Un día como hoy


Cuando estaba más bicha, mi actividad preferida era no bañarme. Mi mamá, sobre todo, se oponía a mi comportamiento sucio y todo lo que quería era que me bañara, muy a pesar de que en los días libres o de fin de semana yo hacía todo lo posible por maximizar y extender mi tiempo en pijama.
(Pijama, I love you forever.)

"Paty, ¡bañate o no te dejo salir!" y cosas así se escuchaban mientras yo permanecía en la comodidad de la camiseta vieja y chuca, oversized, y los pantaloncitos de mi elección.

El sábado 13 de enero del 2001 no fue excepción. Fue uno de esos días de dormir lo más posible y evitar el agua y el jabón hasta que es inevitable, a diferencia de los días de semana de levantarte con sueño a bañarte y vestirte en 10 minutos para llegar a la clase contra tu voluntad colegiala... El caso es que, ajá, postergué la ducha lo más posible y, ya cuando había entrado en el trance de "me estoy aplicando champú", un temblor me sacudió y me medio estrellé contra la puerta de la ducha. Ah, un temblor, pensé, sigamos.

Pero seguía temblando, y algo escuché que me hizo salirme de la ducha y entrar en pánico, no sin antes agarrar lo primero que encontré para taparme, totalmente mojada y con champú en el pelo.

Estaba en el baño de mis papás, me atravesé el piso de arriba y veía a todos los muebles moverse y los libros arrojarse de las libreras como en suicido colectivo. Bajé las gradas y encontré el estrés de todos los presentes concentrados en no uno sino dos marcos de la puerta. Trataba de taparme las nalgas con una bata mal puesta, pero sólo logré taparme de frente y la mano de mi tía me detuvo, me paralizó debajo del marco de la puerta de madera, mientras mis hermanos se agarraban del marco de la puerta de hierro, a unos cuantos metros, al lado del portón de la Casa #13.

Los gritos desafinados de mi tía que exclamaban El Padre Nuestro y el sentimiento de que no terminaba rompió con mi aparente calma: estaba convencida de que me iba a morir o que me iban a matar los gritos de mi tía.

Y no pararon los gritos: dejó de temblar y me soltó, y escuché que nos ibamos a ir adonde mi bisabuela todos. Corrí a vestirme y me siguieron los gritos que me decían que no fuera estúpida, que podía volver a temblar, que no entrara a la casa. Camino a la casa de mi bisabuela, perdí la calma de nuevo porque no traía a mi gata, a Sammy, y no sabía si estaba bien.

Mi primo, que ahora ya no es un niño, recuerda que a mí me agarró el terremoto en la ducha "Por no querer bañarme."

Paty cerca a la edad que tenía en el terremoto


Patricia Trigueros

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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