Conversando y viajando con la memoria exiliada


Amanecer del Día de la Cruz, domingo 3 de mayo de 2015 en Earth Lodge, El Hato. 
Luego de sentimientos encontrados, ella se alejó de su memoria, pues habían pasado muchos años ya juntos y la mimesis afectada las decisiones de su día a día. Alguna vez se había lo había preguntado, que si alguien comprendía cómo la memoria puede ser un arma de doble filo —que exalta lo positivo y le da vida una y otra vez a todo lo que no solo ella sino varias personas pudieron apreciar y, a la vez, no deja ir todo aquello que a veces ni siquiera duele, como recuerdos e imágenes que nunca ha vivido, que nunca le van a pertenecer pero quedan impresas las conversaciones y…. pues, pesan y pueden contaminar el proceso de, pues, un día más, ¿verdad? No, no es que cambió su serie de recuerdos por amnesia ni por una promesa de ignorancia si no que nada más estaba resuelta a no agotarse constantemente a fuerza de asociar y disociar y re-asociar. Me acuerdo, pero no importa; porque aunque sea una experiencia semi-nueva puede ser completamente nueva y diferentes una vez te dejés de babosadas*, ¿o no? No sé vos, decía ella, pero ya no le hablo (a mi memoria).

Pero una vez estas dos partes –en este caso, su memoria y Ella**– se otorgan cada quien su espacios, en vez de hablarlo todo hasta quedar exhausto, ya las tensiones se evaporan como té de romero, esa infusión natural que te quita el sueño, pero esa es otra historia. Entonces pasa que es ahora más fácil establecer puentes y se acercaron de nuevo, la memoria exiliada por razones de peso (porque pesa la irrelevancia del pasado mezclada con su importancia), ahora que había cada una recobrado su sentido de independencia y, bueno, ¿qué más da?

Y es fácil empezar a hablar de nuevo en un espacio que deforma el tiempo que empieza el fin de semana largo y llega hasta Antigua Guatemala, un espacio en el que han quedado tiradas referencias y momentos escapistas a lo largo de años, más puntuales y contables que el cúmulo que se puede vivir en las ciudades en las que Ella vive y ha vivido. Porque han habido “veces en las que...” y primeras veces y el eco de estas últimas veces y se mezclan y dialogan con estas nuevas veces, sin ser del todo incompatible, porque ya nadie tiene tiempo para que la memoria venga a agregar lo incongruente, lo incompatible, lo contraproducente. Entró entonces a los círculos de conversaciones internas y externas esta memoria. Venía del exilio moderado a esta sucesión de horas y veces, ¿te acordás?

En la cola de carros y de bandidos que se salían de los carros para adelantar con los trámites el 1ero de mayo en Las Chinamas, se alcanzaba a ver Guatemala desde El Salvador y un río a lo mejor dividido que mezclaba a personas que se bañaban en Guatemala con otras que lavaban en El Salvador, un escenario que evocó con un pellizcón la imagen de Ella y el pelirrojo tomando café de a cora en el puesto/tiena de la frontera entre Managua y Honduras años atrás, solo que sin la tiendita de ron sin impuestos. Llevémonos esta botella de vino tinto y nos la tomamos en Utila, en el 2011, cuando las cosas no estaban peor y los veintitrés años no veían más allá de bailar Lady Gaga.... y otras tantas veces que hubo contacto entre Ella y Las Chinamas, como el recuerdo que vino a pronunciarse como una advertencia divina, el de la vez que Ella llegó a la frontera con un pasaporte vencido. La flexibilidad de pasar solo con un DUI no exime de atravesar fronteras centroamericanas con documentos vencidos. ¿Y hoy? Podés quedarte allí horas, podés deambular en frustración, podés hacer dos tres cuatro pasos atrás y postergar el placer como si fuese adrede que existen estas alteraciones o, también, podés ir a San Salvador en una carrera y regresar al plan inicial.

