No avanzamos


Pese a la prohibición, los abortos clandestinos son frecuentes. Según el Ministerio de Salud, entre 2005 y 2008 hubo en El Salvador 19.290 abortos, aunque es probable que la cifra sea mucho más elevada. Algunos de los métodos más habituales que utilizan las mujeres y las niñas para poner fin a un embarazo son la ingestión de matarratas y otros pesticidas; la introducción de agujas de tejer, trozos de madera y otros objetos puntiagudos en el cuello del útero, y la ingestión de un medicamento empleado para tratar úlceras de estómago.

Sucede un fenómenos peculiar aquí en El Salvador. Creería que fuera de las paredes se forman entre unas y otras maneras de pensar, el país en sí es un lugar penetrable y no amurallado, cuando la realidad es que nos encierra y en una cápsula de tiempo extraño y no avanzamos. Parece que no hemos pasado 1995: hoy “el aborto es penalizado con hasta 30 años de cárcel para la mujer que lo practique, a pesar de las recomendaciones de Naciones Unidas en revisar la legislación respecto a ese tema.” Las personas que nos gobiernan pasan por alto la conferencia del Cairo en la que 179 Estados miembros de la ONU reconocieron por primera vez al aborto como factor de salud pública. Somos unos de los 5 países en el mundo que penaliza completamente el aborto, junto a Nicaragua, Chile, Malta y el Vaticano; y no, no es representativo de todas las maneras de pensar de todos los hombres y mujeres que componen a El Salvador. Que sea un tema de derechos sexuales y reproductivos de las mujeres no cambia el hecho que se deba tratar como tema de salud pública. Grupos religiosos y Pro-Vida defienden lo contrario, postura antiaborto, a costa de la libertad de muchas mujeres. ¿Qué ha pasado entonces con la salud pública en este país, que supone una separación del estado y la iglesia según su Constitución?

Ah, y se me olvidó mencionar que no entiendo el miedo a la despenalización del aborto, cuando países que adoptaron las recomendaciones de las Naciones Unidas ven bajas en las tasas de mortalidad y aborto. Como consecuencia de la Conferencia del Cairo del ‘95, por ejemplo, en África del Sur disminuyeron en 91% las muertes debido a aborto. Los otros países que se sumaron y en los que se protege la salud de la mujer embarazada y también su deseo individual de abortar, analizaron cuáles son los parámetros que delimitan esta acción; como por ejemplo, el límite de 12 semanas de embarazo. Aquí en El Salvador en 2016, ¿a quién le conviene que sigamos como estamos? Las reglas son tan rígidas que ponen en riesgo innecesario la salud de muchas mujeres.

A ver, regreso y me explico: hace un año se hizo público un informe de Amnistía Internacional (descargable aquí: https://www.amnesty.org/es/documents/amr29/2873/2015/es/) que refleja las maneras en la que penalización total del aborto impacta la salud de mujeres y familias salvadoreña. Además, ¿cuánto tiempo llevamos en el debate público sobre el caso de las 17? Nuestro marco legal tiene a 17 mujeres encarceladas por complicaciones obstétricas. La expresión “derecho al aborto” hace que muchos se retuerzan con incomodidad e intolerancia, pero a mí me parece más incómodo que podamos tomárnoslo a la ligera y llegar al 2016 con un contexto que favorece la vulnerabilidad y la desigualdad, y me siento muy cómoda hablando de lo inefable que nadie dice cuando habla de defender la vida.

“¿Qué es pro-aborto?”, preguntó alguien una vez. Pues, para mí es un poco soprendente que alguien que conoce el significado de “aborto” no pueda responderse esa pregunta sola, pero dejando a un lado el shock inicial, quiero proponer mi propia definición de “pro-aborto”: es defender mejores condiciones de vida para la población del país. Oponerse al aborto es lo contrario: es pelear para las desigualdades se mantengan, los riesgos se multipliquen, la violencia sexual se normalice y la falta de educación sexual siga perjudicando la calidad de vida de las personas.

