Life on Mars... que diga, Londres

"London Calling..." suena en mi cabeza y se contrapone la realidad con una escena de Billy Elliot,

En el momento parecía que había que hacerlo, esto de irnos un fin de semana largo a Londres, yo y mis problemas, a encontrarnos allá con otros conflictos. Había que volar a uno de los cuatro aeropuertos de esta gran ciudad, en un low-cost accesible, y el resto... ¿Qué esperar? Ni la más mínima idea. Londres, hasta ahorita, no es más que una mezcla entre el rock alternativo y progresivo, la cuna del rock, drogas y alcohol; los trabajos pesados, cielos grises y más referentes culturales y populares. Existen mapas ingleses de todo esto pintados con comedias como The Full Monty o símbolos heredados de mi infancia a través de Peter Pan y The Great Mouse Detective, como también hay pistas despedigadas en la música de The Beatles... Pero todo me es muy lejano.  

Son las 4 de la tarde en el destino final y desde mi ventanilla puedo ver capas de colores que componen un atardecer occidental que hasta ese momento desconozco. ¿Acaso no es muy temprano para que anochezca? Vengo de un régimen tropical estricto en el que tenemos luz de 6 a 6 todo el año, a groso modo. (Tonos naranja y morados se escapan, se mueven, por allí por los huecos del panorama a base de edificios.) Sigo impresionada, mientras jalo mi cartera en la que he metido toda mi ropa a la fuerza porque, pues, que pereza llevar una maleta grande y confiársela a la aerolínea barata. Vuelvo a ver si tengo suficientes capas de ropa puestas como para aguantar el otoño inglés. Sí, soy salvadoreña y he venido como turista, y mi hotel se llama algo así como Norlfolk Towers. No tengo idea qué significa que quede allí, ni porqué las estaciones del Underground son tan dramáticas, tan alejadas la una de la otra. ¿Acaso no saben que están tan separadas y que la ciudad es tan grande que los simples mortales necesitamos más ayuda con esta distribución del espacio? Aprendo, sin embargo, que estamos bien ubicados, allí cerca de Paddington.... pero, igual, siempre es de noche o sombrío y no entiendo, y es tan caro todo que no me alcanza la plata. 

“Han venido en un buen fin de semana” nos dijeron en el hotel con el que estoy eternamente agradecida por servirme pan y jugo de naranja y té y café de desayuno. ¡Gracias, amigos de las torres Norfolk! Sin ustedes hubiera tenido que gastar cuando el dinero no daba para andar comiendo más de una vez al día. No, alero, no vamos a gastar en comida. Hay que esperar a que no aguantemos el hambre y debamos por subsistencia ingerir de nuevo un platillo de Fish and chips. (Y cuando se estaba desmayando del hambre, le decía que Ok, nos tomáramos un café.) ¿Qué pasaba el 11 de noviembre, que nos dijeron que qué buen fin de semana para estar en Londres? 

Caminar por Oxford street y otras calles el fin de semana, rodeados de decoraciones navideñas, me hizo sentir como en Love Actually. Nunca había estado tan cerca a Love Actually, a pesar del ritual de verla todos años, para siempre desde el 2011. Buckingham Palace, Hyde Park, Picadilly Circus, Soho, Tower Bridge, London Bridge, St. Paul’s Cathedral, Camden Town, Café Rouge, Harrod’s… componentes de mi propio soundtrack de The Kinks, escenas vivas de sus canciones recreadas y repetidas en mi mente. Quiero que me lleve el London Eye y morir de soledad oyendo “Waterloo Sunset”, porque a veces huir y cambiar de escenario no arregla nada. We’ll float on, baby, won’t you understand? Quiero quedarme en una banca frente al Millenium Bridge y que me encuentren luego de años, petrificada, con un olor distintivo del río Támesis (Thames). ¿Qué? Nada más quería estar sola y pensar y observar. O mejor quedémonos con esa vista al London Bridge de noche, iluminado; allí en la terraza de un restaurante con vino y calefacción que calientan afuera y por dentro, donde podría amanecer, feliz aunque despojada de todos mis puntos de referencia. 

Y aparece, de entre las cabinas rojos telefónicas y por encima de las paradas de buses estructuradas de tal manera que protegen a los peatones de la lluvia, la familiaridad de las caras conocidas y los chistes internos. Con amigas de años atrás, me llevan a recorrer un apartamento sobrepoblado y me pierdo en la indulgencia de alcohol y tabaco en un jardín inglés como en “I am the Walrus”, Koo-koo-koo-choo…. Ellas me hablaron de donas y de Notting Hill, pues tenían el presupuesto que yo no tenía para consumir postres por doquier. Atrás sucedían conversaciones de ¿Cómo te llamás? ¿Conocés a no-sé-quién? ¡Yo conozco a no-sé-quién!, con subtítulos que dejan leer cuán pequeño es El Salvador y cómo se perpetúan las reglas de juego. Y dieron las 12 y nos fuimos de Neverland: llegué hasta las cervezas del súpermercado, pero me salí de la fiesta antes de que eso se convirtiera en discotecas. Le eché la culpa a mi alero, pero la verdad es que odio ir a discotecas y a clubs. Me había pasado lo mismo antes, en Lyon, saliendo de un party discotequero en un barco: "¿Ya te vas, Paty? ¡Quedate!" y "No, mi primo ya se quiere ir".... Osea, miento no solo cuando digo cosas como "no me gustan los gatos.

-¡Allí está!-exclamó-¡La Reina!

…que aparentemente era gran ídolo de mi alero. Su notoriedad y trayectoria y, creo, elegancia. Esta líder está allí desde la época de la colonia. Había que verla, pasara lo que pasara, y justo en estaba allí La Reina fuera de Hyde Park o no-sé-qué-Park. Es Rememberance Day y la vimos, a lo lejos, bajarse del “vehículo real” como le llamaré yo y vi a Prince William sentado por allí como buen nieto, como todos nosotros cuando queremos dulces. Vimos desfiles, bailes, actos, ceremonias e hicimos los minutos de silencio por los muertos de guerra, las poblaciones colonizadas, los aliados, etc. ¿Será una exaltación a estas guerras? Entiendo que más bien es un trabajo de conservar memoria histórica y de rendir homenaje a los veteranos y, también, esta conmemoración a las 11:00 am el 11 del 11 le da su lugar a los pueblos aborígenes de Nueva Zelanda y Australia, por lo que pude entender. En el hotel nos dijeron que habíamos escogido buen fin de semana, y era por ser el día del Arministicio que recuerdo casi tan solemne como el poema "Stop all the clocks, cut off the telephone" de W. H. Auden

Stop all the clocks, cut off the telephone,

Prevent the dog from barking with a juicy bone,
Silence the pianos and with muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come. 

Let aeroplanes circle moaning overhead
Scribbling on the sky the message He Is Dead,
Put crepe bows round the white necks of the public doves,
Let the traffic policemen wear black cotton gloves. 

He was my North, my South, my East and West,
My working week and my Sunday rest,
My noon, my midnight, my talk, my song;
I thought that love would last for ever: I was wrong.

The stars are not wanted now: put out every one;
Pack up the moon and dismantle the sun;
Pour away the ocean and sweep up the wood.
For nothing now can ever come to any good.


Small Paty, big Cathedral

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Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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