Mostrando entradas con la etiqueta lunes. Mostrar todas las entradas

Semanas laborales

Semanas laborales versión 1 

The Grand Chalatenango Hotel
Abuso de sustancias: budín




Un poco antes o un poco después del 15 de noviembre de 2014, renuncié a mi trabajo de aquel entonces. Me levanté del escritorio que compartía con los creativos, en el cual ejercía mi labor de ejecutiva de cuenta polivalente y copywriter, y exclamé: –¡Soltera! ¡Sin trabajo! ¡LIBRE!

Alcé los brazos dramáticamente y todo.

Regocijo genuino, del que solo se accede sin cadenas. Un pequeño baile de cachiporrista amateur.

Lástima que a las pocas horas estaba en una cita romántica, y me habían escrito solicitando mi portafolio (que no existe, solo existe una versión mediocre como sustituto para satisfacer la necesidad de los contratistas)… Ese fue el día que fuimos al Teatro Luis Poma, en víspera de un viaje de 17 días en pareja – creo que [eso] no cuenta como soltería, no del todo. Empecé a trabajar en otro sitio al volver de Guadalajara, con un ejemplar de Escritos para desocupados en mano.


Fueron pocas las horas de libertad, en los años de mi trabajo en agencias, plural, poligamia laboral, multiamores en las palabras.

Seguí trabajando en otras dos agencias y así sería mi vida por largo rato más, hasta que decidí renunciar (de nuevo), y cortar (de nuevo) y enumerar y costear los servicios que serían mi fuente de ingreso. A lo mejor así me acercaría más a lo que más me gusta. A lo mejor atraigo proyectos editoriales, como mi actual Papalota Negra. A lo mejor así puedo sentirme congruente, mi idealismo incontaminado, no sé, no sabía – sabía que había que cambiar. Pero antes, un viaje.

Al volver de Chile, el viaje en el que me encontré con la noticia de que mi cuerpo no aguanta la altura, fui recibida por una nueva escala de ansiedad, producto de aterrizar fuera de la esfera del trabajo formal, lejos y lejana de la estructura de un horario fijo.

Ser mi propia fuente de coerción era un Hotel California.

Además, era fin de año y diciembre no es el mejor mes para cosechar una cartera de clientes, menos con un discurso a medias de Pues, yo escribo, y hago planning, cheers. Era temporada para pláticas casuales, que me ayudaron a formular mi figura de consultoría. Con enero vino mi primer trabajito.

Eventualmente, me organicé. El precipicio no es tan oblicuo. Aprendí cositas nueva, gané la batalla contra el autosabotaje, hice un par de sacrificios que dieron fruto y por allí perdí a (otro) novio por lo mismo de que hay cosas que quiero, y algunas que no… Como cuando dejé ir proyectos que no funcionaban conmigo, pero a lo mejor y sin mí sí. Me induje unas cuantas migrañas por irresponsable, regresé a vicios viejos con amores nuevos, me cagué de la risa y también lloré y, es más, hubo un tiempo que conseguí un trabajo fijo a distancia, el sueño hecho realidad. Qué tranquilidad la que me traía despertarme afuera de una oficina y trabajar en algo que me gusta (todo lo que tenga que ver con palabras, eso me gusta), y poder sanar un dolor de cabeza con escritura, a media jornada laboral, si la ocasión lo ameritaba. Mi estudio, mi lugar favorito, que ahora visito muy poco, ya que me comprometí con otro espacio laboral. Y cuando acepté cortar mi relación casi hedonista con la autogestión y la libertad, decidí aprovechar el tiempo. “Conserva tu libertad, y úsala”; si no, ¿de qué sirve?

Lunes
A las 8:00 AM no todo está abierto. Caminé por las calles de Antigua Guatemala – de la 6ta avenida a la 6ta calle, y de la sexta calle a la 2da y 4ta avenida, y cosas así. Cargaba una mochila pesada, los mocasines rozaban las calles de piedra, y estaba consistiendo una gripe in the making provocada por bailar bajo la lluvia por los 9km que caminamos en el desfile del Orgullo de Guatemala, mi primera vez. Todavía tenía escarcha rosada que destiñó mi ropa, pero el buen cansancio es casi rico – la marcha el sábado en Ciudad de Guatemala, Antigua Guatemala el domingo… Se siente bien pasarla bien y extender la diversión del sábado a conversaciones erráticas con desconocidxs un domingo en un lugar horrendo, a altas horas de la noche, *tos*; con flashbacks de la disco inferno, cuya playlist estaba hecha a mi medida (de alma vieja), what’s next? Volví a El Salvador a las 8:53 PM molida y amanecí con gripe el día siguiente, pero no me detiene.

Martes
Le dediqué momentos a una cuarentena. Desarrollé una adicción al budín. Abrí, al fin, una cuenta en Netflix. Tomé fotos irrelevantes. Trabajé y no trabajé, pero siempre en mi estudio. Maduré mi idea acerca del tratamiento para curar una gripe: ignorarla.

