Aventuras de Paty en San Valentín

Recuerdos de San Valentín

¿Mis primeros recuerdos de San Valentín? No sé, no ubico cuándo empezaron pero sí  reconozco esta idea persistente de.. ¿qué ondas con San Valentín? Why, people? Nunca he entendido la explosión de manualidades, las decoraciones desechables de todos los almacenes y tiendas, la necesidad de hacer tarjetitas y cositas y chunchitos (ajá, el mes de los diminutivos) ni tampoco comparto la necesidad de cuestionarse a uno mismo por estar “soltero en San Valentín”. Pienso que hay cosas más graves, ¿o no? Ok, está  bien: todos quieren vender y a todos, además, les llega que les endulcen el oído… pero, ¿soy yo o el 14 de febrero no es más sino un día más en el año?

Acepto que a la hora de las horas sí me sacan sonrisas y se me ablanda la corazón con las muestras de afecto inesperadas: bajo la sombrilla de consuelo de la amistad que se une al día de San Valentín, a la mara le agarra por demostrarte su amor y hacer votos de amistad incondicional. También me dan risa los chistes que pueden salir de esta fecha importante como el “Fine, whatever I’ll just date myself” que me salió ayer en Instagram y las ocurrencias estilo, ayer que pasé  a la par de unas flores y vi aquellos grandes girasoles… Dije, Ay que bonito, me voy a comprar flores a mí misma para San Valentín (porque practico la filosofía de demostrarse el amor a uno mismo comprándose regalos, *self high five*).

Así  que estos son los recuerdos que puedo rescatar de mi relación antagónica con San Valentín alias el día del Amor y la amistad.

  1. En el 2000, en 6to grado, un compañero había escrito en un documento Word mensajes de San Valentín para toda la marca, firmados con su nombre y un corazoncito. Los recortó en formato mensajes individuales y los repartió. Yo era “la niña nueva”, tenía un mes apenas de haberme incorporado al cuerpo estudiantil y el mío decía “Paty: Te deseo un muy feliz día de San Valentín. Aunque no nos conozcamos mucho espero que un futuro podamos ser muy buenos amigos.” *tears*
  2. En el 2002 creo que fue que mi San Valentín se trató  de acompañar a mi amiga, Mónica, al Centro Comercial Galerías a buscarle un regalo apropiado a su novio. Luego, nos tuvimos que separar porque, ajá, ella tenía planes. Yo no.
  3. El 2003 fue un año muy movido y creo el hecho que mi sonrisa ya no tenía brackets tuvo mucho que ver… Pero, bueno, la cosa es que durante el día, en el colegio, al bicho que me andaba entrando, quien aún no sabía si su gusto por las niñas era compatible con su amor por el fútbol, le dijeron que se pusiera las pilas porque era San Valentín. Alguien arrancó una rosa marchita y le dijo “Andá regalasela a la Paty”. Luego, un tipo que no vivía en el país (porque tiempo atrás, cuando aún tenía brackets, nos conocimos diez días antes de que él se fuera a vivir a Perú) aprovechó el día festivo para tratar de conquistar con chocolates y peluches. Mi respuesta siguió siendo No.
  4. Mi San Valentín en el 2004 me la pasé con dos amigos comiendo sorbete en el Shaw’s más cercano, porque Bros before hos y creí que estaba a salvo, hasta que llegó  mi exnovio a dejarme un “regalo”, explicándome que, pues sí, también había ido a ver a la bicha con la que estaba saliendo, pero tranqui. Creo que no estaba sobrio, ahora que lo veo con mi mirada madura de 27 años.
  5. En el 2006 tenía un sentido falso de independencia y adultez que me movió a invitar a mis amiguitos a comer pizza y tomar cerveza. Un amigo se la pasó mal, celoso de no-sé-quién, una de las parejas vivieron un deal-breaker que causó  que cortaran el día siguiente, mi novio de ese momento me llevó  una orquídea y una manualidad diciéndome “Es morada, porque a vos te veo morada, ahuevo…” y yo me quedé  como que Ay, le hubiera hecho un CD.
  6. 14 de febrero de 2007 me levanté  temprano, fui a la U allí a mi campus en Bordeaux, nadie me dijo nada (quizás porque no tenía amiguitos franceses, #loser), ni mi novio salvadoreño exiliado en París me había dicho nada… Terminé  cenando en McDonald’s con mis roommates. Esa cena me llenó de satisfacción porque sentí  que al fin, por primera vez, había el 14 de febrero había alcanzado mis expectativas de ser como un día cualquiera.
  7. En el 2009, me acuerdo, que el bar Saint-Ex (adonde antes habían sets de DJ’s y concierto de rock, que ahora está  CERRADO) nos invitó a los miembros de la comunidad a una noche de darle Poke en Facebook (un arte que se ha perdido) a tu Ex y llevarlo al Saint-Ex, en el espíritu revolucionario de anti-San-Valentínn de romper las barreras de la incomodida pos-ruptura, ¡yeah..! Pero, ¿y cómo? Y como dice mi querida corresponsal de Cali, “Que pesar que ya no existen los Poke.”
  8. Ese mismo año en vez de pasarla en el Saint-Ex, me la pasé en Madrid con mi ex. Osea, yo, mis amigos como Carmen y Rodrigo, desconocidos, mi ex y su pareja nueva. Sábado en la noche, en una fiesta y luego en una discoteca y luego en un after, todos juntos con corazoncitos de papel pegados al pecho. La nueva pareja, debo admitirlo, era tan buena gente que me generaba desconfianza e insistía en que yo tomara un trago que tenía mil licores. “Dale, tomate el mío, yo te pido otro.” Me sacaron mareada de la discoteca, en crisis fisiológica.
  9. Pocas cosas tan tristes como pasar tu domingo 14 de febrero en la cama de tu apartamento frío (porque es invierno y la calefacción es cara) comiéndote un combo de McDonald’s Filet-O-Fish junto a tu amiga (Kalani, Twenty-ish.com), viendo Love Actually (2003) y Valentine’s Day la película con Ashton Kutcher, seguiditas.
  10. El año pasado sí me apendejé para el 14 de febrero y hasta andaba vestida de rojo y pasé maquinando qué regalo le podría dar a mi novio de ese entonces. ¿Cervezas Rogue? ¿Agarrar patín? 15 minutos de hanging out antes de ir a ver a la mara me hubieran bastado, pero la otra persona me batió todos mis intentos de celebrar. Fui a Variedades Génesis ese día y encontré una respuesta a mi frustración: una camiseta que decía Love Stinks.

Este año voy a andar en el lago con otras 10 personas, así que al menos que yo me compre a mí misma un racimo de los girasoles que me gustaron, no creo que se sienta como San Valentín, lo cual es bueno. 

Hace un año en Variedades Génesis de La Constitución

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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