Conversaciones en Louisiana (y no entre Luis y Ana)

echada en Louisiana (pronunciado Luis-Y-Ana)

Éramos un manojo de estudiantes hostigados y las conversaciones rondaban por allí por temas de la hora, de que ya dieron las 11:30 p.m. pero aún no abordamos el avión, con aquel frío hostil de aeropuerto con olor a detergente y que qué iba a hacer cada quien al aterrizar en el aeropuerto de New Orleans (MSY) y que, pues sí, (como dijera Jerry Seinfeld), how ‘bout those Nicks?

Me subí al segundo avión y ya solo faltaba el último tramo del viaje, un viaje que me había dado dolor de pecho por trasnochar y contorsionar mi cuerpo por 2 horas con 45 minutos, no sin la interrupción por el deber de llenar mi formulario de ingreso a EE.UU. indicando que no soy ninguna amenaza. De Comalapa (SAL) a Houston (IAH) y de IAH a MSY y a ver qué hago en esa ciudad que conozco sobre todo por la canción de Louis Armstrong It’s Christmas time in New Orleans” y por el mito de Mardi Gras.

Magnolia trees at night
Sparkling bright
Fields of cotton look wintery white
When it's Christmas time
In New Orleans

Cory era altísimo, sobre todo en comparación a mi estatura de metro y medio. Sus tatuajes  y pelo trenzado me intimidaba, además de que él estaba como inquieto, casi hostil, y yo, empurrada muy a pesar del café de 12 oz y la bagel con queso crema de minutos antes, no quería entablar conversación con el vecino desde mi asiento de clase económica, pero compartimos apoyabrazos. Me contó que, ah, ve, casualidad, una su exnovia era salvadoreña. ¿Qué tal la situación y la violencia?, me preguntó y pasé yo a darle un brief breve. Que qué bueno que venía a New Orleans, que en diciembre sí se pone helado; él venía abatido porque viajaba desde Alaska. Algo tenía que hacer allí en MSY, como ver a su mamá, y le caía mal que no iba a llegar a tiempo a la misa del domingo. Además, como se quería dar su vacación, había trabajado horas extra en la planta de Shell, perforando en el suelo para conseguir petróleo y así enriquecer a los ricos (me imagino; yo no sabía que era primera vez que hacían eso en Alaska, pero Cory me contó). Hicimos high-five porque su mamá se llama Patricia igual que yo y luego nos dijimos buen viaje. #friends

El taxista 1, Maison, no era tan alto, pero porque a sus 75 años ya estaba arrugado y jorobado (algo de lo que temo seremos víctimas mi escoliosis y yo). Decía que era ridículo como todo lo que la gente quería era sacarle dinero a uno como “Those hotels they just gonna beat you up for some money”, desde siempre. Era medio sordo y no sé cómo fue que nos llegó a contar de que dos cosas increíbles había visto en su vida y ambas sucedieron en 1957 y de ambas se acordaba super bien. La primera fue mientras trabajaba en un cementerio sepultando cosas y salió de allí un día, en esta misma época, y estaba bien claro el cielo. El cielo estaba más claro ese día de julio de 1957 que este otro día de julio en 2015, a las 9:30 am; “much lighter than it’s outside now”. Se le quedaron viendo al cielo y treinta segundo después se puso negro el cielo, de un solo, y Maison aún no se explica cómo fue que oscureció tan de repente.

Don't ya feel like cryin', don't ya feel like cryin'
Don't ya feel like cryin', c'mon, c'mon, you cry to me


Pasé por Magazine Street viendo de lejos y a veces de cerca sus boutiques y changarros, hasta que uno me dijo VEN A MÍ y tuvimos un momento especial, con café y refill y una crepa chiva de mozzarella y tomate y albahaca, porque a todos nos gusta hacer algo que lleve el descriptivo “Capresse”. Volví por dónde había venido, en medio y atravesando calles y casas del Garden District, y luego caminé 16 cuadras aprox para llegar al museo de la segunda guerra mundial, mejor conocido como The National WWII Museum y fácilmente identificable como una oda a la participación gringa en la guerra. Tom Hanks sale as himself en una película (Beyond All Boundaries, producción 4D proyectada en una sala del museo por 5$, producto de esfuerzos de múltiples historiadores) contándote de cómo los EE.UU. salvaron al mundo del mal y en un muy menor grado tuvieron un desliz necesario con la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki; pero no lo dije yo, lo dijo Tom. Terminada la peli y el recorrido museístico, de nuevo a por Magazine Street, pero no sin más café. En el French Coffee Truck me recomendaron un café helado de esa marca, tostado allí en New Orleans, preparado con Oji Japanese Drip en el momento. Fueron 12 oz adicionales de café en mi sistema.

Cuando llegamos allí al punto de encuentro, gracias a taxista 2, recuerdo afirmarle a la gente que Nada, no he dormido y tenía demasiada cafeína en mí. Necesitaba esa ducha con agua hirviendo, con aura deprimente a lo Amy Winehouse, pero dulce como una canción de Ella Fitzgerald; la ducha en el Holiday Inn Northshore de Hammond, Louisiana.

And that's why birds do it, bees do it
Even educated fleas do it
Let's do it, let's fall in love

Todo (el café) en exceso. Nada con mesura.
Patricia Trigueros

Patricia Trigueros

105 lbs, Sagitario, 1m56. Paty Stuff son las cosas que llenan mi agenda, las reseñas y anécdotas que lo recuentan. Hablo español, inglés, francés y spanglish. Me exilié en Francia por cuatro años y al regresar caí en copy publicitario, entre otras cosas. Redacto, escribo, traduzco, me río, tomo mucho café, soy una fumadora de medio tiempo y como como señorita pero tomo caballero.

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