Miércoles
El miércoles [de mi última semana de libertad] tuve un almuerzo de 4 horas. Ya, a partir del 2 de julio, no voy a poder hacer esto. Hacía ratos, ya, que no hacíamos esto. Le dimos vuelta a todos los temas que se habían apilado como ropa sucia que uno aplaza, deja para después. Mi querido amigo, we are two of a kind. Nos llevaron yuca sancochadas y no, esa no fue la última vez que nos vimos. Estaba oscureciendo cuando llevé mi gripe a otro lado: cerveza inesperada con Rubén, Javier… ¿qué son los cánones, anyway? Cena con Mario, trueque de poemas y donación de anécdotas. ¿Qué tal si vamos a Santa Ana mañana por la tarde?

Jueves
El rendez-vous era a la 1:30 y Mario, el copiloto. Decime por donde. Vos seguí.

Al salir del Museo de Anatomía, llevándonos la impresión vigente del homenaje y lanzamiento al que habíamos ido, la luz divina de Santa Ana nos llevó a Ban Ban y cogimos otra ruta. Seguimos viendo los rastros de una comunidad muy linda, en cafés por la UNASA y en las pláticas que nos siguieron por toda la carretera.

Esta es mi parte favorita de la carretera. Toma una foto, porfa.

Viernes y sábado
Mi fin de semana estaba apartado. Después de un almuerzo semi vite-fait con mi querida alera vegetariana, me fui a San Ignacio. Pantalón brillante y suéter transparente, ese fue el look #1 de mi retiro temporal de escritora. Fueron dos noches de sándwich de pollo en mi habitación, servido con self-doubt y presión, quiero escribir y terminar esa novela ya. Hubo mucho fútbol para mi gusto, perpetuamente cautivando a los demás huéspedes en cada uno de mis desayunos. Hubo un berrinche, porque me habían prometido agua caliente. Hubo budín, porque ahora esa es mi droga… Y en un momento que quise mandar todo al carajo, me entregué a dos horas y media del romance noventero The American President (1995), con Annette Benning y Michael Douglas, dos nombres que rara vez pronuncio. En pijama y a solas, tenía ratos de nos disfrutar una película así. No me fue mal, y me fui manejando con la emoción de haber escrito algo, y adelantado algo. Quiero más findes así.


Domingo
El tiempo abunda cuando los domingos son bien hechos. Te alcanza para llevar a tu sobrina al volcán, a que ella dibuje mientras vos escribís. Y esas salidas incluyen una parte genial: quitarle a la sobrina la comida del menú de niños.

Ahora mis aventuras suceden después de las 5 PM, o antes de las 8… pero hay espacio para se décontracter de temps en temps, pero el precio es sufrir de cansancio. Del bueno, pero constante.


jueves
homenaje, memoria, libros

todos los días

Un buen día para enfermarse

palabras de antes, hoy

Relato de un martes.

Los martes son un buen día para enfermarte. Nadie nunca ha dicho que “¡qué martes tan fantástico es hoy!”, no.

De tal modo, empezás la semana con un lunes no tan lunes como los lunes de depresión rutinaria estilo el mes de enero, pero –¡ojo!– aún puede venir la gripe asquerosa que te acecha desde la infancia a estropearte la semana.

Qué hacer si te pega una gripe fea un martes como hoy

(Lo recomendado es:)

Desaparecer de la faz de la tierra y no atender a nadie por ninguna vía de comunicación o espacio.

Mantenerse en cuarentena. Los espacios laborales entienden que podés enfermar a tu vecino, que tu enfermedad es una realidad y, la verdad, va a salir caro si te morís.

Gritar en agonía, por una vez que tenés el pretexto.

Descansar y mantenerse en reposo.

Dormir con alguien, para que el virus abandone tu cuerpo y se mude al cuerpo de tu compañero de cama.

Recibir visitas exhaustiva de tu ser querido con té y sorbete.

Qué hago yo cuando me pega una gripe fea como el martes pasado

(Lo no recomendado es:)

Asisto a todo evento que yo juzgue indispensable.

Asistir a todo evento profesional y curtirme debajo del aire acondicionado porque yo aguanto, y no quiero quedar mal. Y estornudo en el prójimo y riego la amenaza del virus. Soy una amenaza.

No expresar la agonía hasta que es demasiado tarde.

Ir a yoga dos veces en un día si posible (para compensar por las cervezas y los cigarros de los días sin yoga).

Dormir sola y soñar con cargar la culpa de no haber leído Crimen y castigo de Dostoievsky, y entender al fin el porqué del fracaso de mi vida.

Reducir el contacto con el ser querido a comunicación digital por cuestiones de logística.

Qué debo hacer si estoy muriendo de gripe

Entro no tan tarde a casa, pero suficientemente tarde como para no tener que lidear con tráfico, y con suficientes síntomas como para hacer el trayecto sin tráfico algo igual de tedioso. Tengo fiebre, tiemblo, tengo mocos y tengo frío y, a la vez, siento que mi carro es un sauna de microbios. Pienso en escribir algo poético que comparen, en forma de metonimia, a las heridas emocionales de terceros con microbios, porque las personas somos contagiosas. Rompo el silencio únicamente para expresar agonía y quejarme sin consuelo. Me resigno a tomar medicinas y consigo fe, que normalmente no existe, que me hace pensar Vaya, hoy sí. Voy a dormir por primera vez en tres días, y voy a resistir las ganas de fumar. Dos tostadas con aguacate es lo más cercano al sorbete que anhelo. El primer paso, después de parquearme en 15 torpes movimiento, es quitarme la cárcel que es mi brasier. Zapatos y jeans-prisión, ¡fuera! En pijamita y abrazada de una taza (la más grande posible) llena de té Sleepy Time, antes de las 9PM. Pongo Netflix por segunda vez en un mes y la elegida es The Big Short y su banda sonora rapera, por tercera vez en un año. Me voy a dormir en cualquier momento.

the face of death



Patricia Trigueros

Adiós, procrastinación



Mi compu (Sammy) y un libro que no he leído, posando, procastinando.