La realidad del aborto o del embarazo no deseado no solo se ve reflejada en ese pleito ideológico entre quienes se hacen llamar Pro-Vida y los Pro-Choice; ni revisando el caso de las 17 o el ya no tan reciente caso de Beatriz, que aún resuena en otros casos, en este país en el que el tiempo se estanca. Tampoco nos podemos hacer una idea acerca de estas cosas que pasan simplemente leyendo las estadísticas que indican que un 38 % de las mujeres salvadoreñas no deseaban quedar embarazadas; mientras que un 30% de adolescentes están embarazadas por abusos y violencia sexual intrafamiliar. La realidad es que en el contexto en el que vivimos –violento, de desigualdad económica y social, en el que se priva la educación sexual por factores ideológicos– se penaliza el aborto, en vez de controlar un problema de salud pública.
Nadie habla de la manera en la que se incrementa la vulnerabilidad de mujeres que ante una necesidad puntual de no tener un hijo, deben poner en riesgo su vida; cuando es más elevada la tasa de abortos en países con marco jurídico prohibitivo que en países como EE.UU. y de Europa. Actuar sobre la intransigencia del marco prohibitivo y la penalización del aborto no es sinónimo, entonces, de factor de sexo irresponsable, inconsciencia, degradación de valores. Es simplemente una de las tantas medidas necesarias para un sociedad sana. Entra en juego, además, el derecho a la igualdad social: despenalizar el aborto es abrirle la puerta a la mujer de escasos recursos, víctima de un contexto desfavorecido, para que pueda acceder al mismo tratamiento médico que una persona pudiente.

¿Y qué significa no tener acceso a un tratamiento médico? Significa métodos abortivos peligrosos. Médicos del Mundo reconoce que varias mujeres en el mundo acuden a puyarse con alambres de bicicleta, de paraguas; a tragar lejía, a tirarse de gradas, sufrir de choques hemorrágicos. ¿Y qué ocurre con quienes acceden a medicamentos con efectos abortivos sin supervisión y terminan en sobredosis?

Hay cosas que pasan de las que nadie habla. Existen casos de un embarazos no deseados, peligrosos, delicados, que terminan en territorio internacional; al resguardo del qué dirán y de lo insalubre. Existen casos en los que la ignorancia es el principal factor de situaciones de doble filo, abuso y vulnerabilidad que se enfrentan desde esa misma ignorancia poniendo la salud en riesgo, además de los emabrazos de alto riesgo sin la transigencia de recibir trato o diagnóstico que proteja la salud y la vida de las mujeres. Ocurre que con una negación de embarazo el estado pasa desapercibido hasta que da paso a abortos espontáneos. También hay personas que, sabiendo la importancia de la planificación y la prevención, se llevan sorpresas, problemas, que por su naturaleza física a su vez generan trastornos y traumas emocionales. ¿Qué hace el Estado al respecto?

Yo he visto cosas de las que nadie habla. Una amiga había abortado y la tuve que llevar al hospital porque estaba sangrando coágulos de sangre. Esperé en la sala de emergencias durante 6 horas hasta que me dijeron que pasara adelante. Era alrededor de la 1 de la mañana y estábamos solas, cuando entró el doctor a confirmar el diagnóstico. “Usted necesita tomar hierro por la anemia que desarrolló y por el estado delicado en el que se encuentran sus ovarios luego del procedimiento que le hicieron. Más ahorita que usted está ovulando y están sensibles; por eso es que tuvo una hemorragia.”

Entendí en ese momento que lejos del debate moral que pelean los ciudadanos y los diputados, está el peso de nuestras propias decisiones y nuestros propios límites. Entendí entonces que los riesgos son universales y que la decisión de abortar deja cicatrices en el cuerpo que se pueden traducir en infertilidad, hemorragias, trastornos menstruales, útero perforado, peritonitis, por nombrar algunas de las consecuencias físicas. A aquellos que temen que la sociedad salvadoreña se degeneraría al despenalizar el aborto, les pregunto si, tomando todo en consideración, ¿ustedes creen que alguien de verdad desea estar en una posición en la que el aborto es la salida? ¿Se imaginan la magnitud de esa situación?


No se trata solamente de motivaciones personales, pero sí de entender que no hace falta estar allí para sentir por todas y cada una de las mujeres que han pasado por las historias de horror a las cuales nos empuja nuestro propio marco legal. Me avergüenza que el Estado no pueda tomar decisiones responsables respecto a temas de salud pública; además de no respetar las decisiones individuales sobre el cuerpo femenino, según convicciones y moralidad propias. Pero así, con la prohibición e intransigencia, se aumentan los riesgos y no avanzamos.


Patricia Trigueros

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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