de regarme café encima. 


Tengo la manía de tardarme un montón en bajarme del carro.


Mi doctor dice que es malo esto que tengo de quitarme y ponerme mis lentes. Usó el adjetivo “permanentísimos” para describir el grado de uso que le debo dar a mis lentes, pero andar sin ellos y ser ciega es una manía difícil de dejar.

Cuando veo una película o una serie, me quedo dormida y tengo sueños raros. También me duerme el fútbol y las películas de acción.

Uso mucho gris, pero también cosas coloridas, y vivo en paz con esa contradicción. Hay otras, sin embargo, que no me dan tanta paz: amo los separadores de libros, pero siempre termino no usándolos y doblando la paginita para ubicarme. Odio perder el tiempo, y soy tan buena perdiéndolo… Luego, me odio por no usar mis separadores y por perder el tiempo.

Cuando me acuesto en mi cama, empujo los cojines y uso exclusivamente una pequeña esquina de mi gran cama matrimonial (de mi matrimonio conmigo misma). Acostumbro, además, a ensabanarme así esté haciendo calor y a empiernar y dormir en diagonal o en posición Swastika cuando hay compañía, de cualquier índole.  Me muevo y con mis movimientos me llevo todas las sábanas y mi pie se mueve por inercia. Es incómodo para terceros, mas no para mí.


No me meto a cuerpos de agua. Es cuestión de intolerancia al frío, miedo al mar, inseguridad natacionística o simple falta de coraje. Es así como mis piscinazos se limitan a medio meter los piesitos, reacciono con apatía a los momentos de ir a bañarse en el lago, doy media vuelta y regreso a la área techada cuando enfrento un río o cascada… Ni el lago de Atitlán, ni la costa francesa; solo la laguna de Céjar, en San Pedro de Atacama.

De hecho, mis resoluciones de 2016 van un poco en esta línea de romper patrones y tener nuevos hábitos, pero es un borrador sujeto a cambio (como mucho en mi vida).


Uno de los mejores atardeceres del 2016

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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