La primera vez que escuché la palabra procrastinación fue en un idioma extranjero. Vino a definir un fenómeno que no era extranjero, sino familiar: postergar, impulsivamente, tareas o acciones. Acumular, por ende, trabajos y cosas pendientes –manojos y montañas de estos– para luego afrontar a) el estrés de todo lo que hay que hacer en tan poco tiempo o b) no hacer las cosas o c) afrontar el hecho, sin estrés, que simplemente no has hecho lo que tenías/querías hacer y hoy solo queda hacer algo al respecto y hacer las paces con tu procrastinación. (“Perdonémonos, amémonos, que todo va a estar bien” dice la voz hippie interna. Y si solo no hacés nada, pues supongo que las consecuencias cobrarán la cara de lo que menos querés.

Y mientras que la filosofía de La Nueva Experiencia ayuda a romper con la procrastinación (dado que su premisa es romper con costumbres, patrones, etc), una manera de romper con la procrastinación es asumiéndola. Dejar de procrastinar empieza con procastinar.

Primero, tómate el tiempo de agarrar el libro que estás leyendo, ubicarte en la página en la que te quedaste, y avanza tu lectura (poco a poco, si eres una lectora lenta como yo).

Y ahora que tu mente cree que está siendo productiva, dale chance que descanse en artículos de interés como una lista de las mejores películas acerca de sexualidad reprimida Deja que tu mente recuerde los cortos de Woody Allen de Everything you always wanted to know about sex but were afraid to ask, ría de nuevo con Monty Python, y se imagine cosas sin importancia como… ¿qué pasaría en el escenario hipotético de una soirée dsitinguidad del lanzamiento de un libro, cuya temática fuera Controversia? ¿Se llamaría Contro Versos? ¿Pondríamos jazz de fondo para amenizar la compañía de gente usando boinas?

No sé.

Luego, olvida las Elecciones 2015 con ayuda directa de House Of Cards, porque por algo vino a coincidir con un fin de semana de ley seca (aunque para mí todos los findes son ley seca, me debería de cambiar de nombre y alias a Party Trigueros (non-alcoholic party) )... Pues, así estás más tranquilo, habiendo salido ya de ese pendiente de reanudar la serie con la nueva temporada, nuevos episodios. Y si eres de los que no ha visto House of Cards nunca, pues todos los días son una nueva oportunidad de emprender dicho viaje a la Casa Blanca y a un sinfín de elementos perturbantes, trastornos, manipulación, etc.

Nota: ya que también es importante alimentarte, ¿por qué no dedicarle el tiempo de comida a House Of Cards? Es malo trabajar con el estómago vacío.

El siguiente paso es poner todo el primer CD de Youth Lagoon, The Year of Hibernation, claramente una excusa para tener la banda sonora adecuada en este viaje hacia la productividad. Ocupa esa excusa para disfrutar de los sonidos y las palabras que de repente despiertan esta nostalgia y sensibilidad, evocando al mismo tiempo roadtrips con Fleet Foxes y The Shins. ¿A qué saben ahora nuestras conversaciones en pausa?

La banda sonora ayuda en la primera etapa de productividad, la parte de aterrizar y empezar a organizarte. ¿Por dónde empiezo? ¿Qué quiero hacer? ¿Qué tengo que hacer?

¿Quiero poner una película? Este paso también es muy válido, y tiene tres caminos posibles: lo masticado y predecible o el drama hollywoodense apto para niños y adultos, o materia gruesa indigerible a altas horas de la noche. ¿Veo de nuevo Going the distance con Drew Barrymore y Justin Long? ¿Qué tal si ponemos Forest Gump, de nuevo? Y así revisamos un poco de la historia política americana que Forest vive (Elvis, los derechos civiles, el escándalo de Watergate etc), en sintonía con las #EleccionesSV y House Of Cards. ¿O veo Persona de Ingmar Bergman?*
*Esta última no funciona porque el rostro del niño sueco inquieta, no relaja.

Hay que administrar bien la procrastinación y definir prioridades, porque si no, en lo que menos sientas, ya es lunes y no querés trabajar, querés procrastinar, postergar, evitar. Los lunes son más productivas en cuanto más hayas procrastinado antes del lunes.



Patricia Trigueros

Cosas como el lunes parte 3

El antítesis del Lunes

Como lo he expresado anteriormente, tengo un pleito con los lunes y esta no es primera vez que me agarro de esto para reflexionar sobre otras cosas que me perturban estilo Girl, Interrupted.  

1. Los huisthes o güishtes, como quieran llamarles. Esos pedacitos de vidrio son una pesadilla. El tema de accidentes y quebrar cosas es muy familiar y siempre encuentro el mismo miedo de meterme un huishte en el proceso de limpiar los vidrios.

2. Una picada en la palma del pie o una espinilla adentro de la nariz, ¿qué es peor?

3. La tiza me parece muy bonita –hermosos menús dibujados hasta con colorcitos sobre pizarras negras me enamoran de restaurantes y cafeterías– y tiene como esta onda old school que también me llega, pero ¡qué nervios los que me da escribir con tiza sobre una pizarra!