Y luego, por la Hachadura, es distinto, pues están haciendo más calle en lo que parece ser la carretera a Acajutla y allí es el desvío del kilo. 5 por los Quesos de Oriente están, decía la memoria, todas las veces de Costa Azul mezcladas con La Barra de Santiago y Garita Palmera, y el reciente estancamiento en Metalío, una fiesta de iPhones y calor en lo que se esperaba la grúa que se extendió hasta la noche, como suele suceder con las fiestas. Ella y la memoria pasaron las playas y ya iban cerca de esta segunda frontera cuando concordaron que esas playas son mejores en enero y febrero, meses en los que las invaden el viento y desaparecen las nubes y las estrellas se multiplican formando un estampado infinito, sin fin; el cielo inmenso desde la arena y el recuerdo de la espalda contra la madera del muelles, cosas que se fusionan a medida avanza el carro hacia Guatemala.

Con la memoria infiltrada venían palabras que describen la parte larga cuando vas camino a Guate en la que los árboles se doblan, y es un montón, y hacen un camino de sombra que “por alguna razón, me encanta” y se cortan los recuerdos con una primera impresión del Jaripeo de Chiquimula con alusión a las anécdotas de Fiestas Julias. Ella nunca ha ido a Santa Ana para las Fiestas Julias pero desde un pick up, desde una casa, desde una banca le han contado de lo que se ha perdido. Y no hay donde quedarse, como aquella vez desde otra frontera en Utila, esta vez con la certeza de que todo va a estar mejor que aquella vez, esta vez en Antigua Guatemala que se va llenando como otros años en época de agosto. Son un colectivo de salvadoreños en sintonía, cada vacación; y el manager del Café No Sé lo sabe identificar. Tanta gente que ha de conocer y no se olvida de ella; claro, si no fue hace mucho tampoco, fue en Junio o habrá sido Julio? Fue la vez que Ella confundió a dos franceses que no lograban entenderla pero dejaban que huyeran Ella y su conversación, ridículamente honesta y caleidoscópica***.

Tantas imágenes vinieron a asentarse en la mente de Ella mientras recorría de nuevo Antigua Guatemala, algunas con menos fuerza que otras, puesto que cuando uno hace un reel uno discierne bien el contenido, el todo, para escoger y amplificar (o no). Este video book del pasado traía consigo pedazos lejanos de una boda en La Merced, una admiración dividida entre el pasado y presente por el relieve volcánico que rodea la mencionada ciudad turística de Guatemala, la misma curiosidad por el aroma a café y madera de ¿por qué no hay uno de esos cafés allá? (Refugio, Don Diego, Fernando’s Kaffe, Fat Cat Coffe Shop; o la triada popular que alberga el acceso al Wifi de & Café, Café Barista, Café Condessa, no como “Delicias y Chocolate” adonde se escucha rock cristiano y no venden pan dulce.) Se dibujan los caminos imaginarios a las ruinas del Hotel Santo Domingo, al paisaje florido y colorido de Quinta de Las Flores, a la Igesia Hermano Pedro y al pueblo Pastores adonde se compran botas, pero no los atraviesan.

Hay fantasmas de risas posguerra, la guerra contra las buenas ideas y las reglas, y residuos de palabras también, como la amiga que insistía en que Earth Lodge aquí, Earth Lodge acá. Pero en esos fantasmas y residuos no hay posibilidad de medir el alcance de las nuevas risas y sonrisas, ni cabe en una recomendación la admiración por las vistas que abrazan Earth Lodge (aunque en algo se parecían el frío y las nubes, una vez entrada la tarde, a Atitlán y San Pedro y San Marcos), ni existen pistas de accidentes oportunos en los recuerdos con los que Ella platicaba, ninguna señal de encontrarse con el pueblo equivocado, el parqueo equivocado, la idea equivocada de empezar a beber alcohol de la tierra, de dejar las llaves adentro, del frío, la carencia de sueño.


*Dejarse de babosadas: sin. “dejarse de mierdas”, cuando uno deja de poner excusas, quizás.
**Ella: personaje principal de este texto, nombrado a la semejanza del personaje femenino del guión Hiroshima Mon Amour de Marguerite Duras, película dirigida por Alain Resnais en 1958.
***Adejtivo tomado de “Lucy in the Sky with Diamonds” y The girl with kaleidescope eyes, tal como la cantaba la autora en 2007.

Un amanecer en Antigua tiene un aire a un atardecer en Atitlán. 
Patricia Trigueros

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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