Mi primer viaje a Nueva York


Souvenir.


Llegué bien tarde de Guatemala (GUA) a JFK.


Eso fue en los 90’s.

No fue sino hasta el año pasado que conocí La Guardia (LGA?).

Mi primer viaje a Nueva York ocurrió de la nada. Un día, en medio de una época muerta e irrelevante de mi vida, La Madre –osea mi mamá a quién nunca apodo “La Madre”– me dijo, me ofreció, ¿QUERÉS IR A NUEVA YORK?

Mmm, lo pensé.

Era Mayo de 1997 y el viaje a Nueva York implicaba faltar a clases y perderme de otras opciones.
Accedí. Iba a ir a estar con La Madre un par de días como amigas (o, mejor dicho, clones; la verdad es que somos muñecas rusas y es una experiencia bastante LA DIMENSIÓN DESCONOCIDA y este, al igual que otros viajes o momentos, confirmó que le hago buena compañía, esclavizada por la semejanza de nuestros rostros y aficiones) y, luego, otro par de días en Nueva Jersey en familia.
Llegué y era tarde. Me la pasé lo largo de un avión que no recuerdo dibujando cosas que recuerdo, pero solo a penas, a grandes rasgos. Llegué al apartamento de La Amiga de La Madre y estaban dicha anfitriona y su novio que llamaremos Gerardo, mi mamá y yo. Les mostré los dibujitos en mi cuaderno de diferentes expresiones faciales y sus correspondientes adjetivos, uno que otro paisajes, unas dos que tres narrativas. Me levanté, en un momento en la ausencia de Gerardo, a ver la Gran Manzana –que nadie llama La Gran Manzana y que no tiene señales evidentes de Manzanas– por la ventana. WOW.

“La Paty, impresionada, SE QUEDABA VIENDO POR LA VENTANA Y SOLO HABÍA UN PARQUEO, Y NO SE VEÍA NADA.”

Eso, el biombo que atravesaba el apartamento sobre el cual descansaba una corbata que indicaba la presencia de Gerardo en su ausencia, y el sofá en el que dormí, y si acaso la luz amarillenta sobre la mesa del comedor del apartamento, fueron mi primera impresión de Nueva York. El vecino les pegaba, a mi madre y su amiga, en el techo para decirles que se callaran, pues de repente, debajo de esa luz amarillenta, sentadas en la mesa cuadrada de la cocina pequeña, les daba por cantar. EL VENADO, EL VENADO….

FUMANDO ESPERO, AL HOMBRE QUE YO QUIERO….

*ÉXITOS DE GARIBALDI*

Cuando el vecino cuyo rostro nunca vi insistía en callarlas a escobazos trans-techo, ellas reían y más ruido hacían.

Todos los días me dormí a las 2 AM.

Caminé por las calles después de cenar un par de veces, pasé por Rockerfeller Center y aunque era Mayo, vestía una gran chumpa anti-frío y el tema esa noche era un jardín japonés y habían miles de flores, MIRÁ QUÉ DIVINO; me acerqué a St. Patrick’s Church; todo cuando era bien, bien noche. AH, ES CIERTO QUE LA PATY TIENE 9 AÑOS Y DEBERÍA ESTAR DORMIDA.
Fui una adulta de 9 años en Nueva York. Adopté un gusto por la ropa negra y entré a tiendas aleatorias en Canal Street y Chinatown, ayudando a Madre a esocger sus chunches y encontré pañuelos que se convertirían en mi accesorio favorito. NO HAY NIÑOS EN NUEVA YORK, me dijo mi mamá; sin especificar que se refería a que, pues, la ciudad es grande y adulta y no es período de vacaciones y a esas horas, pues, los niños van al colegio. Por allí entró el sueño (despierta) de yo adulta, vestida de negra, pasando mi tiempo libre en el MET y la Biblioteca, imágenes dispersas y lejanas, en un clima que no existe, con amigos que no he hecho.
Era un estudio cerca de la 47 calle y Madison Avenue como en la película Splash, según recuerdo, ELLA SE LLAMA MADISON, POR LA MISMA AVENIDA; caminamos un poquito y llegamos rondear 5th Avenue, avenida atravesada por jardines y flores que me invitaban a recostarme (mas no lo hice, y hoy en día siguen allí los cuadrantes floreados). Por allí me compré 3 pintauñas, pequeños y baratos; un verde manzana, un morado lila nacarado y el otro probablemente tenía brillantina. Los usé regularmente en el transcurso de la Primavera ‘97 para combinar con mi ropa negra de adulto.


Y no importan, y no hay valor real, y no es que se den a entender. Mis impresiones de primer viaje a Nueva York simplemente son lo que son.


selfie.
Patricia Trigueros

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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