4. El concepto de esperar a pasar consulta. Si quedamos que me ibas a atender a las 10:00, y tú estás en tu oficina, ¿porqué son las 10h30 y no me atendés, Doctor? No entiendo.

5. Golpearte el dedo chiquito del pie. Es como un castigo divino. Y, también, el fenómeno de golpearte justo en los nervios atrás del codo, ¿cómo es que ocurre y vuelve a ocurrir semejante tragedia?

6. La mara que no usa la vía o que se mete por los lados en las filas de carros, un mal que no tiene cura en el tráfico de San Salvador.

7. Las películas de Adam Sandler, (exceptuando Punch Drunk Love y Billy Madisson), porque ya mucho usó la misma fórmula de comedia romántica unisex, no varía el personaje, solo se hace más viejo el actor.

8. Me da una pereza (por no decir hueva) increíble poner a cargar mi celular antes de dormir. No, no quiero tomarme la molestia de conectar le cargador a la pared y conectarlo a mi cel.

Son cosas sencillas pero al final todos tenemos nuestras cosas como el lunes.

El desorden de mi mente

post signature

Cosas como los lunes parte 2

But I love coffee
Lo confesé anteriormente en "Confesione: cosas como los lunes": los lunes y yo tenemos una historia. En el 2006 se convirtieron en el día oficial de mi leve-depresión, días reservado para lo que parecía ser maltrip rezagado que se manifestaba en lágrimas, en "What's the point?" e incertidumbre. Además, suelen acumular también presiones laborales, estudiantiles, tráfico automovilístico, errores de ortografía, comentarios idiota, etc. Y, también, siempre parecen agarrarte por sorpresa, por tan fuerte contraste entre el domingo y el lunes. Lunes, te odio.

Y no de una manera light como mi odio-amor por Francia, no. Un odio más puro, comparable a otro montón de cosas que simplemente chocan conmigo y me sacan de onda.

1. El ruido cuando estoy trabajando, escribiendo, leyendo. No es una constante, como lo era en mis recuerdos de la vida de una amiga (Maria del Mar, sos vos), que cuando nos juntábamos a estudiar ella usaba tapones de oído porque el más mínimo sonido, como el de mi respiración o el roce del algodón de mi ropa con la alfombra en la que estábamos tiradas, eso la desconcentraba. El mío es más inconstante, y puedo lidiar con cierto volumen de ruido. Pero, he aprendido lo siguiente: a) no soporto el ruido de matanzas de mis ex-compañeros de trabajo cuando se les enciende el chip de Juguemos Call of Duty, b) la música que escucha mi hermana o en las mañanas o en la radio cuando me subo a su carro o hace 10 minutos que ella insistió en hacer ejercicio con música a todo volumen en lo que yo trataba de hacer un trabajo, c) el ruido de Starbucks. Sí, ese bullicio de cuando vos llevás tu compu para adelantar trabajo y/o pasar un buen rato contigo misma y, de repente, estás en un zoológico con sonidos que, a medida crecen, aumentan tu desconfort. Ajá, yo sé: hay que llevar audífonos y tapones de oídos consigo, siempre. You never know.

2. Estar enferma y sin saber cuál es el diagnóstico, es como el fin del mundo. Hasta que no me digan qué es lo que tengo, me autodiagnostico deficiencia renal, hígado graso, sinusitis, diabetes, etc.

3. Perder el tiempo es algo que solía odiar. Esperar, estar en tráfico, esperar de nuevo, cualquier cosa que venga a meterse entre yo y mis ganas de hacer algo. Ahora, sin embargo, me encuentro a menudo perdiendo el tiempo. Me he vuelto lenta y me quedo haciendo NADA por un buen rato. Ahora, me odio un poco a mí misma por perder el tiempo.

4. Que me queden mal. Mientras otros pueden tomar cosas a la ligera, yo suelo tomar un poco con seriedad este asunto de los compromisos. Esto implica, por ende, mover cosas, hacer esfuerzos por cumplirlos, organizar todo en función de algo o alguien externo. Cuando ese alguien me cambia los planes, me queda mal, me enojó. El resultado puede ser como una puteada transparente o un comentario pasivo agresivo como "No sé, ahí voy a ver". Ay,  esfuerzos fútiles son como los lunes.

5. Que se me meta un huishte, pero el lado bueno es que esta aversión por meterme un huishte me hace más responsable: cuando se me quiebra algo*, hago todo lo posible por dejar todo nítido y sin huishtes para así evitar disgustos. (Aunque los demás cuestionan mi eficiencia)
*porque uno no quiebra las cosas: las cosas se quiebran

6. Las migrañas como esta que me atacó todo el domingo, se puso peor por la noche, me despertó en la madruga y ahorita aún me está jodiendo. Quiero creer que no es grave pero al mismo tiempo creo que debo ir al neurólogo.

