Hábitos de (varios) Él y Ella

hábitos invasores 
Mis hábitos, que van desde nunca pararme recta hasta quedarme dormida cuando veo fútbol, son unos. Los que quiero cultivar, como buena existencialista que se cuestiona a lo largo de enero, son otros. Estos son los hábitos de terceros, de diferentes Ellas y Ellos, que me quedaron sonando en algún rincón del hipotálamo.

Ella solía desayunar aguacate. Lo trajo alguna vez a la oficina, un guacamole, y me invitó a que lo probara, con una tostada. En guacamole (con un huevo duro, un poco de vinagre, un poco de aceite oliva y un poquito de limón, cilantro y sal y pimienta) o así en lascas, con tortillas o tostadas o tortillas tostadas, cuando lo hago pienso en ella y en #MásAguacate. Todos deberíamos luchar por tener más aguacate en nuestras vidas.

Él se levantaba y encendía la ducha y la radio (en línea o en La Vida Real, ¿quién sabe? No había smartphones en esa época.) Lo que hacía era escuchar las noticias en lo que se bañaba, me contaba; y siempre me lo imaginé saliendo de su casa con nueva sabiduría en la cabeza.

“Mi papá no puede comer sin leer algo”, me dijo Ella. El señor cogía un libro, una revista, el periódico, un papel, lo que fuera, y leía mientras comía su desayuno. ¿Será que ahora lee pantallas de tablets o Kindles?

Ella tenía la manía de alejarse de la posibilidad de acercarse a alguien. “Yo por eso, cuando me gusta alguien, me alejo”.

Ella alguna vez me contó que se ponía vaselina en los pies y en las manos antes de dormir, su secreto para la piel suave.

Él escuchaba el programa de reggae de La Femenina cuando iba para su casa los
domingos después de ver a la novia.

La mamá de él siempre escuchaba la Laser en inglés. Por consiguiente, todo aquel que se subía a ese carro escuchaba la Laser en inglés.

Él era escultor y desayunaba un espresso y un huevo duro, se iba a su estudio, trabajaba de corrido y a las siete en punto tenía que estar cenando.

Ellos me han hablado de despertarse a las 4:30 a hacer ejercicio. Se confunden imágenes borrosas de quienes hacen bici, salen a correr, a nadar, al gimnasio, y se me hace inalcanzable.

Él tenía una relación con una Ella que constaba de cenar los miércoles y dormir juntos. “Es una relación que me cuesta exactamente una cena a la semana. Todos los intercambios amorosos tienen un precio.”

Él llevaba a sus sobrinas a comer a la Pizza Hut y a jugar en las maquinitas (pero hoy ya no existe El Mundo Feliz).

Ella me enseñó a pasar una goma con Coca-Light y Marlboro.

Ella hacía yoga todos los días al amanecer y, luego, también al atardecer. Ella tenía 72 años y fue mi primera profesora de yoga.

/ el whisky /
Él era mayor y no sé cuánto tiempo tenía de tomar whiskey así: un shot de whisky seguido de un shot de espresso. Otro Él te ofrecía café y whiskey. “¿Te gusta el café? ¿Te gusta el whisky? ¿Querés café con whiskey?” Y, además, Ella --madre, Abuela y bisabuela-- te ofrecía un whisky cuando entrabas a su casa, a cualquier hora del día.

Ella es la heroína de El Desencanto de Jacinta Escudos, y contó de un hombre que tomaba gin por las mañanas.

Él es un autor que en el prefacio de su libro The Polysyllabic Spree contó de que siempre andaba un libro o una revista con él, para leer en momentos de espera. Filas, el metro, el bus, el consultorio. Era su arma para no aburrirse. El resultado fue un hábito de lector voraz.

Él es el personaje de una película que lee el final del libro “in case I die before the end.” Sí, es de When Harry Met Sally.

Ella duerme de 10 pm a 9 am.

Ella manchaba su diccionario. Todas las palabras que había ido a buscar, las definiciones que había leído, tenían una especie de cruz en el margen. Eran muchísimas cruces y ella, muy letrada.

Ella canta cuando hace su maleta.

Él se come bolsitas de azúcar.

Ella no pronunciaba bien la “r” y a todos le parecía fascinante. Él pronunciaba mal las ‘s’ y a todos los fastidiaba.

Él siempre usaba guayaberas y, aunque imperceptible delante el público, su pareja las odiaba.

Ella sacaba las llaves a 15 metros del auto y caminaba con ellas en la mano, firme. A su esposo eso lo sacaba de quicio.

Él te quita comida de tu plato, siempre. “¿Puedo probar?”

Ella se enoja cuando le quita comida de su plato.

Él empezaba su día jugando tenis, desde que el doctor le llamó la atención porque tenía una curvatura en la espalda (que yo heredé) y sobrepeso.

Los hábitos, los buenos y los manos, nos definen, un poco. (Y, para los escritores, sirven para darle hondura a nuestros personajes.)

Olvidémonos

Patricia Trigueros

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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