Barcelona parte 1: Barcelona, te odio


En Born en frente, El Gótico atrás.


Todos hacemos cosas banales, de vez en cuando.

(Yo hago cosas banales y aburridas, pues.)

Una de mis actividades banales que ocupa mi tiempo de cuando en cuando es ver fotos. Odio las fotos, pero las amo. Odio ver las fotos. Odio acumular cosas, pero amo tomar fotos que se acumulan y se llena el almacenamiento de mis dispositivos (ajá, soy yo la persona que usa la palabra “dispositivos” para referirse a los aparatos digitales estilo computadora y celular y tablet y…). ¡Maldita sea! ¿Cómo es posible que siempre acumulo fotos? Entonces, para volver por la tangente, me pongo a ver fotos que odio y que odio ver y que, aunque no quiera, tengo que borrar, porque son más fuertes las notificaciones que me avisan de que no tengo espacio en mi iCloud que mi paciencia.

Muchas cosas pierden vigencia, no tiene sentido guardar cada recibo y cada miga.

Y la tecnología es una mierda. Un ser manipulador, eso es la tecnología: te hace creer que es tu amigo y cuando menos te lo esperas, te traiciona. (Traducción: he vivido demasiadas veces la decepción de perder fotos y archivos.)

Yo no confío en la tecnología, este Hotel California, que te hace sentir tan bien porque está mal.

Y así que me pongo a ver fotos y las borro.


***

Cuando me pongo a ver fotos, me encuentro con un montón de fotos de Barcelona. Conservo fotos de Barcelona, fotos malas pero chivas y fotos equis y hay mucho azul en mis fotos de Barcelona. Más de alguna vez he dicho, en mi cabecita, cosas Ah, voy a quedarme con esta foto de estos colorcitos de este sofá y otras cosas como Bueno, la verdad es que no necesito dos fotos de esta terraza con sombras y seres inertes…. Pero más que todo me digo cosas como “Barcelona, te odio.”

Odio las palmeras creídas que se reparten en toda la ciudad. Odio en particular las palmeras de la Plaça Reial, entre Catalunya y el Gótico.

Odio que no haya ido en diciembre de 2007, y así coincidir con mis mejores amigos y mi hermano/primo/tío, y que la playa estuviera fría y la frivolidad tapada.

Odio que, cuando llegué el año pasado en el primer tercio del mes de junio, me haya dejado el avión y tuve que tomar otro avión y llegar desvelada, angustiada, y cansada al Mirador de Colom. Me senté el interim entre la estación Barcelona Sants –qué lugar más horrendo, ese espacio de dar vueltas por hora y media buscando respuestas–, tras haber descartado invitaciones de varios H&M que me decían que pasara adelante; impresionada con cosas no muy impresionantes como una experiencia enlatada de consumo de café “orgánico” y repostería-enemiga-de-mi-páncreas, y me dije “Me voy a morir en cualquier momento."

Odié ir a Monsterrat, malhumorada y no preparada para caminata alguna; y no, esta vez no eran las hormonas.

Odié la invasión de turistas que, a diferencia de yo, parecían disfrutar de la vida, de manera sublime y sin ropa, y yo, pues, ya superé el hedonismo y soy muy friolenta. El día que me atreví a salir en shorts y en camiseta, y me puse mis sandalias de leopardo que solo yo percibo como elemento especial… Pues ese día llovió y me quedé atrapada en el Born.

Odio sentirme tan perdida en un laberinto en el que todo es hermoso y contrastan épocas históricas y corrientes artísticas, y se maquilan los brunch.

Mis sentimientos encontrados aluden un poco a esta frase de mi querido Enrique Vila-Matas, extraída de París no se acaba nunca:

Me gusta tanto lo que hay en París que la ciudad no se me acaba nunca. Me gusta mucho París porque no tiene catedrales ni casas de Gaudí.

La frase esta me hace ver París con ojos que no son de París, que se acercan a los míos que tampoco son franceses; y veo esa Barcelona que yo no puedo ver, porque mis ojos no son los de Enrique Vila-Matas que ha visto esa ciudad toda su vida. Yo, con lo poco que he visto y con lo que me queda en las fotos que borro y no borro, puedo decir que Te odio, Barcelona.


En algún lugar, en algún momento.
Patricia Trigueros

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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