Pero hasta aquí llegaré con la lista de cosas como el lunes parte 2. No quiero entrar a hablar de materialismo, capitalismo, neoliberalismo. Y no todos los lunes son malos así que, ahuevo, feliz lunes.
Esto debíamos hacer todos los lunes




post signature

El café y yo

Termo de café, y más café.
Como muchos o pocos sabrán, el café y su consumo vienen de Etiopía, en donde se cultivó por primera vez. Hay una leyenda que lo cuenta y todo. Éste, la planta del café, viajó de África a Arabia y para este momento la gente ya sabía de su efecto energizante, y se expandió por el medio oriente, luego se mudó también a Europa y las políticas expansionistas lo llevaron a nuestras tierras tropicales. 80 países cultivan café para venderlo en mercados internacionales, ya que es la bebida socializadora sin alcohol más consumida. Es adictivo, es legal, es hermoso; y esto no se trata de la historia del café sino de mi historia con el café, contando en confesiones puntuales al estilo de mi texto “El Alcohol y yo”.

1. El café era una substancia que existía allí, que era caliente y que yo no tomaba en mi infancia. A puras penas y me dejaban tomar gaseosa, no me iban a dar cafñe (mi mamá diluía la Coca-Cola con agua de modo a disminuir el nivel de cafeína y que no me impidiera dormir, a los 6 años aproximadamente). Pero, por allí en esa época me llevaron a mí y a mis compañeritos de 1er grado, de parte del colegio, a la finca de Café Britt en Costa Rica. No, no fue una excursión larga distancia: yo vivía en Costa Rica para este momento. El caso es que allí aprendí de cómo sembraban el café, en la sombra de no-sé-qué árbol, y acerca de los granos verdes y los granos rojos, de cuándo están listos para tostar y moler. Es una gran finca-fábrica, y en la parte en la que todo es gris e industrial sentí el aroma a café tostado y me enamoré. No puedo describir cuánto me gustaron esos olores, el antojo a tenerlos en el paladar… Pero sí puedo decir que tal fue el amor a primer olfato que cuando, en un centro comercial tipo Multi Plaza, en el mes de Septiembre en el que todo gira alrededor de la Independencia, me metí a una vitrina que estaba decorada con granos de café. Eran miles. Me metí con el objetivo de olerlo. Cogí un grano, me lo acerqué a la nariz, lo olí. Lo olí mucho: lo aspiré y se me quedó trabado. Fue doloroso. Salí de la vitrina con el grano de café decorativo trabado en el hoyo de mi nariz, afligida, de 6 años. Mi hermana se reía. Fue vergonzoso. Pero, sobreviví y aprendí a nunca oler cosas pequeñas de tan cerca. Qué bueno que no fue una canica. Aunque, ¿porque habría alguien de oler una canica? El café porque huele rico…

2. Cuando yo tomaba café, aunque lo endulzara, nunca encontraba esa sensación de algo rico. Descubrí que era feo y amargo, wacala. Los amigos de mi hermana mayor, estudiantes de sicología, me hicieron partícipe de un juego en el que contestas preguntas como “describí al café en tres palabras”. Yo, de 9 años, respondí que era feo, amargo, líquido. Resulta que cómo describías al café era cómo veías al sexo, y de entrada sabían los estudiantes de sicología que la niña de 9 años iba a contestar cosas raras de ese tipo.

3. A los 13 años o algo así, descubrí el Mokaccino. Era delicioso y lindo, con una estrella dibujada encima de mi espuma, para mí. Lo amé. Cada vez que podía, pasaba comprándome un Mokaccino, como mujer apasionada que sabe lo que quiere. En esas, probé lattes y capuccinos. En esas, descubrí cómo se preparaban, en qué eran distintos los lattes y los cappuccinos, los espressos y los americanos… Definí que el mío era un capuccino de 8 onzas con saborizante de Crema Irlandesa, porque, pues, así se le siente el kick del espresso sin tanta leche como el latte, y sustituía el azúcar por la indulgencia y el aroma a un café con licor. Como todo, esto terminó y me pasé al americano y luego al espresso. Sí, me pedía espressos después de un rato. Un shot de café, saboreado. O dos.

4. En mi casa, mi fuente principal de estimulante hermoso oscuro, hacemos el café con cafetera eléctrica, método de infusión de filtro. Tazas, llenas, de café es lo que siempre hay. A veces, lo tomaba negro. Pero me gustaba mucho el café con leche, y me decía a mí misma que “café con leche” suena más a “desayuno completo” que simplemente una taza de café. Y si lo tomaba con leche, lo endulzaba con azúcar. En la mañana, salía de mi casa a la carrera todavía sosteniendo una taza de café de cerámica, chorreándome de café en el carro a pesar de mis esfuerzos por mantener un equilibrio que lo impidiera, y llegaba a la clase oliendo a café, aún con café en mi taza de cerámica, perfumando a la clase con ese olor que tanto me gusta.
4.1. La última vez que me subí a un carro con una taza de café aún en proceso fue ayer.
4. 2. Siempre me chorreo de café. Temprano aprendí que no hay manera de impedir que algo se me caiga encima y que las manchas de café se quitan de la ropa, salen con la lavada.
4. 3. En la tarde, a veces, con el objetivo de estudiar para un examen, nos juntábamos en mi casa y tomábamos café con leche, endulzado con azúcar y whiskey. Era bien relajante y mis papás no habrían aprobado de semejante señal de alcoholismo prematuro.

