Silencio en NOLA


Hay mucho ruido en New Orleans. Desde la calle en la que nos bajamos y por todas las vueltas que dimos, que pasamos saludando al famoso Mississippi y atravesándonos tiendas llenas de la voz de Janis Joplin con ecos de jazz y blues; boutiques de chile y condimentos.“Tenés que comer beignets” y demás, sí; mucho ruido por todo el French Quarter en el centro de New Orleans, Louisiana. Es la ciudad portuaria en forma de media de luna que, debajo del nivel del mar, eleva con su vapor la herencia de varias culturas y sabores. Me llevé de allí una salsa picante de denominación racista, una diadema de crochet que me hace pensar en "Me and my Bobby McGee", y varias historias.

Pasé 16 horas en New Orleans. Café du monde, crawfish, gumbo, y muffulettas son palabras de la cocina sureña que abrazan nuestros oídos mientras tomamos sorbos de Hurricane, un trago local que hace ver mal al Long Island Ice Tea. Yo lo tomé sin querer: creí que era limonada rosada. En Pat O' Brien's escuchamos blues y piano, y me hice amiga de una gente mientras me tomaba mi fuerte dosis de Coke Zero. Habíamos probado lagarto y crawfish, cerveza artesanal e incluso llevábamos pralines en la maleta, para llevar a casa. El día había muerto, pero la noche de bar hopping in New Orleans no podía empezar sin cenar, sin “aquí vamos a comer, este restaurante es buenísimo”.

A cuadras del ruido, en la calle Tchoupitoulas –¿chupi-qué?–  entramos al Cochon Butcher. El nombre y el counter, desde el cual ojeás las carnes y la cocina, lo indican: estás en una  una carnicería/sandwichería. El menú, en el que te pierdes porque todo se ve completo, sazonado, y se extiende hasta los postres franceses… es una pista de que aquí hay algo más.  “Muffuletta” leíamos, ¿pero cómo es que se dice? “Muffaletta”, “Mufflafeta”… ¿por qué tanto muffuletta? No sabemos cómo pronunciar muffuletta, no sabemos a qué sabe lo que parece ser un sándwich siciliano con capas y capas de sabor, pero si estamos en New Orleans y no lo hemos probado…

¿Compartimos un muffuletta?

Nos llevamos el número de nuestra orden y nos sentamos en la barra, porque las demás mesas –altas y elegantes,  en medio del ambiente movido y moderno– estaban llenas. Estábamos frente a una variedad de licores y vinos que hacían agua el paladar. Le Cochon Butcher, nos dimos cuenta, es más que un deli: es un refugio perfecto. Extrae de la ciudad caótica el gusto por los tragos a voluntad y el ir y venir de los mercados de comida. Cochon Butcher, un sandwich shop y wine bar, con carnes curadas y el estilo que solo puede provenir de querer wine and dine sin que sea caro, sin que sea calle.
Un homenaje a las viejas carnicerías, y un gusto por tragos preparados.
Toda una pared con licores; ¡esto está como para ir de compras! Licorera y carnes frías, digo... 
Quéciudadtanbebedora

Nos trajeron la comida.
  
Un pan redondo con semillas de ajonjolí, relleno de jamones y carnes, quesos; y un tapenade de aceitunas, el mejor spread para acompañar carnes frías italianas. ¿Cómo empezamos a comer esto? Además, un encurtido con zanahoria y coliflor condimentados. Los colores de la mortadela, el capicola y el salami se confunden con el emmental y el provolone.  Los pepinillos agripicantes son lo que yo no sabía que quería. Cada mordida, cada bocado, nos convencía de que no hay mejor combinación de sabores. Nada en mi lengua podía superar el efecto de esas marinadas, con la pimienta negra del salami, con ese nivel de crujiente del pan que se aguada con los sabores. 
Es el mejor que comimos.

esta foto no tiene nada que ver con el texto, pero me dio hueva buscar otra

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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