Red October Vol. 2


¿Será el alcohol el peligro? ¿O seré yo?


El año pasado escribí algo no sobre el mes de octubre, pero sobre tragos que me hacían falta en octubre, tragos como los Red Octobers que servían en el Dick Turpin's cuando conocías a los bartenders, pues no estaban en el menú.

Hace un par de octubres dejé de tomar. Volví a tomar, y luego paré de nuevo; paro –¡alto!— y lo retomo. Esto de tener hipoglucemia no es fácil: es como jugar ruleta, o Blackjack o —

Tener hipoglucemia es como ir al casino, –ahorita estoy en un fase dry, casi no juego–

Tener hipoglucemia, para mí, es un poco como Blackjack (y el amor también, de hecho) porque, queriendo obtener 21, a veces pedís otra carta y se te va la mano, y perdés ["Hit me! Hit me!", no querés parar] // hay días en los que puedo tomarme 4 cervezas y un shot de tequila, o jugar rayuela con vinos blancos y rosados, pasar por cerveza y cerrar la boda de mi BFF con un trago de ron firmado por Mamá Betty, con dedicatoria de doble ración ronera, a las 4 AM. hay días en los que una cerveza me revuelve el estómago y me condena a un día entero de dolor de cabeza. // Y como las probabilidades de morir de felicidad prematura en esta lotería posalcohólica e hipoglucémica, me atengo a no tomar. Mis estudios empíricos del asunto me han enseñado a evitar tragos como Red Octobers, que extrañaré para siempre.

Extraño los tintos de verano en la piscina de San Blas.

Extraño los carajillos (shots de espresso con licor de café) que adormecen y despiertan, de manera simultánea, y me hacen manejar a casa a las 3 AM.

Extraño apoyarme en la barra de un restaurante y embriagarme con el efecto de un Long Island Ice Tea con el estómago vacío, mi preludio favorito a un almuerzo de amigas-hermanas, The ladies who beer drink of today are the ladies who lunch of tomorrow, right?

Extraño una sesión de anécdotas con Martini Rosso en Cambronne, y la adrenalina de tres martinis seguidos, ahí van; antes de subirme al escenario a leer dos poemas en público por primera vez en mi vida, "Peur de lui" y "O.N.S.",  temblando de los nervios y del astigmatismo que me achaca la vista.

Extraño ser la única en la fiesta que se dice Sí, me encanta el pastís. Hice tantos amigos de esa forma.

Extraño Whiskey escocés que me hace comprender la política regional francesa, y no la sobriedad que me hace detectar lagunas en los pensamientos que traen a colación citas de Nietzsche a las 7 AM.

Me hace falta el Porto, tomarme uno (o dos) como aperitivo y como digestivo, uno italiano. Me encantaría regresar a ese apartamento en el que nos pasamos la botella de Grappa, y te hice reír porque dije que nunca lo había probado, vos. Veníamos del Titi Twister de tomar whiskeys que vos escogiste.

No he encontrado reemplazo para mis Red Octobers, pero sí he descubierto que paso tanto tiempo comiendo que me sería imposible tomar alcohol, de todas formas, así esté celebrando el matrimonio de mi amiga/hermana. Cuando todos brindaban con champán, yo tenía croquetas de jamón en la boca. Luego, estuve brindando con pancitos y tortilla española. Así sí me gustan las tapas. Y en vez de servirme vino, pedí agua para acompañar los chorizos con cidra... ah, y no olvidemos como el final de la recepción se lo dediqué a mordisquear todo postre que se me atravesara.

La fiesta siguió en mi hotel, y me pedí un whiskey para poder decir que me tomé un wisconsin en Wisconsin... pero después de darle dos tragos, lo cambié por una porción de papas y una orden de nachos, ¿porque por qué no? Mi resaca del día siguiente se debía al ejercicio constante de ingerir alimentos. 

Tragos prohibidos

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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