5. Desarrollé un gusto por la french press que me compré en Ikea y por la cafetera italiana que me servían mis espressos dobles, en mi tacita especial de cerámica de espresso doble (porque colecciono tazas, porque amo al café)... en el transcurso de los 4 años que viví en el exilio francés. Tomaba mucho café, y si llegabas a visitarme y a platicar te tomabas una taza y yo me tomaba 4, y proseguía con por lo menos dos tazas de té negro con leche y azúcar. Me daba tembladera. Alimentaba mi insomnio. Hoy, creo que mi dosis perfecta es 4 tazas al día: la de la mañana, la de media mañana, la de después de almuerzo, la de media tarde. A veces, se me va la mano y siempre me mancho de café. Ah, y no tomo café después de las 6pm por medio a encontrarme de nuevo con mi exnovio El Imsomnio. Y mis idas a Viva Espresso me han enseñado a abrirle mi corazón a los métodos Chemex y al Aeropress, pero sigo tomando café de filtro sin azúcar.

6. Aprendí a hacer café turco o “Serbian coffee” como le decían mis amigos de Belgrado. También aprendí a decir cosas en Serbocroata, pero eso no tiene que ver con la técnica de infusión del café que tanto amo.

7. Sin café, no funciono. Me pesan los párpados, y se agrava mi apatía. Claro que su exceso me puede llevar a estados erráticos de como hiperactividad y déficit de atención e idealismo crónico, pero la carencia me mata. Es como que se me acabaran las baterías. El primer día sin café todavía aguanto, como si tuviera reserva, pero más de un día sin nada de cafeína y soy inmóvil. Como cuando fui a acampar con desconocidos, con ese nivel de desconfianza que me hacía casi no hablar y, sin acceso a cafés, me dormía, muerta en silencio. 

Gracias, café, por hacerme avivar un lunes 11 de agosto en la mañana y rápidamente hacerme salir del modo de vacaciones agostinas. Sin ti no habría sido posible. 
Café negro, por favor. 

Día del abogado desde mi ignorancia


Hace un par de años en Antigua Guatemala, pasó lo que a veces pasa cuando tomo en exceso: andaba diciendo mentiras. Haciéndome amiga del bartender, contándole mentiras acerca de mis planes de irme a vivir a Antigua Guatemala, conocí a amigos abogados de él. "Ay, yo siempre he querido ser abogada! Sí, siempre. Amo las leyes."

A veces las mentiras parten de alguna verdad, como de exageraciones; pero hay una diferencia entre una exageración y una vil mentira. En este caso, la verdad es que siendo cambiante e inestable, el tema de qué estudiar siempre me tiraba por varios lados. Un test de aptitudes me dijo que estudiara Letras o Leyes. Yo escogí la opción económica y no el bachillerato literario, queriendo ser periodista, porque ¿en dónde más me van a pagar por escribir? Entonces, ajá, en mi primer año de Science de l'Information et de la Communication, insatisfecha, confundida, me despertaba todos los días con ganas de estudiar algo distinto. Recuerdo mi momento de revelación en el que contemplé ser abogada. ("¡Ya sé! Voy a estudiar Derecho. Ajá. Eso..." me dije en mi mente mientras se llenaba mi cabeza de proyecciones en las que yo leía libros de derecho, historia del derecho, ropa de derecho, escribiendo y siendo estudiante de derecho..) Why not? Eso puede ser, dije yo. Al día siguiente caí en cuenta de que no, no, derecho no: socilogía, esa era.

Al final estudié Letras tras las sabias palabras de Mariadelmar. Gracias, amiga, por evitar que estudiara filosofía. No estaba lista para ser filósofa de profesión. Soy (eterna) estudiante y publicista, entre otras cosas. El caso es que hoy es el día del abogado, y esta es la hora que I don't speak lawyer. Sé lo que son las pláticas de estudiantes de derecho y lawyer talk... Sé lo que es estar sentada en una mesa de abogados-amigos y preguntarme si soy la única que no entiende de qué están hablando, y me han contado un montón de cosas acerca de, llamémole, la vida de abogados. He aprendido también de series y de películas. Para felicitar a quienes fueran mis colegas si me hubiera ido con mi revelación de aquel día, quiero hacer referencia a un par cosas de esas que llenan mi tiempo libre y hacen posible a Paty Stuff.

1. Mis recuerdos de mi bisabuelo-abogado José María Méndez se caracterizan por cómo notaba cuando me hablaba y cuando hacía chistes una especie de sensibilidad por las letras y mucha astucia en su expresión. Yo sabía que era abogado y había sido Presidente de la Corte Suprema de Justicia además de catedrático, y habían diplomas enmarcados con sellos creídos decorando su estudio (que buen estudio, ese que tenía) y fui conociendo, a medida fui creciendo, su obra literaria. Claro, cuando me regaló mi copia firmada de Antología Definitiva, esas 700 páginas de recopilación de cuentos e historias, no lo pude absorber. Tenía como 8 años, y en la dedicatoria en la que aparece mi nombre junto al de sus demás bisnietos, aparecen coincidencias entre otros abogados, familia de amigos míos, con quienes mi abuelo tuvo relaciones de amistad y profesión. Ahora, en cambio, puedo decir que les recomiendo El Disparatario, el Diccionario Personal y los Cuentos del Alfabeto. Léanlos y entenderán el admirable uso del lenguaje, transformación del entorno salvadoreño, que se combinó muy bien con su profesión de abogado.

