Año nuevo, hábitos nuevos

Un nuevo hábito: casi nunca quitarme los lentes, porque ese hábito me agrava la ceguera
Este post nace en el limbo entre mis resoluciones de año nuevo y mis patrones o viejos hábitos, que desaparecen o reaparecen. ¿Qué quiero hacer este año? Y vino esta reflexión y flotó hasta llegar a una conversación en la que ambas artes se dijeron que a lo mejor todo es cuestión de hábitos // “Yo en mi vida he tenido un solo hábito, ni uno” dijo the Voice of Wisdom   // “Quizás se debería poder empezar con un hábito a la seman”, quizás eso sea mucho mejor que hacer todo de un solo. Mi mente igual tiene más hacia querer hacer todo de un solo y paradojicamente es el cúmulo que me paraliza y me encierra en un --quiero pero no lo hago-- vértigo contradictorio.

La primera semana de enero dejé un viejo hábito: el de empezar un libro antes de acabar uno. El hábito que me envuelve en lecturas incompletas que me acuerdan a aquella columna de Jacinta Escudos sobre el bloqueo del lector. ¡Ya basta! Moría por empezar a leer Faire l’amour de Jean-Philippe Toussaint, pero NO me lo permití. Paty del Pasado habría dejado aventado The emigrants de W.G. Sebald, iniciado el de Toussaint y pasado al Largo Viaje hacia mi madre de Carlos Cortés, y luego vuelto a sus lecturas sebaldianas pero encrucijada porque Jean-Philippe Toussaint tiene tantos otros libros que quiero leer. C’est fini, no fue hasta que terminé de leer mi libro de Sebald que empecé a leer el que estoy leyendo ahorita, ¡Qué viva la música! de Andrés Caicedo. Quizás deba cambiar mi manía de leer lento. La lectora lenta, una novela corta.

La segunda semana de enero, regresé a hacer ejercicio. Si alguna vez quiero cumplir mi resolución de año nuevo de 2008 de ser más extrema y convertirme en una ninfa del altiplano, tengo que empezar rompiendo el letargo y ejercitándome. Empecé con 20 mins de cardio y algunos movimientos y ejercicios aleatorios, con ropa que dice “Yo soy una mujer atleta”.

La tercera semana empecé a aprender portugués, con métodos no muy ortodoxos y una aplicación que se llama Busuu (que luego eliminé de mi teléfono porque me empezó a cobrar.) Falta que se institucionalice mi aprendizaje. El portugués solía ser mi enemigo notorio, a quien odio. Me dije que si me le acercaba y lo aprendo, voy a cambiar ese paradigma y mi pequeño cerebro será beneficiado por esta manera de procesar la información. Hey, new experience. El siguiente paso: hacer cosas que te den miedo o causen alguna aversión. O, bueno, no sé.

Ya aprendí a decir “buenos días”, “hola”, “más o menos”, “mucho gusto”, “gracias”, “De quién es esa agenda”, “bonita”, “buenas tarde” y comí dulces brasileños (brigadeiros). Voy bien, aunque sospecho que mi acento es horrible.

La cuarta semana de enero (hoy) descubrí que aún tengo el hábito de autodiagnosticarme enfermedades. *cough* Tengo algo, o hipocondría o algo más serio, pero definitivamente es algo. Eso vino a interferir con mi plan de establecer un horario de escritura. La hipocondría viene con pensadera aguda y se bajan las defensas contra la memoria, arma de doble filo. 

2016



Patricia Trigueros

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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