Paseo inglés (3


paseando sin maleta, ni noción de la realidad

Nota del editor [Paty]: Tengo como 3 años de andar diciendo que hoy sí, esta vez, me iré a vivir a Inglaterra. Allí encontré a mi hija y un jardín de rosas llamado Nostalgia, el mismo título llevaba un retrato mío hecho en la Costa del Sol en 2004. Son señales, obvio. Irme a vivir a Inglaterra y no Irlanda, por miedo a encontrarme mucho y regresar comprobando que siempre debí haber sido dramaturga y actriz, todo en uno, y curtida en whiskey y papas. Últimamente evito la música inglesa, porque de por sí me siguen los paseos ingleses.


The packing of the luggage would be followed by some educational reading or some less educational internet scrolling

No quería andar jalando mi maleta, no en mi último paseo inglés. No quería andar jalando nada, de hecho: me había deshecho de zapatos y de un bolsón en París, y en esa sala alfombrada que nos albergó en Camden, dejé una chaqueta de jeans, un anillo… y dejé hecha mi maleta, coronada con mi almohada para el cuello, de modo a solo pasar recogiéndola antes del aeropuerto, pues ya iba a concluir mi viaje express de jueves a domingo.


What am I supposed to do if I have the chance to visit my friends?


Nos habíamos regresado del centro de Londres hasta Camden en la luz azul de esa mañana. La fiesta seguía, probablemente, en varios sitios de Londres. Yo no sé en qué estado intermediario estaba, entre sí y no, viva y también muerta. Vale verga. Pasamos Primrose Hill, ah, mirá, ahí podemos venir mañana.

En efecto, lo hicimos. Dejé mi maleta empacada y una pequeña montaña de ira, de prendas, de desorden – no todo me puede seguir para arriba y para abajo. Estamos listos, vamos, a pendejear y tomarnos fotos silbando en la loma, la loma Primrose, caminando y tratando de mapear cómo íbamos a llegar hasta lo que nos faltaba por ver, y en esas vi a una niña en bicicleta con gafas como la mía: Mi hija, sin duda. Otro presagio.

Caminamos en dirección a más y conocimos, a fuerza de no saber a dónde íbamos, jardines y ríos, de esos que vienen incluido en parques. ¿Qué parque habrá sido?, me pregunto. Nos topamos con un jardín de rosas que decía Nostalgia, la nueva alegoría para mi mente y los recuerdo que irrigo.

Salimos del metro a recorrer –en un mismo remolino recorrimos– los clásicos. Las palabras claves que sientan la base –Picadilly, Oxford, National Gallery, Buckingham, Prêt-à-manger. "Burger & Lobster queda aquí cerca”, el mapa decía que SoHo era al lado. Íbamos bien de tiempo, viendo con prisa y parando para posar con libertad con teléfonos públicos, plazas, sándwiches, lo que fuera.

Solo que nos equivocamos de Burger & Lobster: nuestras amigas estaban mucho más lejos. No solo íbamos a llegar una hora tarde al rendez-vous gomoso que coronaría el fin de semana efervescente y accidentado, sino que yo corría el riesgo de perder mi vuelo. Decidí no estresarme antes de tiempo, preguntarle a desconocidos si ellos sabíamos dónde era. Caminamos, caminamos. Nos subimos a un metro, nos bajamos, cogimos un Uber, o no – no me acuerdo, pero cuando llegamos al restaurante que sí era nos recibieron rostros medianamente enojados mi equipo, y severamente preocupados por mi futuro. “¿Y no trajiste tu maleta?”

Ups and downs are what carefully shape that period

De lo más relajada, alcancé a comerme una hamburguesa petite mucho antes de que llegara la comida de los demás comensales quienes disponían de tiempo que yo no tenía. ¿Qué? ¿Acaso nunca han sufrido del mal de viajero torpe? De peores había salido… Pero, bueno, ¿qué hora es?

Además, siempre he pensado que se puede hacer mucho con media hora. Y aunque disponía del tiempo contado como dice el refrán, alargué la sobremesa lo más que pude hasta que pedí un Uber para ir a Camden, mi primera parada. Viktors ya venía por mí.

“What are we waiting for??”

Viktors me dijo que le encantaba Portugal, y me preguntó que qué tal era. Le dije Gracias, y que supongo que es lindo. Yo no sabía que El Salvador quedaba en Portugal, hasta que hablé con Viktors de Latvia. Él es prácticamente inglés, dice. Se quejó del sistema, de Brexit, y me habló un poco acerca de su idea de hogar. Muchos nos sentimos así con respecto a la nacionalidad y las fronteras, Viktors. De nuestros lares, lejos de Portugal, fuimos colonizados, amigo.

Cuando Uber me pidió que calificara mi ride con Viktors, debí de haber dicho que era el mejor conductor que he conocido en mi vida, y eso que nací en el ’87; Viktors no era mi primera vez en el asiento de pasajera. Hola, Viktors, ¿qué tal?, empecé. Luego, habiendo avanzado ya unas cuadras le dije Mierda, Viktors, ¿será que podemos regresar? Es urgente… Había olvidado las llaves a la maleta que me estaba esperando.

Me bajé al otro lado de la calle, boté mi billetera en media calle, y procedí a recogerla sin ver si venían más carros. Viktors tenía que dar la vuelta: sugirió hacerlo en lo que yo recogía las llaves del piso en Camden, de modo a recogerme justo en la entrada. No te vayás sin mí, Viktors, pensé. Me recibieron de nuevo rostros de aflicción, apostando que no iba a llegar.

“Mejor quédate, pendeja.”

Pero si me deja el avión mejor estar allí en el aeropuerto encontrando soluciones.

Seguí mi camino.

Con la misma tranquilidad con la que me atravesé SoHo buscando el camino más eficiente para llegar al restaurante correcto, iba de pasajera viendo arcos y calles, el Uber encendido en mi celular sin señal ni datos, y le pregunté a mi conductor-amigo, así al suave, ¿cuánto crees que nos tardemos en llegar a Camden? Porque, la verdad, yo tengo que ir al aeropuerto.

Viktors se echó el rollo –el mal planning, la maleta hecha esperándome… Mi vuelo se iba en dos horas y yo estaba como a tres horas, (“Technically, you’ll be fine.”) pero podría llegar en menos si cogía el shuttle a tiempo, lograría llegar a Gatwick a tiempo. Wait me, my Darling.

Gracias, Viktors. Es lo más dulce que me han dicho.

Pero no llegué a tiempo, pero no me dejó el avión tampoco. No me querían dejar entrar, pero el vuelo estaba atrasado. Paty 1 - Universo 0

Here’s where the story ends

Llegué como a la 1 AM a Gracia, Barcelona. Lesseps sería mi hogar por una semana, y se me atascaba la llave de la habitación 911. Dios guarde, que solo. Me había divertido tanto en Londres, en compañía de 11 compatriotas, idiotas. Bueno, mi soledad tenía un aspecto positivo: podría aprovechar la tranquilidad, la calma para leer y escribir, y terminar de leer Houellebecq y acabar con las historias a medias que ando, como migas, al fondo de mis bolsillos.

En vez, lo que hice fue poner Nicki Minaj y Enrique Iglesias para llenar el vacío y transportarme de nuevo a las risas de todos los paseos ingleses de ese verano, mi chaqueta tirada en Inglaterra.

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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