2. Mi abogado favorito es Tom Hagan de la trilogía de El Padrino de Frances Ford Coppola. (No, no he leído a Mario Puzo). Es el hijo adoptivo, no es italiano, pero tiene conexiones y lazos profundos con esta famiglia mafiosa chivísima. Crece a ser un abogado, es ejemplar, y se convierte en consigliere. Yo quiero ser consigliere, ser la mano derecha de Don Vito Corleone, ser quien se levante de una mesa a media cena cuando las cosas están mal y decir que a mi jefe, Don Corleone, le recibir malas noticias enseguida.

3. Hace no mucho comenté sobre mi amor por Sex and The City (o César The City, como diría mi mamá) pero no hice énfasis en mi amor por Miranda. Amo su humor y su cinismo, y las preguntas que se hace acerca de cómo debería de comportarse en sociedad o en pareja. Me identifico, hasta cierto punto, con sus conflictos y sus barreras y su manera de ver las cosas, hasta con sus miedos e ideas absurdas acerca de cambiar la ropa de su cama de manera a que así quizás su cuarto tenga mejor karma y mejore su vida amorosa. Quisiera su vida de abogada que le permite comprar su propio apartamento neoyorkino, responder por ella misma, apretarle la mano a amigos abogados cuando la hacen partner, y seguir siendo buena en lo que hace que es derecho corporativo así vayan cambiando aspectos de su vida.

4. Al Pacino. Keanu Reeves. El abogado del diablo. Sólo eso voy a decir.

5. My Cousin Vinny es de esos dramas noventeros que combinan buen desarrollo de personajes, con un poco de tragedia-suspenso, comic relief y sentimentalismo que por supuesto te va a gustar. Amateurismo, orígenes italiano y conflictos canalizados a través de Joe Pesci.

6. La serie-obsesión se caracteriza por su capacidad de convertirte en un esclavo-amante de Netflix (o, en mi caso, Ch131.com, la página cholera de la que soy incapaz de desprenderme) hasta que no acabés todo capítulo disponible en el espacio virtual. Te pone mal, te consume, te droga, te encanta. Mi última serie-obsesión, después de House of Cards, fue Suits, en la que vemos a Mike Ross aliarse a Harvey Specter en un gran bufete de Nueva York. Lo que me gusta son los personajes, lo adoro: Jessica la jefa es alguien con quien no querrás meterte, la Donna es la mejor secretaria que existe, Mike me acuerda un poco a Good Will Hunting y me gusta ver cómo va aprendiendo y cambiando, y Lois Litt despierta lástima y odio. ¿Cómo hace alguien para escribir y/o interpretar un personaje ajeno a la realidad que despierte sentimientos reales? Y Harvey, pues, es Harvey. Episodio tras episodio, yo no podía evitar pensar: “No entiendo. Papeles, leyes, presionas, contratos, tratos, audiencias, papeles, pruebas, demandas. No hablo este idioma. I don’t speak lawyer. Llevo dos temporadas de no entender qué pasa.”



Confesiones: Cosas como los lunes vol. 2

self-indulgence
Como lo expresaba en la entrada "Confesiones: Cosas como el Lunes", tengo mis reservas sobre los lunes, y no sólo sobre los lunes sino con cositas que no prefiero sobre mis cosas favoritas, cosas que me hacen feliz, lo confieso. Algo que tendría que poner en la lista de cosas favoritas son las nuevas experiencias, probar cosas nuevas. Hey, new experience. Y hoy, lunes 3 de marzo ha sido un lunes particular de nuevas experiencias: el primer lunes del nuevo mes, empecé mi nuevo trabajo, probé cositas irrelevantes fuera de la oficina que no había hecho, retomé un libro que había dejado hace un año o más, y empecé mi primer foto challenge porque ¿por qué no?* Como dice esta entrada de terra.com.mx "El reto 100 Happy Days consiste en tomarte una fotografía diaria de lo que te alegra y publicarla en tu cuenta de Twitter, Facebook o Instagram con el hashtag #100HappyDays"... ¿por qué no documentar esas cositas que nos gustan, nos hacen felices y se nos cruzan en nuestro día a día? Aparte de que puede ser una reflexión sobre una idea de felicidad muy propia, muy hecha a tu medida, pueder ser (para mí, que soy inconsistente e irresponsable) una prueba a ver si logro terminar algo. Como dije en mi primera columna para Xpressate.net, esta es la hora en que mis hobbies han sido pasajeros, me persiguen las listas de libros por terminar y películas por ver, y no solo he abandonado gustos y preferencias sino también proyectos y relaciones. El único otro challenge comparable en el que había participado, de hecho, fue el 30 Day Drawing Challenge en el que mi desempeño fue mediocre, y me rendí (y eso que eran 30 días, no 100).
*una de nuestras expresiones favoritas con Maria del Mar era justificar las acciones con que se hacen "porque ¿por qué no?

Sólo pensar en mis cosas favoritas me hizo permanecer en el buen trip de este lunes, este lunes con cosas que no son como el lunes. Confieso a continuación de esas cosas favoritas de las que hablo, más específicamente:

1. Bueno, a todos nos queda claro que me gusta la filosofía de la nueva experiencia: decirle que sí a las cosas nuevas, no sólo para cambiar de aire y aprender más, sino para salir de mi inconsistencia, haciendo cosas nuevas de manera consistente. Aparte, que al final mis amigas argentinas que conocí en Madrid quizás tenían algo de razón: "Probá todo, que a lo mejor te guste. Y si no te gusta, no va a ser tan malo de todas formas."

