Paseo inglés (2)

Un túnel a los 80's

Unaware of what to do, or where to go or how, they went out of that station and walked upwards

Terminando el primer paseo inglés, llegamos a Camden invictos para el apéro, oficializando nuestros paseos ingleses con sorbos largos de champán, hasta que dio la hora de salir, ¿qué horas eran? Estábamos a una caminata y unos veinte minutos del Reflex y las diez libras que nos costó la entrada a un mundo con luces rojas y disco balls. El paseo en el Reflex recibe tus abrigos en un área roja que, después de bajar gradas de caracol, se convierte en el cementerio de éxitos de los 90’s y los 80’s que han revivido solo para amontonarse con vos esa noche. Entramos directo a los brazos de “You spin me ‘round” y bailé abruptamente, torpe, con mi grupo reunido aquel fin de semana en Londres. Aparte de que yo estaba sobria tratando de cachar conversaciones que rebotan en el ruido de pop ochentero, y que unos tipos que se nos querían acercar acabaron por se escoltados del lugar, yo no le veía nada de malo al Reflex, reflexing en el Reflex, estaba completamente satisfecha con mi noche.

Tal era mi satisfacción que, cogiendo a la cumpleañera del brazo, hice fila para entrar a Heaven en Soho con toda la seguridad y confianza de que me iban a dejar entrar. Dicho y hecho, pasamos adelante y nos hicimos a un lado de los ánimos de la noche, un grupito de 4 esperando a los demás. ¿Cuántos éramos? Estábamos completos, y sabíamos que los a la mara de Heaven, el mejor club gay del mundo, no le llegan los grupos de 12 personas. Y de Heaven solo conocí el baño y el olor a vómito que había que seguir para encontrarlo, pues fallamos y el grupo se dividió y ¿dónde demonios vamos ahora? Nuestro after party fue en un McDonald’s que también tenía bouncer, pero él sí nos dejó entrar.

proposed an after party even though they could barely open their eyes and they waddled instead of walking.

Nos despertamos entre la ropa de la noche anterior y el ánimo de ir al Tate Modern y formamos un grupo de turismo estúpido allí en algún lugar cerca del centro de Londres, todo Londres es gigante, pero iríamos a un lugar cercano. Media hora a pie y pedimos café en una estación de tren bizarra, recuperamos a un miembro perdido del grupo y nos bañamos en su historia de éxito. Bueno, en fin: íbamos para Brick Lane, bajo el sol de inglés, el sol más pícaro que jamás he conocido, nos estuvo coqueteando todo el dia sin jamás darnos la seguridad de que se iría a quedar con nosotros, ¡te amo y te odio sol inglés! Pues camino a Brick Lane nos detuvimos en varios lugares: en un mercado de comida y todos comimos cosas de un país diferente, en una pared colorida para la foto, en un café creído para tomar agua y usar el baño, en una degustación de chocolates artesanales porque veníamos de gastar en ropa de segunda mano y comprar estupideces y las cosas gratis nos encantan… Y terminamos en Dinerama, el mejor lugar del mundo. Me quiero casar con Dinerama. Me casaria en Dinerama. Y, devotas a la combinacion de pulled pork de 7 lbs. y cerveza y champán, venia el sol y se iba. Llovía, se oscurecía, y volvía el sol; y volvía a llover, y volvíamos a tratar de abrigarnos en vano, rodeados de personas irreales. Si así son los sábados en esta ciudad, quiero que así sea mi vida. No nos movimos, brindamos por la cumpleañera, hicimos planes de cambiar nuestras vidas en funcion de Dinerama, y me encontré mareada por dos vasos de champán (mi límite) completamente arropada, con mi falda empapada, por la idea de que ¿quién diría? La Mónica y yo nos la pasábamos en un sofá viendo películas como “Reality Bites” en el 2002 y estábamos hablando de los años que faltaban y los años que venían. “Vos venite, pendeja”.

“Estoy un poco tipsy”, iba bajando las gradas de la terraza de Dinerama directo al apéro #2 del paseo inglés 2.

Tanto que me puse un outfit que si yo se lo veo a alguien, la vuelvo a ver pensando ¿qué diablos anda puesto esa chera? Y en el apéro bailé, posé, abracé. Cuando salías de un lugar del apartamento (gigante) y entrabas de nuevo a la sala, se te olvidaba que la fiesta no había empezado, pues estábamos ya en la mejor discoteca o bar o fiesta.

Aparentemente hay varios Beach Blanket Babylon, y no me gusta pensar en por qué se llama así. Fallé encontrarme con mi primo, pues nosotros nos fuimos a uno y a él lo mandé al de Notting Hill. La cara que me hizo la anfitriona cuando le conté de la confusión me dio a entender que la diferencia entre el uno y el otro era significativa, pero ¿yo qué voy a andar sabiendo? Yo no entiendo las distancias de Londres, solo sé que yo era la sobria y que tenía que perseguir a la cumpleañera, que bajó al sótano preguntando que cómo se llega al sótano, que me dijo que pidiera miles de botellas, mientras una del equipo se nos estaba durmiendo, y la otra estaba brava y la cumpleañera insistía en que la música era sensacional. No se me quitó la malicia de vigilarlas a todas cuando estábamos en la calle buscando Über hablando con un muchachito de que le deseábamos suerte con Brexit y que no, no teníamos dinero para que él cogiera un bus a Brighton a las 2:20 AM.

“Mi nivel de matemáticas a esta hora es nivel bachelorette, o bachillerato, ya ni puedo hablar.” – La voz del liderazgo

Yo me mis botitas incómodas, me puse los tenis más cómodos que jamás me he puesto, y caminé con un cómplice a comprar kebabs para todos. “Mirá el cielo”, le dije, “está amaneciendo.” Nunca había visto que saliera el sol a las tres y media de la mañana. En el trópico los paseos son muy, muy diferentes a estos paseos ingleses.


3 AM Food Run
#TeamKebab

Patricia Trigueros

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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