2. La comida me hace feliz, aunque la sobredosis de esta como cuando almuerzo dos veces lejos de alegrarme me da malestar y efectos letárgicos, feo. Pero el vale la pena, porque disfruto de un sin fin de sabores y recetas y platillos y cocinar, también. Y me encantan los desayunos, tanto que tengo más de un recuerdo de ir en búsqueda de un desayuno que valga la pena. Me vale v*rga que sean las 2 de la tarde, yo quiero desayunar; ¿adónde hay buenos desayunos? Claro, si estoy en mi casa no lo pienso dos veces, me los hago yo: un mi sándwich de huevos benedictinos con hongos y hashbrown de almuerzo, bacon pancakes de cena, con miel de maple traída de Toronto, para la cena. *happy dance*

3. El café, ¿cómo no va a estar en la lista? Yo tomara más café que agua, si no fuera porque practico el autocontrol que me limita de modo a prevenir crisis en mi organismo. Lo amo. Caliente, lo tomo negro, sin azúcar; frío, lo tomo con leche de soya y dos shots de espresso y con azúcar pero no con líquido dulce-saborizante. Y me gustan sus variantes de tostados, de preparación, de altura, de territorio, todo; aunque, eso sí, me gusta con una acidez mediana. 

deep thoughts by Tupac
4. Me gustan los fines de semana, más cuando incluyen una mezcla perfecta de placeres y buen trip.

5. Las personas que quiero, es de mis elementos favoritos de mi vida. Amigos con quienes comparten una amistad que queda intacta, inmune al pasar de tiempo y a los factores externos como cambios en cuán a menudo se ven/hablan o la distancia; mi familia y sus idiosincrasias, las personas que son a la vez quienes más te pueden hacer reír y quienes más fácil te hacen llorar (de dolor o de cólera, también; porque esas peleas entre hermanas no se dan tan fácilmente en otro ámbito social)... ¿Ven a lo que me refiero? La mara que es parte de tu vida porque así tiene que ser, pues de esas interacciones se llena de algo bueno tu día y no al contrario. 

6. Me gusta el sol y el calor. Osea, eso y una piscina. Me desconecto y me permito el placer de excederme en descanso. Lo mismo puedo decir de ir al gimnasio, ir al salón, masajes, ir a vitrinear... sacarme a mí misma a citas como esas. También me llevo a tomar café y a comer, pero esto no se trata de dating yourself.

7. Me gusta dormir. Dormir bien, eso me gusta. Por mucho tiempo tenía una mezcla entre insomnio (como en esta película Dreams of an Imsomniac (1996), buena) y desorden de sueño, pues cuando dormía lo hacía de manera muy desordenada, desde antes de mis 15 años, #crazy. Ya salió el sol, me voy a dormir. No era algo que yo sufría: al contrario, sobre todo cuando había pasado ya un rato desde la última noche en vela, no dormir me daba un high particular (lo malo es cuando eso se convierte en hipotermia, cansancio rezagado, deshidratación y otros males).  Afortunadamente, alrededor del 2008 descubrí lo hermoso que es dormir, por horas, just enough. Me encanta, y a veces pues, ni modo, sólo no dormí suficiente y mi cuerpo, al final del día, cae jalado por el magnetismo de mi cama. Eso o entro en coma: caigo en una siestas que nada me despierta, ¿verdad, Javier? Así como existen los libros The Joy of Cooking y The Joy of Sex, yo voy a escribir The Joy of Sleeping, ensayos por Patricia Trigueros. 

8. ¿Ya les he contado cómo me gusta el cine? Es una pasión-interés-hobby-aficción desde que tengo memoria. Arruiné mi copia de Dumbo de tanto verla en el 91-92, creo que fue mi primera relación obsesiva con un pedazo de cultura pop. Mi categoría favorita de cine es: "familias disfuncionales", y amo a The Criterion Collection por validar su existencia. Tengo una watchlist de mis Top 10 pelis de familias disfuncionales, pero nunca se ha publicado. Fuera de las familias disfuncionales, me encanta Star Wars, comedias estúpidas y románticas, cine independiente, películas animadas, películas viejas/viejísimas (porque soy un alma vintage), cine de cualquier país (en idioma original, con subtítulos), los musicales, documentales... Soy feliz los días que veo más de dos películas y soy feliz volviendo a ver a mis preferidas. Lo viejo conocido me seduce por lo cómodo. Si fue bueno, va a volver a ser bueno (un poco en contradicción con the new experience, pero en la variedad es donde está el placer)
9. Ojalá pudiera leer igual de rápido que veo películas, porque terminar un libro me hace feliz pero es más lo que se me acumulan los pendientes que lo que leo. Antes quería que mi súper-poder fuera leer mentes, pero ahora quiero tener el súper-poder de ¡leer cuantos libros quiera, súper rápido! Y ser el súper héroe más pasivo que jamás existió, algo que probablemente fuera contrarrestado por mi atuendo ajustado y colorido, sexy, de súper-heroína geek.  

Existen mil más; no dudo que completaré el reto #100happydays. Si lo que te gusta te hace feliz, que de eso se trate tu vida, ¿o no? Lo que más me gusta es escribir, y creo que no lo he perdido de vista, ahí vo